domingo, 29 de marzo de 2020

Relato: El curso

Hace unas semanas me conmovió recibir todavía un mensaje de un fan de las historias de Tristán que me pedía que las continuara. Debería hacerlo, y dejo la puerta abierta con esta especie de "spin off" que no continúa la historia de Tristán pero que sí está ambientada en el mismo lugar y misma situación: una Abadía en la que los frailes educan a jóvenes en la sumisión para que luego sean acogidas en las casas de mentores maduros dominantes. 

Había pensado, como introducción al sexto capítulo, situarlo en un curso de formación organizado por los frailes para jóvenes no internos en la Abadía. La introducción se fue haciendo muy larga y acabó convertida en un relato independiente en el que, no obstante, he mantenido referencias a cosas que pasaron en el capítulo quinto, y hasta ahora último, de Tristán. Espero que os guste:  

EL CURSO 

Como era habitual, y en la Abadía solían hacer chistes sobre ello, el discurso del Padre Isidoro se estaba yendo de tiempo. Horacio no pudo contener una sonrisa, aunque los caballeros y los muchachos que asistían a la primera sesión del curso mantenían por el momento la compostura. No obstante, alguna pierna ya empezaba a cruzarse y descruzarse ansiosa y alguna mano se movía para tapar algún bostezo.

El Abad, de pie detrás de la última fila, dirigió discretamente una señal al ponente para que abreviara. El Padre Isidoro, además de un estupendo gestor del taller donde se fabricaban los instrumentos de disciplina para los chicos, tenía ideas muy claras acerca del propósito del curso, las exponía muy bien y, aunque no todos los caballeros, y desde luego no todos los jóvenes, eran receptivos a los conceptos teóricos sobre dominación y sumisión, varios de ellos siempre agradecían, o bien en el momento o más tarde, a la finalización del curso, que, aunque este fuera eminentemente práctico, se aclararan las ideas acerca de cuál era el objetivo perseguido con la formación y el mejor medio para alcanzarlo.

Existía mucha heterogeneidad en las 15 parejas de hombre maduro y joven, que incluían también un par de tríos, puesto que dos de los caballeros acudían con dos chicos sumisos, que se apuntaban al curso. El caso más frecuente era el de mentores que acudían con los pupilos que acababan de acoger o estaban a punto de hacerlo, pero cada vez era más frecuente que fuera el padre o un familiar del muchacho el que lo entrenara para luego conseguirle un buen mentor. Un chico sumiso, educado para obedecer y complacer, era mucho más fácil de colocar en la casa de un caballero bien situado que le pudiera ofrecer una buena formación, contactos y un porvenir. Algunos señores disfrutaban de encargarse ellos mismos de la educación de un joven, a veces de la doma de un potrillo rebelde, pero la comodidad solía predominar; un muchacho ya educado para dejarse desnudar y acariciar dócilmente o, con un solo gesto, ponerse de rodillas frente a su amo, abrirle la bragueta y satisfacerle, era una propuesta muy tentadora para la mayor parte de hombres influyentes en condiciones de tomar un pupilo bajo su protección y su autoridad.

Por último, había también un par de entrenadores de jóvenes aspirantes a deportistas profesionales que seguían la filosofía de que un vínculo psicológico y emocional muy fuerte de total obediencia por parte del chico entrenado era la mejor forma de hacerle prosperar en su disciplina.

Además, por otra parte, entre los dominadores había diferencias apreciables no solo de edad, que oscilaba entre hombres en torno a la cuarentena con aspecto aun relativamente joven, hasta ancianos, pasando por señores maduros de todos los niveles intermedios, sino de motivación. Muchos tenían claro su deseo de tener un chico a su servicio al que debían servir de modelos de masculinidad, exigiéndoles una obediencia y entrega que iban mucho más allá del simple respeto, y sometiéndoles a castigos estrictos; y no tenían tampoco ninguna duda respecto a que este aprendizaje era provechoso para las dos partes, aunque al joven hubiera que forzarlo porque no lo comprendiera y se considerara ya erróneamente adulto al mismo nivel que los hombres de mayor edad. Pero en no pocos casos la idea de apuntarse al curso había surgido de los chicos, que deseaban experimentar la entrega y sumisión incondicional a un mentor, así como el castigo corporal y la sensación de ser objetos de deseo, y era el hombre de más edad el que se preguntaba si iba a estar a la altura de lo que su pupilo necesitaba.

Por eso el Padre Isidoro tenía claro que, aunque el curso estuviera definido y publicitado como de entrenamiento a los jóvenes en la sumisión, realmente iba dirigido a ambos colectivos, puesto que también había que enseñar a aquellos caballeros a ser buenos dominadores. Ni por un momento se planteó la opción de que los jóvenes asistieran solos a las clases; naturalmente, si el amo o la familia del muchacho lo decidían, tenían la opción de internarlo en la Abadía, donde los frailes lo instruirían debidamente. Pero las clases para chicos externos eran siempre acompañados del tutor a su cargo. En consonancia con esta filosofía, el Padre dirigía su discurso tanto a los caballeros como a los chicos presentes.

Tras una introducción en la que expuso con convicción la realidad biológica de muchas especies animales, en las que los machos de mayor edad dominaban a los más jóvenes, disertó acerca de las muchas culturas en las que los chicos en tránsito a la edad adulta se ponían bajo la tutela de mentores, y explicó la necesidad de protección y de control de los chicos y la importancia de un dominio estricto pero no abusivo, que provocara seguridad y no temor en ellos, las señas del Abad cortaron la parrafada antes de que el ponente empezara a divagar demasiado.

El Abad tomó la palabra para mostrar un ejemplo práctico, el momento que la mayoría de los hombres dominantes asistentes estaban esperando. Invitó a pasar al Padre Julián, el responsable de la sala de castigo, con dos de los internos de la Abadía que, por haber cometido alguna infracción durante su aprendizaje, estaban bajo su control.

La entrada del maduro fraile y de uno de sus ayudantes con los dos jóvenes castigados levantó una gran expectación y muchos comentarios. Los chicos podían andar, pero no emplear sus manos, que parecían atadas a la espalda, ni hablar, puesto que mordazas de cuero tapaban su boca y casi la mitad de su rostro. Naturalmente se encontraban totalmente desnudos salvo por los artilugios que los sometían: la mordaza mencionada, el collar del cuello, las esposas que sujetaban sus muñecas a la cadena, las pinzas de metal que atrapaban sus pezones, y una jaula de castidad que capturaba su pene y sus genitales.

Tras acercarlos a los hombres y a los chicos alumnos del curso para que los pudieran contemplar, los dos frailes dieron media vuelta a los castigados, redoblando los murmullos y los comentarios de aprobación y admiración. Las manos estaban completamente inmovilizadas a la mitad de la espalda por una cadena que, por arriba, unía las esposas de las muñecas al collar del cuello, mientras que, por abajo, las ataba a un ingenioso gancho introducido en el ano del joven. Además, tanto la parte superior de la espalda como las nalgas evidenciaban con diferentes tonalidades de rojo el haber sido azotadas recientemente.

