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sábado, 2 de abril de 2022

El BDSM en la sexología mainstream: crítica de un vídeo de Gabriel J. Martín

El otro día un amigo me facilitó el enlace de este vídeo del youtuber Gabriel J. Martín, un sexólogo especializado en hombres gays, cuyo canal diría que es uno de los más populares dentro del mundo LGTBI. El vídeo trata sobre BDSM.

Os invito a verlo en primer lugar y a leer mi comentario a continuación; me parece muy interesante, porque se trata de un nombre bastante popular en la cultura LGTBI, totalmente alineado con el pensamiento dominante hoy en día en buena parte de los medios, y sirve como buen termómetro de cómo se está tratando la cuestión del BDSM y del sexo fetichista en los medios de comunicación mainstream, con sus luces y sus sombras, como vamos a ver.

 
Aciertos claros del vídeo
 
En primer lugar, es de agradecer que el señor Martín aporte una mirada sobre el BDSM muy despatologizadora y que considere absurdo que todavía haya quien piense que las personas que practicamos BDSM tenemos un trastorno mental, un trauma infantil, que nos pegaban de pequeños y todas las tonterías que la sexología mainstream decía hasta hace unos 20 o 25 años.

Por otra parte, hace énfasis en que se trata de prácticas consensuadas y disfrutadas por ambos participantes, aunque puedan resultar chocantes o asustar desde fuera. Y además aborda el tema con desenfado y con mucho humor (más que yo, probablemente, pero es que cada uno es como es), y todo lo que sea desdramatizar es siempre positivo.

Aciertos pero con matices. Sí, pero

Martín saca a colación varios estudios recientes que dan una visión positiva del BDSM y de cómo puede calmar la ansiedad y aportar bienestar psicológico; eso es cierto y está bien mencionarlo. Pero al mismo tiempo obvia el hecho de que los investigadores que aportan estos puntos de vista son más bien "outsiders" que se encuentran un tanto en los márgenes de la cultura científica dominante representada por la OMS o la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría, donde siguen hablando de los trastornos de sadismo sexual y de masoquismo sexual
 
El BDSM se encuentra todavía en un proceso de despatologización por parte de la ciencia oficial, es decir, de dejar de ser visto como una enfermedad; ese proceso va avanzando y hay razones para el optimismo, pero aun no ha concluido, como analizaba en otro post.  Lo que ocurre es que alguien que aspira a tener un gran número de seguidores y a integrarse en el mainstream, como este youtuber, no puede permitirse hacer críticas a las instituciones científicas en una sociedad en la que hemos convertido a la ciencia en una religión cada vez más intolerante.
 
Por otra parte, Martín parece estar blanqueando en cierta medida el BDSM para hacerlo más digerible para el gran público, y limando aristas incómodas. Cuando dice que a un sumiso no le excita que un borracho le orine encima por accidente, o que su jefe le dé dos bofetadas en la oficina, esto es cierto, claro, pero no deja de suponer reducir a una caricatura algo que en realidad tiene más matices: escenas de la vida cotidiana, como puede ser contemplar una actitud autoritaria o sumisa, tanto si va en broma como si va en serio, en alguien que nos cruzamos por la calle, en un local público, o que vemos en una obra de ficción, pueden ser desencadenantes del deseo para un amante del BDSM, sobre todo si quienes tienen estas actitudes son personas que encontramos físicamente atractivas. Los fetichistas sexualizamos comportamientos que para la mayoría no tienen o no deberían tener un componente sexual. 

Desmentir la caricatura del sumiso como alguien a quien le gusta que el primero que pase le vaya dando tortas por la calle está bien, pero, por ejemplo, a lo mejor a un sumiso sí le puede excitar ligeramente que un agente de policía atractivo se dirija a él de manera un tanto autoritaria, incluso aunque al mismo tiempo esta actitud le desagrade por otro lado. El BDSM es un lado oscuro del deseo en el que muchas veces se mezclan emociones contradictorias. No obstante, puedo entender que un vídeo breve que no va dirigido a público especializado tampoco profundice tanto.