El Abad animó a los señores presentes; con constancia podrían conseguir un resultado similar en sus chicos en mucho menos tiempo de lo que se podían imaginar. Y a los jóvenes les avisó de que, al menor grado de desobediencia o rebelión durante el curso, se verían aquella misma tarde en la misma situación que esos dos. Que, además, su castigo sería público y muy didáctico para todos los presentes. La advertencia provocó caras serias en los muchachos y muchas sonrisas de complicidad en sus dominadores. Los dos castigados se quedarían de cara a la pared a la vista de todos durante el resto de la clase para servir de ejemplo.

Tras esta presentación, el Abad ordenó a los participantes en el curso que movieran las sillas pasándolas de una disposición en filas a otra circular, para que todos los caballeros y los chicos pudieran verse unos a otros, e incrementar de esa forma su humillación. Los señores debían colocar a sus jóvenes aprendices delante de ellos.

Mientras se formaba el círculo, Horacio, que se mantenía en un discreto segundo plano por si el Abad necesitaba ayuda, mientras al mismo tiempo vigilaba a los dos chicos castigados, había sentido un alivio al comprobar que su pupilo, Tristán, no era uno de estos últimos pese a encontrarse en la sala de castigo del Padre Julián por haber sido rebelde durante una revisión médica. Se temía que le responsabilizarían a él por la escasa disciplina que había mostrado el joven a su cargo, pero ya pensaría en eso más tarde. Por ahora iba a disfrutar del atractivo espectáculo de la introducción de todos aquellos chicos a la sumisión.

Como se imaginó, la primera orden dada por el Abad fue el desnudar a los jóvenes, una tarea que, para incrementar la humillación de los muchachos, era más recomendable que les fuera realizada por el hombre a su cargo en lugar de quitarse la ropa ellos mismos. De manera ordenada, siguiendo las instrucciones del responsable de la Abadía, fueron las camisas y camisetas de los chicos lo primero en acabar en el suelo revelando pechos y torsos de diferentes tamaños y vellos, unos aniñados y otros más anchos.

Horacio pensó que, de encontrarse los caballeros a solas con los jóvenes, probablemente estos se habrían resistido. Pero la presión de grupo y la visión de los dos castigados evitó cualquier atisbo de rebelión. La obediencia fue absoluta y los chicos pusieron manos a la nuca mientras les quitaban los zapatos y calcetines, levantando un pie o el otro según fuera necesario. Vio como el Abad ayudaba a uno de los caballeros que venía con dos sumisos, y que por ello llegaba algo de retraso, y fue a ayudar al otro señor que se encontraba en la misma circunstancia.

- ¿Me permite ayudarle, caballero?
- Muy amable. Si puede encargarse de este granuja se lo agradezco.

Con una sonrisa, Horacio se encargó de traer a su lado y descalzar a uno de los dos jóvenes; eran muy parecidos y los había tomado por gemelos, pero ahora viéndolos tan cerca apreciaba más las diferencias entre ellos, así como el parecido con el adulto, al que tomó por el padre de ambos, aunque este le aclaró más tarde que eran sus sobrinos. Eran hermanos, ni siquiera mellizos, y el que había tomado a su cargo parecía el más pequeño; eran muy jóvenes, el pequeño ni siquiera aparentaba los 18 años, aunque debía tenerlos porque los frailes eran muy escrupulosos con el respeto a la edad mínima para acceder al curso, y todavía mantenía, igual que su hermano mayor, un cuerpo desgarbado y adolescente; se apreciaba que ninguno de los dos habían sido nunca sometidos, ya que apenas eran capaces de mantener una postura constante. Un sonoro azote en el culito, aunque amortiguado por el pantalón del chandal, y una amenaza de más si no se estaba quieto consiguió buenos resultados en el más joven, además de una sonrisa aprobatoria de su tío, que repitió el tratamiento y la amenaza con el mayor. Pronto ambos se encontraron desnudos de cintura para arriba y descalzos, quietos con las manos en la nuca igual que el resto de sus compañeros.

El Abad caminó por el interior del círculo apreciando el buen funcionamiento del grupo; los jóvenes estaban mostrando disciplina y los adultos autoridad y control muy rápido. Ahora llegaba el momento clave.

- Caballeros, encárguense de los pantalones de los chicos. Que se queden solo con los calzoncillos. Muchachos, las manos en la nuca, mirada hacia abajo y calladitos; que no os tengamos que castigar a ninguno.

Las manos de los señores, incluyendo la del Abad, que retomó su puesto para ayudar al otro caballero que tenía dos sumisos a su cargo, se dirigieron a los botones de los vaqueros o a la cintura del chandal o del pantalón de deporte, y pronto empezaron a asomar los calzoncillos de los sumisos. Horacio, que compartía con muchos de los frailes el interés por la ropa interior de los chicos jóvenes, disfrutó de los slip apretados que llevaba el chaval al que estaba desnudando. Era muy corto y dejaba la parte inferior de la nalga al descubierto; observó que iba a juego con el que llevaba su hermano, y una nueva sonrisa de complicidad del señor al que ayudaba le indicó que este se encargaba de comprar los calzoncillos de sus sobrinos. El caballero tiró un poco hacia arriba de la cintura del slip para que este dibujara todavía más la curva del trasero del muchacho y dejara una porción todavía mayor de las bonitas nalgas al descubierto.

Horacio miró a su alrededor; los boxers apretados predominaban, insinuando su redondo contenido, pero no faltaban amos pícaros que obligaban a sus pupilos a usar suspensorios o incluso a no llevar nada bajo el pantalón, por lo que varios culitos desnudos eran visibles ya, para su satisfacción y la de los caballeros presentes.

- Buen trabajo, señores. La primera tarea que les encargaria, y que veo que algunos de ustedes ya lo están haciendo, es controlar la ropa de los chicos, especialmente la interior. Debe ser decisión suya si el muchacho debe llevarla o prescindir de ella para encontrarse más fácilmente disponible para su amo, y, en el caso de que quieran que la lleve, de que forma y modelo debe ser. Si son ustedes amantes de los calzoncillos, como lo somos en la Abadía, preferirán que sean una talla más pequeños de lo que correspondería para que se ajusten mucho a las nalgas y dejen al descubierto parte de ellas. Pero, sin duda, lo más interesante de un calzoncillo es bajarlo, y eso es lo que vamos a hacer ahora. Todos los jóvenes de esta habitación deben encontrarse totalmente desnudos.

Los calzoncillos descendieron por las piernas de sus obedientes portadores hasta llegar a los tobillos, descubriendo una interesante galería de traseros de diversos tamaños y hasta colores, puesto que no faltaba un chico negro ni un asiático entre los alumnos.

Tras haber desnudado adecuadamente a los jóvenes a los que ayudaban a someter, el Abad y Horacio supervisaron la correcta disposición del resto de los chicos, ya por fin desnudos y listos para ser entrenados.

- Perfecto. Lo están haciendo muy bien, señores. Y los chicos muy obedientes; así tenéis que seguir. Ahora, caballeros, observen con detenimiento el cuerpo del joven que tienen delante. Si no lo tienen claro ya, deben hacerse a la idea de que ese cuerpo es suyo, les pertenece, y deben actuar como sus dueños. Recórranlo en primer lugar con la vista, conózcanlo bien. Giren al muchacho, pónganlo de lado, denle media vuelta. Memoricen sus lunares, su vello, las irregularidades de su piel. Deben conocer este cuerpo como el suyo propio.