La desinformación asoma

Donde creo que sí se puede decir que patina este vídeo es en la relación que establece entre 2 fetiches diferentes como son el BDSM y el guarreo. Hay amantes del BDSM que no nos sentimos atraídos por olores corporales fuertes y, viceversa, existen muchos amantes del guarreo, de la excitación sexual a partir de olores y de fluidos corporales, a los que no les interesa el BDSM. 
 
Por supuesto, el vídeo identifica también, en su portada y en el atuendo del youtuber, el fetiche del cuero con el BDSM, que ya he explicado un montón de veces que son también fetiches independientes. Esto ya lo daba por hecho tratándose de un canal gay mainstream, pero lo de asociar también BDSM y guarreo ya supone dar un paso más en esa idea de que, si te gusta un fetiche, entonces te gustan todos los fetiches.

Pero el elemento que más puede llevar al despiste del vídeo y que, en mi opinión, lo descalifica en gran medida, poniéndolo más del lado de la desinformación que de la divulgación, es que Martín está dando una visión del BDSM como preliminar al sexo, como medio de calentarse para luego "ponerse a follar". Está pasando por alto lo que es la sexualidad fetichista y lo que es realmente la pulsión por el BDSM como práctica sexual en sí misma, no como preliminar a una penetración.

Para la cultura gay mainstream, el BDSM es aceptable, pero solo como un preliminar o un complemento a la penetración, que sigue siendo la única sexualidad válida. Este planteamiento podría haber sido innovador hace veinte años, pero hoy en día es más bien un tanto carca y no le va a ser de mucha utilidad a una persona que sienta una gran atracción por el BDSM, que no lo vea como un complemento a la penetración, sino como una práctica central en su sexualidad, y que sienta cierto malestar por ello. 
 
Creo que este vídeo no va a servir a una persona realmente fetichista para dejar de verse como un bicho raro, o al menos no lo suficiente. Teniendo en cuenta que no viene de un aficionado sino de un profesional que conduce terapias para la solución de problemas sexuales, deja en evidencia que sigue siendo necesario que tanto la sexología como la cultura LGTBI dominante abran su mente, se informen con menos prejuicios y le den una vuelta a cómo abordan el tema de los fetiches en general, y del BDSM en particular.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Subfetiches

La entrada anterior del blog ofrecía un listado de fetiches clasificados en función de la mayor o menor frecuencia con la que se dan. 

Recuerdo que lo que yo llamo fetiches son prácticas sexuales que no están basadas en la penetración, y lo distingo de morbos, que sería la preferencia por personas con una determinada característica física (por ejemplo, los pelirrojos), o por situaciones o lugares para llevar a cabo un encuentro sexual (por ejemplo, el sexo en espacios abiertos).

Lo que caracteriza a un fetiche es contar con entidad sexual por sí mismo; aunque se trata de prácticas anodinas o incluso desagradables para la mayoría de la población, o tal vez excitantes pero solo como preludio o juego previo a la penetración, el fetichista tiene una pulsión sexual enorme hacia ellas y las convierte en el centro de su sexualidad. Un amante del spanking o del bondage puede quedar con otra persona para practicar su fetiche sin necesidad de tener además sexo convencional con ella y ese encuentro para él es pleno y gratificante (si sale bien y hay buena química, claro), no lo ve como algo incompleto porque no haya habido también penetración ni porque no se haya jugado además a otras prácticas BDSM.

Sub y superfetiches 


Luego también hay prácticas sexuales que están en el espectro del fetichismo, por no estar basadas en la penetración, pero que carecen de entidad suficiente para protagonizar o para ser el centro de una sesión, sino que se disfrutan normalmente junto con otras prácticas. A eso es a lo que voy a llamar subfetiches.

Junto a los subfetiches, existiría también lo contrario, superfetiches: amalgamas de diferentes fetiches que funcionan como una unidad. El BDSM sería un superfetiche, el único que se me ocurre, de hecho. No es una práctica sexual aislada, sino un conjunto de prácticas que funcionan como una unidad, cuyo objetivo es lograr una sensación de dominación de uno de los jugadores y de sumisión del otro.

Por otra parte, todos los fetiches pueden funcionar como subfetiche; por ejemplo el spanking o el bondage pueden funcionar como subfetiches dentro de una sesión BDSM. Pero existen fetichistas especializados en spanking o en bondage que no están interesados en otras prácticas BDSM, y que de hecho no se identifican con la etiqueta BDSM. Sin embargo, los subfetiches de los que hablaré a continuación no tienen esa entidad propia; no existen, o al menos yo no me los he encontrado, fetichistas que estén interesados solo en esa práctica y no en ninguna otra.

Las subespecialidades del spanking

Los diferentes instrumentos que sirven para azotar funcionan a veces como subfetiches, ya que hay amantes del spanking que tienen una preferencia muy marcada por alguno de ellos. La zapatilla o la chancla y el cinturón son los más habituales en España por motivos culturales. En Reino Unido y Alemania, en cambio, el mayor subfetiche relacionado con spanking es la vara, en Francia el martinete, un latiguillo pequeño, y  en Estados Unidos la pala, usada hasta hace poco tiempo en institutos y en fraternidades universitarias.

Por otra parte, para algunos amantes del SM, la rama del BDSM especializada en el dolor, el spanking funcionaría como subfetiche dentro de la flagelación. Sin embargo, puesto que la inmensa mayoría de las personas a las que les gusta azotar o ser azotados tienen una marcada preferencia por hacerlo en las nalgas, me parece más adecuado verlo al contrario, y tomar la flagelación en otras zonas del cuerpo como un subfetiche. Nunca me he encontrado con alguien que solo quiera ser azotado en la espalda o en los pies, y no en el culo.

La flagelación en la mitad superior de la espalda con un látigo, y el bastinado, que es azotar la planta de los pies con una vara, un castigo de mucha tradición en el mundo musulmán, son los subfetiches más frecuentes relacionados con el spanking. Es más raro, y también peligroso y poco recomendable, la flagelación del torso o del estómago.

Las subespecialidades del bondage

El bondage se ha convertido recientemente en una práctica de moda entre cierta clase social, lo que en Francia se llama bobos (bohemio-burgueses), por lo que a veces, cuando algunos pretenden distinguir entre bondage y kinbaku, o cuando se declaran fans del shibari, es difícil saber si estamos ante subfetiches o ante mero postureo.

Sí es cierto que, antes de que se llamara shibari y se rodeara de un halo elitista, siempre ha habido amantes del bondage especialmente atraídos por la suspensión, estar colgados del techo o de aparatos sin posarse ni apoyarse en ninguna superficie horizontal. El otro subfetiche relevante vinculado con el bondage es la momificación, bondage extremo en que todo el cuerpo se encuentra ceñido y comprimido por vendas o por plástico.

Subfetiches BDSM

He aquí una relación de prácticas que no llegan a constituir fetiches independientes pero que para algunos dan mucho salseo a una sesión BDSM:

- Las pinzas. Normalmente se colocan en los pezones, pero no faltan amantes de este subfetiche a los que les gusta llevarlas en prácticamente cualquier otra parte del cuerpo. 

- Las cosquillas. No requiere mayor explicación; para algunas personas, especialmente sensibles, es una práctica muy erótica.

- La cera. Una práctica muy difundida a través de películas, pero no muy habitual por lo engorrosa y sucia que resulta. Personalmente apenas tengo experiencia con velas, pero lo que he leído es que no valen las que se ponen en el cementerio, sino que deben ser de un material especial para que no produzcan quemaduras.

- La lluvia dorada. Hay "human toilets" muy amantes de este subfetiche, aunque sin que deje de ser un subfetiche, es decir, por lo que sé siempre va acompañado de otras formas de humillación. 

- El guarreo. Probablemente el subfetiche más de moda en los últimos años. Disfrutar del sudor, la saliva, los olores corporales intensos, del contacto con piel que no ha pasado por la ducha recientemente .... A diferencia del resto de prácticas de esta lista, puede funcionar sin un componente de humillación, y por lo tanto como algo totalmente fuera del BDSM. Una variante del guarreo es el culto a los sobacos.

- La castidad. Se puede hacer de manera light, a través de anillos para el pene y los genitales, o cock rings, o bien de forma más extrema mediante jaulas que imposibilitan la erección y que se llevan durante periodos largos de tiempo fuera de la sesión.