Los señores observaban con detalle los cuerpos de los jóvenes bajo su mando como si los vieran desnudos por primera vez, como de hecho ocurría en más de un caso, por delante, por detrás y de lado.

- Eso es, mírenlo desde todos los ángulos. Y, cuando ustedes lo decidan, empiecen también a tocarlo. Deben conocer perfectamente el cuerpo de su chico con la mano; las zonas más suaves o más rugosas, más lisas o más velludas. Y, naturalmente, para los jóvenes, total docilidad, ni os inmutéis. Vuestro cuerpo tiene dueño y es normal que vuestro amo quiera conocer bien lo que es de su propiedad.

Los muchachos pronto empezaron a sentir las manos, además de los ojos, de los dueños sobre su cuerpo. A veces torpes, a veces delicadas. Al principio tímidas en algunos casos, pero cogiendo rápidamente seguridad y firmeza bajo las instrucciones del Abad, que insistía en los mismos consejos.

- No se den prisa y olvídense de cualquier pudor o prejuicio, caballeros. El cuerpo de su chico es como el suyo propio. Pálpenlo, acaricienlo, conózcanlo; pónganse de pie para recorrerlo mejor. Y los chicos, como estáis, completamente dóciles, sin ofrecer resistencia, dejándoos hacer; muy bien.

 Los caballeros se pusieron cómodos; los que habían venido con chaqueta se la quitaban, las camisas se arremangaban y las manos avanzaban cada vez más decididas sobre el territorio de piel joven por explorar que tenían delante. Los tocamientos se hacían cada vez más intensos y las caricias se convertían en agarradas. También la castidad y el pudor se iban perdiendo y las manos se desplazaban de cuellos, torsos, pechos y espaldas hacia nalgas y muslos.

- Estupendo, señores. Vamos ahora a llevar a cabo un reconocimiento, imagino que para algunos un descubrimiento, de las zonas más íntimas de nuestro sumiso. Sus cuerpos son de nuestra propiedad y no pueden tener ningún secreto para sus amos. Seguid con las manos en la nuca, chicos, y mirando hacia abajo, mostrando respeto. Caballeros, pongan todos a su joven frente a ustedes; eso es. Ahora empiecen a palpar con delicadeza su pene y sus genitales; retiren el prepucio de los no circuncidados y observen con atención el glande. Se trata del primer secreto de su pupilo que debe ser desvelado y conocido. A algunos de los jóvenes les provocará una erección el ser manipulados en estas zonas y a otros no; no es ninguna falta que el joven se excite ante las caricias de su amo. Al contrario, es una buena señal, porque facilitará su sumisión.

En efecto el tamaño de muchos penes empezaba a crecer, varios jóvenes cerraban los ojos y emitían algún tímido suspiro mientras la tensión producida por la erección sobre la piel del prepucio facilitaba su retirada. Pronto los glandes de los 17 chicos estuvieron a la vista para ser conocidos y acariciados por manos a veces lujuriosas, otras curiosas, que aprendían a ser dominantes en unos casos, y que practicaban con la sabiduría de la experiencia la dominación, en otros.

- Perfecto, os estáis portando bien, chicos. Algunos ya vais aprendiendo que la sumisión es un premio en ella misma; a otros os costará un poco más. Ahora vamos con la revelación de vuestro segundo secreto, y para ello tenemos que dar la vuelta a nuestros jóvenes. Eso es, media vuelta. Ahora, caballeros, van a colocar su mano con firmeza en la mitad de la espalda de su chico y van a hacer que se incline. Eso es, deben inclinarse totalmente, hasta tocar con los dedos los pies o, en los chicos menos elásticos, las rodillas. La espalda debe quedar lo más recta posible. Las piernas separadas, para que el ano y el periné queden a la vista. No duden en acariciarlos, caballeros. El ano de sus sumisos, al igual que el glande, debe ser perfectamente conocido por ustedes. Un buen amo distingue y reconoce por el ano a los jóvenes a su cargo entre una multitud de chicos desnudos. De hecho, haremos una pequeña prueba en ese sentido al final de la clase de hoy. Y, si alguno de ustedes quiere ir adelantando contenidos de próximas clases, no duden en penetrar al chico con uno de sus dedos. Con la carpetilla del curso tienen un pequeño sobre con lubricante. Pero, si prefieren limitarse a palparlo desde el exterior, por hoy basta con que sus ojos y sus manos se familiaricen con el cuerpo de su chico.

Los caballeros realizaron, por lo general con gran deleite, el ejercicio sugerido por el Abad. Algunos comentaron la necesidad de afeitar la zona perianal al muchacho de su propiedad para embellecerla. Las reacciones de los jóvenes, al verse colocados en una postura incómoda y humillante y ver su intimidad invadida, oscilaban entre la excitación de algunos y el nerviosismo de otros.

Consciente de que para algunos chicos, y también algunos adultos, se trataba de su primera experiencia de dominación, el Abad permitió incorporarse rápidamente a los chicos que lo necesitaran y pidió a los caballeros que se dieran la vuelta y se taparan los ojos durante un par de minutos mientras, con la ayuda de Horacio y del Padre Isidoro, movían las sillas hasta colocarlas por parejas, una silla frente a otra unidas por sus respaldos, formando un pequeño círculo de sillas en el centro de la sala.

Mientras los señores eran instados a permanecer con los ojos cerrados, para que no vieran como los jóvenes eran colocados en orden aleatorio inclinados sobre las sillas, a estos últimos se les hacía arrodillar sobre una de ellas mientras apoyaban las manos en la de enfrente, quedando desnudos a cuatro patas en el centro de la sala. A continuación los frailes taparon con unas telas la mitad delantera del cuerpo de los chicos.

Cuando se permitió a los caballeros girarse de nuevo y abrir los ojos para el último ejercicio del día, apareció ante ellos un apetitoso círculo de jóvenes culito inclinados  colocados en pompa sumisos y generosamente ofrecidos, mostrando el ano, los genitales y la zona perianal. El juego consistía en que los caballeros reconocieran cada uno al culo de su propiedad, no sin antes acariciar unos cuantos para apreciar la diferencia del tacto de cada piel y de cada ano.

Naturalmente la diferente complexión de los chicos y el diferente ancho de las caderas y los muslos hacía el ejercicio fácil, aunque alguno de los amos dudó entre su pupilo y algún otro, y el caballero al que Horacio había ayudado con uno de sus sobrinos confundió a ambos hermanos.

Una vez que cada señor hubo identificado al muchacho de su propiedad, el Abad les dio las gracias por su interés y su colaboración, y les recordó el contenido de las clases siguientes. La próxima semana se les enseñaría a azotar debidamente las nalgas de sus chicos, la siguiente a atarlos e inmovilizarlos, la otra a penetrar y dilatar sus anos, y la última sesión estaría dedicada al afeitado de zonas íntimas de los sumisos y al uso de jaulas de castidad.

Tampoco faltaría la tarea para hacer en casa durante la semana; los ejercicios de desnudar, acariciar y recorrer todo el cuerpo de los jóvenes a los que debían dominar y proteger, incluyendo la inspección de glande y ano, se debían llevar a cabo como mínimo una vez al día, y todavía mejor si se hacían en presencia de otros caballeros o de otros muchachos sumisos. Y, ya dando la clase por concluida, la Abadía invitaba a los hombres a una copita de confraternización en la cantina, mientras los chicos se quedaban castigados en la sala, desnudos cara a la pared con las manos en la nuca, bajo la atenta protección de Horacio y del Padre Isidoro.

Con la excepción de un par de señores que tenían prisa, los caballeros se dirigieron gustosos a probar el licor casero que fabricaban en la Abadía, así como a comentar lo mucho que les había gustado la clase y a felicitarse mutuamente por la belleza y por la sumisión de sus chicos. Tal y como era la intención del Abad, de esas conversaciones surgieron intercambios de teléfonos y la creación de varios grupos para organizar quedadas de dominación colectiva.

Mientras Horacio mantenía el orden en la sala y curaba la impaciencia de algunos de los muchachos más traviesos y despiertos con algún que otro azote esporádico en las nalgas, como castigo por intentar mirar a los lados o tantear el terreno a ver si podían bajar los brazos de la nuca, pensaba en la carta de Adrián que todavía no había podido leer y en el castigo que Tristán estaría recibiendo en ese momento. Y, tal vez, en el que le esperaba a él mismo.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Entrevista con un puppy

El puppy play, los perritos humanos, se ha convertido en pocos años en una de las ramas más visibles del fetish y probablemente la más popular entre la gente joven. Como es algo tan nuevo se podría decir que se encuentra aun en construcción y es complicado definirlo.

A la hora de abordarlo, he querido dar la palabra a los pups para que expliquen su fetiche. Uno de ellos, que ha preferido mantener su nombre anónimo, ha tenido la amabilidad de contestar a mis preguntas y os ofrezco a continuación sus impresiones, que espero os resulten útiles, tanto a los pups como a los handlers (cuidador o amo del pup) como a quienes tengáis curiosidad por los chicos con máscara de perro.



Aclaro que el headspace es un estado mental, una especie de trance, en el que un fetichista llega a olvidarse de su auténtico yo y se pone en situación de su personaje, en este caso se olvida de su condición humana y se siente perrito.

- ¿Disfrutas más de ser puppy en privado con un handler o en jauría con otros puppies?

Nunca he estado en una jauría pero tampoco me cierro a nuevas experiencias.

-  Cuando juegas con otros puppies o con un handler, ¿llegas a entrar en headspace? ¿Es fácil para ti?

La verdad que no sabría exactamente como definir el término headspace, yo lo considero una especie de actitud y no me es difícil adoptarla.

- ¿Qué relación hay para ti entre el puppy play y el BDSM, el cuero y otros fetiches? ¿La relación handler puppy, o puppy alfa/puppy omega (dominante y sumiso dentro de un grupo de pups) es una relación BDSM?

Opino que depende para quién. En mi caso es más bien una cuestión de liberación, puede darse en un entorno más social o en uno más sexualizado o de dominación.

-¿Qué componente sexual hay para ti en el puppy play? ¿Es excitante el jugar y el rozarse con otros puppies? ¿El sentirse dominado por los alfas o el handler, o viceversa, dominar a los omegas? ¿Hay otros aspectos excitantes? ¿O para ti es un juego de roles sin componente sexual?

Entiendo ambos extremos en el debate “Social VS Sexual” pero no me posiciono en ninguno. Yo personalmente puedo vivir estas experiencias de un modo u otro en función del entorno y las circunstancias. Y debo decir que mi preferencia es ser dominado por mi handler, aunque no he experimentado en demasía otras opciones. 

- ¿Por qué crees que no existe, o es desconocido, el puppy play en el mundo hetero y solo se ha desarrollado en el mundo LGTBI? ¿Y por qué se ven pocas chicas puppy? ¿Hay pocas o no están visibilizadas? 

Con respecto al mundo hetero no sabría decir, quizás tenga que ver con la visualización de la sexualidad en la comunidad gay o algo similar. Un factor que en definitiva afecta es el hecho de que la mayoría de eventos se realicen en “locales gays”. 
El tema de las mujeres sin embargo diría que es una combinación de ambos factores, yo personalmente conozco a varias mujeres en el mundillo pero si son menos numerosas por un amplio margen. 

- ¿Son importantes las asociaciones de puppies? ¿Te han ayudado? ¿Son la mejor manera de buscar otros puppies o de buscar handler, o hay otras? 

Las asociaciones son útiles a la hora de ponerse en contacto con otros miembros de la comunidad, ayudan a no sentirse solo y a encontrar a otros que pueden estar cerca de uno.

- El material para jugar al puppy play no es barato. ¿Puede ser un problema acceder al puppy play para las personas con pocos recursos, o "el hábito no hace al puppy"?

No considero la equipación algo necesario, para mí personalmente es disfrutable y no sería lo mismo sin esta, sin embargo también conozco miembros de la comunidad que disfrutan de estas experiencias sin equipación. Además últimamente están surgiendo nuevas alternativas más baratas aunque de peor calidad.

- El puppy play es reciente y podría decirse que hay una eclosión de este mundo. ¿Por qué crees que han aparecido tantos puppies tan rápido? ¿Crees que la mayoría son auténticos o que hay postureo? 

Es una comunidad joven y que está en crecimiento; me abstengo de juzgar si una persona va o no de postureo. Cada uno vive la vida a su manera.

- ¿Crees que el movimiento pup va a seguir creciendo? ¿O corre el riesgo de ser una moda y desaparecer a largo plazo?

Sinceramente no sabría decir, solo el tiempo dirá, supongo.

- La iconografía pup se está popularizando, debajo incluyo ejemplo. ¿Lo ves positivo, crees que da más visibilidad? ¿O se está dando una imagen deformada y reforzando ciertos estereotipos atribuidos a todo el fetish (vida nocturna, promiscuidad, drogas, sexo duro, etc.)? 

La comunidad puppy es muy variada y existen puntos de vista muy diferentes sobre que es el puppy play. Para una persona puede estar formada solo y exclusivamente por elementos sexuales, para otros es algo puramente social, e incluso, como es mi caso, puede darse que se combinen características de ambos puntos de vista. Así que dar una imagen “deformada” de algo tan indefinido des difícil, aunque creo que hay aspectos que no se suelen publicitar tanto como otros y se podría dar una visión más completa.



Muchas gracias a este simpático cachorro por compartir sus opiniones con nosotros. Si deseáis saber más sobre puppy play, os recomiendo esta página con mucha información y guías para pups y handlers:
https://puppyplayspain.wixsite.com/puppyplayspain

martes, 12 de noviembre de 2019

Cubby, una película sobre sexualidad fetish




Hay pocas películas centradas en un personaje con sexualidad fetichista que traten el tema con respeto y sin caer en la caricatura. La más bonita que he visto de temática gay la acabo de descubrir hace poco en LesGaiCineMad, el festival de cine LGBTI de Madrid. Se llama Cubby (cachorro) y está protagonizada, escrita y codirigida por un joven cineasta debutante norteamericano, Mark Blane

Por tono y temática me recuerda mucho a Secretary (2002), otra película independiente que es un título de culto entre los fetichistas hetero, y entre los amantes del spanking en particular. Las dos tienen en común el girar en torno a protagonistas inadaptados y con ciertas taras para la interacción social, retratados con mucha ternura. El sexo fetichista no se muestra como nada oscuro sino todo lo contrario, una forma de liberarse cediendo el control a una figura de autoridad que les hace sentirse dominados pero también protegidos, y también una forma de vivir el amor, porque eso es lo que representa el sexo fetish para muchas personas. 

Cubby es una comedia romántica que trata con humor y mucha empatía los esfuerzos de un chico con dificultades sociales y problemas de autoestima para salir adelante profesional, personal y emocionalmente. Es una película preciosa, que le llegará a muchas personas que saben lo que es sentirse diferente y no encajar, o que son capaces de identificarse con esa sensación. Pero para personas con sexualidad fetichista, es un título realmente especial.

Uno de sus aciertos es no centrarse demasiado en una rama del fetish. El protagonista, travieso, juguetón y el sueño de cualquier daddy, sería algo intermedio entre un puppy y un adult baby, sin ser exactamente ninguno de los dos. Aunque casi todos los fetichistas tenemos una preferencia muy marcada por un rol o por una práctica, tanto los amantes del pup play, el juego de rol amo - perrito, o del dad - son, el juego papi - nene, se van a sentir reflejados en la historia. 

No se trata de una película con escenas muy subidas de tono; aunque vemos a nuestro cachorrito desnudo y atado en una escena, o acariciando fascinado diversos látigos en otra. A los que buquen una típica comedia gay de chicos de gimnasio sin camiseta haciendo pornografía blanda puede decepcionarles porque no se trata de morbo, sino de explorar la psicología y las emociones de un amante del fetish. 

El tercer punto clave es la naturalidad con que la pareja amo-cachorro interpreta sus personajes. Mientras que la trilogía de Sombras de Grey está llevada a cabo por personas que es evidente que son totalmente ajenas al mundo del fetish y que no tienen mucha idea de lo que están hablando, el adorable cachorrito de Cubby, Mark Blane, no es ningún guaperas al uso sino que él mismo es el autor de la película. Y su papi/amo en la ficción, Christian Patrick, es amante del cuero y la dominación en la vida real bajo el seudónimo de Master Avery.

Por todo lo que os he contado, Cubby debería convertirse en una obra de culto para el colectivo gay fetichista, y para los que no lo sean puede ser un estupendo acercamiento al mundo del fetish para romper estereotipos.

domingo, 25 de agosto de 2019

Diez tópicos falsos sobre BDSM

Tal vez lo más didáctico para dar a entender que es el BDSM sea explicar que no es y desmentir los tópicos más habituales que tiene la gente sobre esto.

Aclaro, porque saldrá en varios puntos, que con sexo vainilla quiero decir sexo convencional basado en la penetración, es decir, el sexo "normal".

1. Los amantes del BDSM visten de cuero

El fetichismo del cuero y de la goma y el BDSM son dos territorios diferentes, aunque algunas personas, y diría que no tantas como se podría pensar, disfruten de las dos cosas. La poderosa iconografía de Tom de Finlandia está probablemente en el origen de esta asociación, así como que se trata de dos de las ramas principales del fetish o fetichismo, por lo que en encuentros fetichistas, como Folsom Europa, en Berlín, se puede ver mucho cuero y mucha goma, y también bastante BDSM.

Pero hay muchas personas que disfrutan vistiéndose de cuero o de goma y no practican roles de dominante-sumiso, ni spanking, ni bondage, ni nada a lo que podamos llamar BDSM. Y también muchos practicantes de BDSM que no sienten ningún interés por el cuero ni la goma. Así que el tópico del amo con la gorra y la chaqueta de cuero es eso, un tópico.

2. No me interesa el BDSM porque no me gusta el dolor

El sadomasoquismo, el disfrutar sintiendo dolor o causándoselo al otro, es solo una parte del BDSM (por eso se llama así y no SM a secas), muchos amantes del BDSM no nos consideramos sádicos ni masoquistas. En algunas práctica BDSM el dolor tiene su lugar (también en el sexo anal vainilla puede haber dolor, por cierto, y a veces más), pero para muchas personas no es el elemento principal sino la parte psicológica de ritual, humillación y sumisión, por lo que prácticas como el spanking (azotes en el culo) o la flagelación se pueden disfrutar desde niveles de dolor muy diferentes.

Por no hablar de prácticas como el bondage, disfrutar con ataduras, restricciones y ligaduras, que es una de las ramas principales del BDSM y que en principio no implica ningún dolor, aunque algunos de los amantes del bondage también lo mezclen con otras prácticas que sí pueden ser dolorosas.

Además el cariño y la suavidad no son para nada incompatibles con el BDSM, sobre todo en juegos de roles como papi-hijo o handler-puppy, donde el dominante puede ser muy cariñoso con el sumiso.

3. Me interesa el BDSM porque me gusta follar o que me follen duro

Si tu idea del BDSM es un tio rudo, agresivo, preferentemente de polla enorme y cuerpo de gym, que te arranca la ropa y te pone a cuatro patas para follarte duro y que te duela mientras te llama puta y perra y te escupe, pues es muy respetable que tengas esa fantasía y que la lleves a la práctica, pero que sepas que eso tiene cero que ver con el BDSM. Entiendo que es muy confuso, porque, sobre todo en Tuamo, vas a encontrar muchos "amos" de ese estilo, y también vas a ver mucho porno de ese tipo en Internet, pero ese porno suele venir de los estudios mainstream, no de pequeñas compañías especializadas en fetish. Si te pones a ver porno auténticamente fetish (por ejmplo Captured guys o Sting pictures), verás que es bastante diferente y que normalmente ni siquiera hay penetración.

Y si asocias que a alguien le guste vestirse de cuero, atar o dar azotes con que le guste follar duro, eso también es un tópico. Los amantes del fetichismo, así como los del spanking, bondage y demás prácticas BDSM, a veces no quieren penetración en las sesiones, muchas veces no mezclan el sexo vainilla con su fetiche y otras sí, pero les puede gustar suave.

4. Me interesa el BDSM porque soy pasivo "sumiso"y me encantan esos "preliminares"

Es muy parecido al punto anterior, pero la gente está tan confundida con esto que insisto. En primer lugar, la dualidad activo-pasivo es  propia del sexo vainilla, en la que se ha construido toda una mitología y casi una explicación del universo en torno a ser activo y pasivo. El sexo fetichista, incluyendo el BDSM, no está basado en el pene, menos aún en la penetración, menos aún en la penetración anal, y menos aún en los roles activo-pasivo tal como se entienden en el sexo vainilla. Entiendo que considerarte activo o pasivo para ti forme parte de tu identidad más íntima y hayas construido toda tu sexualidad en torno a ello, pero, aunque te parezca increíble, hay otras personas que sentimos la sexualidad de otra manera y que lo de activo o pasivo nos dice más bien poca cosa.

Lo explico más claro: si te consideras  muy pasivo y te gusta dejarte hacer en la cama, probablemente a eso se le pueda llamar ser sumiso, pero no tiene nada que ver con el concepto de ser sumiso en BDSM. Un sumiso en BDSM es alguien a quien le gusta estar atado, y /o  que le den azotes (y no me refiero a un par de cachetitos mientras te follan), y /o inmovilizado en una postura determinada, y / o hacer el papel de alumno, bebé, perrito, etc. Si no te atrae nada de esto, si no entiendes que alguien se pueda sentir igual de excitado con estos juegos que tú cuando ves un pollón, o si te atrae un poco pero solo como juego preliminar para que te follen luego, no eres lo que se entiende en BDSM por un sumiso, y lo que debes buscar no es un amo, sino a un vainilla activo al que proponerle introducir tal o cual preliminar antes de que te folle.

Además, por cierto, existen amos que son pasivos en cuanto a sexo anal, aunque es cierto que no es lo más habitual.

5. El BDSM está de moda, he visto muchos carteles que anuncian fiestas BDSM

En Barcelona no estoy seguro, y si alguien tiene noticias al respecto le agradezco que me lo cuente, pero en Madrid no existe ningún local BDSM ni fetichista. Las "fiestas fetish" que se organizan son fiestas de sexo, orgías o como lo quieras llamar. En otros países tienen clara la diferencia entre un fetish bar y un sex bar, pero en España hay mucha confusión entre un término y otro. Los supuestos fetish bars de Madrid son todos sex bars. Con ello no critico a los bares, que muchas veces intentan organizar encuentros fetichistas, pero el público no responde y acaban limitándose a sexo vainilla.

Otra cosa es que, para llamar la atención, se utilice iconografía falsamente fetichista para los anuncios de las fiestas de los locales. Digo falsamente porque suelen aparecer tíos con el torso desnudo y con un arnés de cuero mini para que no tape ningún músculo, cuando a un fetichista del cuero lo que le gusta es llevar una camisa o un chaleco y sentir bien el material sobre su piel.

En cualquier caso, un local en el que van tios sin camiseta a hacer orgías, por mucho que en ellas se puedan escuchar azotes, no tiene nada que ver con el fetichismo ni con el BDSM, que, lejos de estar de moda, siguen siendo grandes desconocidos.

He aquí un ejemplo de fiesta pseudofetish con iconografía pseudofetish:


6. Me interesa el BDSM pero no tengo dinero para comprar juguetes

Los juguetes dan mucha gracia a una sesión, pero no son ni mucho menos imprescindibles y es cierto que son muy caros. Igual que un buen cantante puede defenderse a capela, un buen amo puede dominar simplemente usando su cuerpo, su voz y algún elemento casero. La mano es el mejor instrumento para dar azotes, se pueden atar las muñecas con un cinturón o con cuerda de tender la ropa, ... Lo importante es la imaginación porque, cuando sabes lo que te gusta, siempre encuentras la manera de hacerlo aunque no tengas dinero.

Y también hay que tener en cuenta lo contrario, que el hábito no hace al monje. He conocido chicos con un gran repertorio de material, con máscara de pup, etc. y que luego no tenían una idea clara de qué querían hacer con ello; por alguna razón que no acabo de entender quieren comprar su condición de (falsos) fetichistas. Pero ser fetichista no es cuestión de dinero ni de consumismo: ni el mejor material es el más caro ni se es mejor amo ni sumiso por tener más o menos material.

7. No puedo practicar BDSM porque me van a ver las marcas

Lo más habitual es que una sesión BDSM no deje ninguna marca en la piel pasados algunos minutos o algunas horas. Ten en cuenta que  cada piel es un mundo y que fotos que puedes ver en Internet que te pueden parecer tremendas porque parece que le han destrozado el culo a alguien pueden engañar, a lo mejor pasadas unas horas no les quedaba la menor marca. O sí; hasta que no juegues no vas a conocer la resistencia de tu piel y donde tienes que poner tus límites. Por eso hay que ir poco a poco; no porque se vayan a ensanchar tus límites, porque quien tiene la piel fina la tiene fina y eso no cambia, sino porque los vas a ir conociendo mejor.

En cualquier caso, atar con cuidado no deja marcas y azotar con cuidado tampoco. Es mentira que azotar con determinados instrumentos, como un cinturón o una vara, deje marcas. Ningún instrumento usado con cuidado deja marcas; otra cosa es que algunos instrumentos requieran más pericia o más experiencia que otros para usarlos con cuidado o que, efectivamente, puedan ser más peligrosos.

Eso sí, cuidado con venirse arriba antes de la sesión, calentando al amo con que quieres recibir la paliza de tu vida, etc. porque, si quieres una experiencia muy intensa, sí te puede salir algún morado y notarse durante algunos días.

8. En BDSM el dominante hace lo que quiere con el sumiso

Me contactan a veces chicos que se interesan por el BDSM pero no tienen muy claro qué es lo que quieren hacer, y sobre todo que consideran que, como van a ser los sumisos, no tienen nada que aportar sino que yo soy el que decido y puedo hacer lo que quiera con ellos. Normalmente no es algo tan extremo, sino que sí me informan de ciertos límites o cosas que no quieren hacer, pero por lo demás consideran que su rol es dejarse hacer y "aguantar" lo que a mí me apetezca.

Esto tal vez sea así en un rol amo-esclavo y en una relación de BDSM extremo, pero no es ni mucho menos lo habitual. Un juego de dominación-sumisión es bidireccional y se construye a partir de los deseos y fantasías de ambas partes. El sumiso debe aportar sugerencias e implicarse antes de la sesión diciendo que le gusta o que fantasías tiene; incluso durante la sesión, aunque su rol sea el de dejarse hacer, su interacción es importante: a través de gemidos, movimientos, lenguaje no verbal, etc. puede dar muchas pistas de si el juego está yendo en la dirección adecuada. La actitud proactiva del sumiso evita además el dar con amos abusivos, que puede haberlos.


9. Ser sumiso es que te gusten las hostias

"Dar hostias" no tiene NADA que ver con el BDSM, y si algún supuesto amo usa términos como ese puede ser una buena pista de que no tiene ni idea del tema y que por lo tanto puede ser peligroso quedar con él. Cuando un amo golpea a un sumiso (e insisto en que hay variantes del BDSM en las que no se golpea de ninguna manera) lo hace de una forma muy ritualizada y consensuada de antemano; lo más habitual es pegar solo en el culo (por cierto, spanking es pegar en el culo exclusivamente, si alguien llama spanking a golpes en otra parte del cuerpo es otro indicio de que no tiene ni idea).

Se puede azotar en la espalda, muslos u otras zonas con látigos o fustas, pero es importante que el dominante sepa lo que hace y se hable primero; salvo que sea alguien con quien hayas hablado mucho o que te dé mucha confianza, igual en la primera sesión es mejor limitarse a las nalgas. Y las bofetadas en la cara son especialmente humillantes; el dominante debería preguntar antes de la sesión al sumiso si le gusta y / o empezar con cachetitos muy flojos y estudiar su reacción para valorar si debe continuar o no.

10. Si te introduces en el BDSM acabas haciendo cosas muy fuertes

Entiendo que, quien no haya participado nunca en una sesión BDSM, se pueda asustar viendo determinadas fotos en Internet, pero diría que la mayoría de personas que lo practican no llegan a esos extremos. Conozco gente que lleva practicando un determinado fetiche durante muchos años de una forma que prodríamos llamar light, para nada extrema, y sigue ahí sin ningún deseo de pasar a otros temas más fuertes. Sí suele ocurrir, y de hecho debería ser así, que se empiece por algo suavecillo y uno vaya experimentando hasta alcanzar su nivel, rompiendo tabúes y atreviéndose a hacer cosas más fuertes, pero va a ser, insisto, hasta que se encuentre el nivel en el que uno se encuentra cómodo. No todo el mundo acaba llegando a niveles extremos, y si llega, no sea porque el BDSM conduce a ello sino más bien como consecuencia, y no causa, de algún problema personal o psicológico externo al BDSM.

lunes, 19 de agosto de 2019

El armario BDSM

Si estás leyendo esto probablemente es porque sientes curiosidad o tienes fantasías relacionadas con el BDSM. Si es así, no estás solo, y de hecho esas fantasías son mucho más frecuentes de lo que crees. La analogía con el mundo LGBT es total; gente que se pasa muchos años en el armario y cree que es el único gay o la única lesbiana de su familia, pueblo o trabajo, y al salir de él descubre que son legión. Al igual que basta con abrir una aplicación de contactos gay para saber que el número de casados con mujeres que buscan chicos y de falsos heteros multiplica por cien la previsión más optimista, con el mundo BDSM ocurre tres cuartos de lo mismo: abres un perfil en cualquier web o aplicación gay, incluso de las generalistas no orientadas al fetichismo, utilizando palabras como dominante, amo, etc. y te llueven los mensajes de gente en cuyo perfil no indica que les guste la sumisión, o incluso que, en aplicaciones que facilitan la cosa incluyendo una opción de indicar si te atrae el BDSM, marcan NO en esa casilla. 

Soy consciente de que a la mayoría de la gente no le gusta que les peguen en el culo ni les aten. Pero eso no significa que no haya una cantidad enorme de gente a quienes sí les gusta, mucha más de la que nadie que no se haya acercado a este mundillo se puede imaginar. Es decir, hay un número enorme de amantes del BDSM en el armario.

Consecuencias del armario

No oculto que buscar parejas de juego a veces tiene momentos muy ingratos: gente que, tras mostrar muchísimo interés, de repente desaparece y borra el perfil, te bloquea, te enreda con charla y preguntas para luego no quedar nunca .... Sí, sé que eso también ocurre buscando sexo convencional y que Grindr está lleno de gente que solo busca hacer perder el tiempo, pero en el mundo BDSM es como diez veces peor. Y ya, en los casos más extremos, gente que cuando por fin se anima a quedar interrumpe la sesión por la mitad y quiere irse a su casa a toda prisa, o que al finalizar la sesión actúa de una forma muy fría como si no la hubiera disfrutado, o incluso como si les hubieras obligado a hacer algo que no querían, como víctimas de un abuso. Y eso sí que es mucho más raro que te ocurra en el sexo vainilla.

Hay experiencias que pueden ser toda una prueba para la autoestima. Con el tiempo ves que el problema no está en ti (bueno, salvo que realmente seas un amo abusivo, que los hay) porque estos que luego te dicen que no han disfrutado tenían una  erección gigantesca desde el minuto uno en el que empezó el juego, y porque, después de haberte bloqueado o negado la palabra durante meses, un día vuelven a hablarte porque quieren repetir. Así que aprendes a relativizar y a mantener la moral cuando un armarizado te monta su numerito; pero en ningún caso es agradable. Por supuesto hay otras muchas personas a las que realmente no les atrae de verdad el BDSM, solo quieren probar y la sesión no es gran cosa, pero en esos casos no hay ningún mal rollo. Me refiero a cuando sí lo hay por un sentimiento de culpa o de autorrechazo que la persona no es capaz de canalizar, que es a lo que llamamos armario.

Tampoco quiero parecer cruel con los armarizados (no pocas veces doblemente armarizados, como gays y como amantes del BDSM), porque soy consciente de que, aunque a veces te lo puedan hacer pasar mal a ti, ellos lo pasan mucho peor negando o viviendo con culpa una dimensión de su sexualidad y que las malas maneras que puedan tener contigo son un espejo de la rabia que sienten consigo mismos. Y que tampoco es solo culpa de ellos no abrir ese armario; entiendo que muchas personas con fantasías de sumisión tengan miedo de convertirse en la caricatura del masoca del que habrán oído muchas veces burlarse a sus amigos.

Y, por supuesto, estas experiencias negativas con personas que armarizan sus deseos BDSM afortunadamente no son la mayoría; pero no está de más avisar a quien se esté introduciendo en esto para que no os desaniméis si os ocurre.

¿Cómo se puede combatir el armario BDSM?

¿Qué solución tiene esto? Pues en primer lugar ser conscientes de que el matrimonio gay y la aceptación de gays y lesbianas es el principio, y no el final, del camino, y que todavía queda mucho más por hacer, como nos están recordando ahora las personas transexuales y las no binarias o de género fluido.

Y con visibilidad; a través del porno se está consiguiendo bastante, pero el porno no es la mejor fuente de información sobre sexualidad y lo que se puede ver de BDSM en el porno suele estar bastante deformado o ser confuso. Sería más apropiado organizar talleres y fiestas, para formar comunidad. Hacer más blogs, más perfiles en redes sociales ... Animaos, chicos.

sábado, 22 de junio de 2019

En defensa del porno

Periódicamente, a raíz del caso de La Manada y similares, se leen en la prensa artículos que vinculan pornografía con violencia. Quienes lo hacen se refieren a violencia contra la mujer e ignoran que un porcentaje importante de la pornografía es gay, lo que desde luego tiene su gracia y es digno de comentario, pero como practicante de BDSM, autor de un blog que defiende el fetichismo y el BDSM en particular, consumidor de pornografía BDSM, mayoritariamente gay pero a veces también hetero, me siento afectado por este tema y me apetece dar mi visión del mismo, sobre todo cuando representantes públicos, personas que están en el Congreso, piden una "regulación" de la pornografía que me parece muy preocupante: https://www.diariodeleon.es/noticias/leon/diputada-socialista-andrea-fernandez-reivindica-regulacion-pornografia-acabar-manadas-trabajara-prohibir-prostitucion_1340044.html

Francamente, no veo qué tipo de "regulación" pretende esta chica que no sea censura o prohibición, así que sus palabras me suenan a una vuelta a tiempos bastante tristes.

La cultura de la violación es un problema real

Estoy totalmente de acuerdo en el problema que exponen estos detractores (detractoras en su mayoría) de la pornografía, pero difiero totalmente en la solución. Precisamente que haya gente joven, aunque solo joven en el DNI porque la mentalidad no puede ser más antigua, que piense como esta congresista es muy representativo del retroceso que está habiendo en cuanto a la cultura sexual; pero no quiero caer en el tópico rancio y cansino de una generación que raja de las que vienen detrás. La juventud no ha inventado la forma en la que se concibe hoy la sexualidad, solo refleja lo que las generaciones anteriores les hemos enseñado. Si ellos están perdidos es o bien porque nosotros también lo estamos, o bien porque no sabemos transmitir lo que hemos aprendido. El caso es que es cierto que el concepto más extendido de la sexualidad sigue siendo machista, probablemente más machista que nunca, y en mi opinión muy pobre y poco satisfactorio: sexo basada en el culto al pene, a la penetración y a la dominación del macho, aunque paradójicamente al mismo tiempo se mira mal y se caricaturiza el BDSM, o se lo identifica falsamente con ese tipo de sexualidad, aunque ya expliqué en otros posts que tiene más bien poco que ver.

Hablando del mundo gay masculino, que es lo que más conozco, el modelo de sexualidad dominante, que todos podemos ver haciéndonos un perfil en cualquier aplicación, está basado en la dualidad activo-pasivo, la búsqueda de pollones y la obsesión por la longitud del pene. Lo absurdo de esa obsesión lo demuestra que no existe o apenas existe lo contrario, activos que vayan buscando un determinado tipo de culo en el pasivo. De hecho, aunque sí hay un cierto criterio de lo que es un buen o mal culo, no existe un canon del culo perfecto: hay amantes de los culos grandes y pequeños, más o menos redondos, más o menos prominentes .... Sin embargo solo existe un canon de pene bonito: muy largo y gordo (no digo que todos los amantes de los penes caigan en ese estereotipo, pero sí que es muy frecuente). También el concepto de cuerpo deseable se va estrechando cada vez más: ya no existen diferentes modelos de cuerpos bonitos, los cuerpos delgados o redondos se van quedando fuera de la norma y solo existe una opción: los biceps y pectorales inflados hasta lo ridículo y la tableta de chocolate, sin importar que las piernas sean enclenques y que el cuerpo en su conjunto sea desproporcionado y casi diría que un tanto monstruoso.

Y la fantasía sexual dominante es la de convertirse en uno de esos machotes de pene enorme y músculos ciclados, o más bien, el de ser sometido, degradado, violado y "reventado" por ellos, así que no me parece exagerado llamar a este concepto de la sexualidad cultura de la violación como hacen las detractoras del porno. Es decir, es el mismo concepto del sexo heterosexual más rancio (iba a decir trasnochado, pero por desgracia no es así, es la más rabiosa actualidad), asumiendo el activo el papel del hombre y el pasivo el de la mujer.

También es verdad, como afirman las detractoras del porno, que además, mucha gente, y no solo los jóvenes, parece tener cada vez más problemas en distinguir entre fantasía y realidad, entre porno y sexualidad real, y pretende que sus cuerpos o los cuerpos de sus parejas sexuales sean como los de las películas porno y que sus encuentros sexuales sean también así, con erecciones instantáneas, continuas y eternas y eyaculaciones explosivas. Su frustración y la de las personas con las que se relacionan, que también se pasan la vida buscando una y otra vez en vano el polvazo mágico que ven en las películas, está más que garantizada.

Pero, ¿es culpa de la pornografía?

Así que sí estoy de acuerdo en que existe esa cultura del machismo y de la violación, pero no en echarle la culpa a la pornografía. En primer lugar porque quien lo hace está buscando un chivo expiatorio fácil y cae en un error que ya se ha cometido en el pasado y que debería estar superado; pero igual que muchas personas muy jóvenes tienen un concepto rancio y antiguo de la sexualidad, aplican también el modelo rancio de la prohibición y la represión a la hora de enfrentarse a los problemas.

En primer lugar, la pornografía es machista porque la sociedad es machista, y no al revés. Las productoras de porno no son conspiradores que buscan un mundo más machista, solo responden a necesidades de mercado: si lo que más demanda tiene son vídeos de supermachos pollones arrogantes abusando de mujeres o de hombres pasivos tratados como objetos, pues eso es lo que más ofrecen. Si otro tipo de contenidos menos machistas tuvieran la misma aceptación, dudo mucho que fueran a renunciar a  ganar dinero ofreciéndolos.

Por otra parte, si la pornografía está haciendo un papel, que no le corresponde en absoluto, de educar en la sexualidad, eso será porque los preadolescentes y adolescentes, que tienen una curiosidad totalmente natural por el sexo, al parecer no disponen de fuentes de información distintas del porno. Que su concepto de la sexualidad venga del porno es un problema muy grave, pero la solución no es quitarles la única fuente de información que tienen sino darles mejores alternativas. Cuando dispongan de otras fuentes más adecuadas y ricas, ellos mismos tendrán menos interés por la pornografía y la pondrán en el lugar que le corresponde; la prioridad no es quitarles la pornografía, sino darles otras opciones. Es muy cómodo apuntar a un blanco fácil como el porno en lugar de a madres, padres, familias, un sistema educativo, unos medios de comunicación y una Administración que no están haciendo bien su trabajo. Pero la cobardía ha sido siempre un ingrediente fundamental del puritanismo.

Y si hablamos de adultos, tampoco la pornografía es la culpable de que vivamos en una sociedad individualista y narcisista en la que las personas cada vez socializan y hablan menos, tienen cada vez menos capacidad de sentir y dar afecto, y prefieren aislarse en sus móviles y tabletas y buscar en las aplicaciones sexo, un sexo además deshumanizado y de fantasías irrealizables y frustrantes. La pornografía no es un poder fáctico de la sociedad como ingenuamente creen sus detractores, es solo un negocio que refleja nuestras fantasías; si no nos gusta lo que vemos cuando nos miramos en el espejo, la solución no es romper el espejo ni taparlo, lo que pasa es que eso es mucho más fácil que intentar cambiarnos a nosotros mismos.

Si tienen alguna duda al respecto, las feministas antiporno solamente tienen que fijarse en quienes son sus únicos aliados en esa causa: la extrema derecha y el integrismo religioso. Pensar que vamos a conseguir una sexualidad y una sociedad más humana, menos machista y más satisfactoria prohibiendo la pornografía es como pensar que vamos a acabar con el cambio climático prohibiendo los termómetros que nos dicen que la temperatura está subiendo.

No toda la pornografía es mainstream

Los detractores del porno desconocen el género que tanto odian; solo conocen el porno mainstream, un negocio muy lucrativo, pero existe también porno alternativo y minoritario. Si uno echa un vistazo al porno amateur o semiamateur de Clips4sale, se va a encontrar cuerpos no normativos y todo tipo de fetichismos, un mundo donde las personas de cierta edad o con kilos de más pueden ser también deseables, donde el culto a la dominación de los penes enormes ya no es tan frecuente y donde no existe realmente ánimo de lucro, sino solamente llegar a cubrir los costes de los vídeos.

Quiero romper una lanza por las pequeñas productoras que cuando era adolescente me ayudaron  a saber que yo no era la única persona en el mundo con fantasías BDSM, que me enseñaron de hecho que aquello se llamaba BDSM, y que me ofrecieron no solo ratos de placer sino saber que, por pequeña y escondida que estuviera, existía por ahí una comunidad de personas con aficiones parecidas a las mías a los que cuando fuera adulto podría intentar contactar. No digo que el porno sea una ONG, pero sí que existe un porno minoritario cuyo objetivo no es el lucro, porque el volumen de negocio apenas cubre gastos y paga a los modelos de los vídeos, y que ayuda a hacer realidad fantasías y modelos alternativos de sexualidad, a compartirlos y a crear comunidad. Y no me cabe duda de que sería ese porno alternativo es que más sufriera con la "regulación", mientras que el mainstream se las arreglaría para burlar la normativa y mantener el negocio.