- Los plugs. A diferencia de los dildos, que son apoyos al sexo o a la masturbación, tienen un mayor componente de humillación y de sumisión. Se dejan puestos mientras se llevan a cabo otras prácticas durante una sesión, o incluso el sumiso los lleva en su vida cotidiana, como las jaulas de castidad.

- El electro. En su variante light y más habitual, se trata de plugs o de masturbadores con pilas que estimulan al sumiso de manera automática mientras el amo le hace otras cosas. Pero existe también una variante extrema, que consiste en aplicar descargas de corriente a través de electrodos que se ponen en la piel. Si alguien nos propone jugar con electro, por lo tanto, es importante aclarar a qué se refiere.

jueves, 27 de enero de 2022

¿A cuántas y a qué tipo de personas les gusta el BDSM?

La pregunta parece sencilla pero las respuestas difieren mucho, en parte porque vienen condicionadas por la manera en que se plantee la pregunta, algo que saben muy bien quienes hacen encuestas.

Entre lo primero que te aparece cuando buscas está esta web, https://es.statista.com/estadisticas/543275/espanoles-que-han-probado-el-sadomasoquismo-por-genero/, pero es de pago y en versión gratuita no deja ver ni cual es la fuente de la información, por lo que no tengo ni idea de si es fiable. Según ella, entre un 6 y 8 % de la población dice haber probado el "sadomasoquismo" y gustarle, frente a un 1 o 2 % que también lo ha probado pero no le gusta. A entre un 12 y un 20 % de la población le gustaría probarlo pero aun no lo ha hecho, y los que no están interesados serían entre un 72 y un 78 %.

 

Al margen de que los datos sean más o menos exactos, sí parece lógico que a un porcentaje alto de la población no le interese el BDSM, y menos aun si se usa el término sadomasoquismo, que, como he dicho muchas veces, es solo una parte del mismo y no estoy seguro que la más habitual. También parece lógico que a medida que aumenta la edad se incremente ligeramente el porcentaje de personas que lo han probado, y se reduzca el de quienes desean hacerlo pero no lo han hecho todavía, sencillamente porque con la edad se supone que vas ganando en experiencia y que lo que no has hecho aun es porque tienes claro que no te interesa. 

He aquí otra encuesta encargada por la famosa marca de preservativos Control, a la que evidentemente le interesan los hábitos sexuales de sus potenciales consumidores. http://xuventude.xunta.es/images/Observatorio_Galego_da_Xuventude/ano_2017/los-jovenes-y-el-sexo-control-2016.pdf 

 
Resulta curioso como, cuando se deja de usar la palabra sadomasoquismo, y en su lugar se pregunta a la gente si ha llevado a cabo prácticas de atar o de dominación, los porcentajes de los que responden afirmativamente se disparan. Pasamos del 6-8 % de la otra encuesta a un 15 % de hombres y 10 % de mujeres que han probado prácticas de dominación y un 25 % de hombres y 32 % de mujeres que han atado o sido atados. Luego está también un 26 % de hombres y un 21 % de mujeres que practican role playing, juegos de roles, no sabemos si relacionados o no con prácticas BDSM.

Que los encuestadores identifiquen lo que llaman sadomasoquismo con la dominación, pero pongan el bondage en otra categoría, como si no estuviera muchas veces solapado con otros juegos BDSM, demuestra la confusión que suele haber con todos estos conceptos.

Me ha sorprendido que las mujeres se sientan más atraídas por el bondage que los hombres; si me leen mujeres u hombres hetero podrán opinar sobre si les parece verosímil o no. No he encontrado estadísticas referidas a hombres gays, donde probablemente los porcentajes de practicantes de BDSM sean más elevados.

Brad Sagarin, un simpático investigador que lleva una web en la que intenta hacer una aproximación científica al mundo del BDSM, http://www.scienceofbdsm.com/, ha observado lo mismo: que cuando le preguntas a la gente si le gusta el sadomasoquismo solo encuentras entre un 1 y un 2 % de respuestas favorables, como ocurrió en un estudio llevado a cabo en Australia en 2008, pero si les preguntas si tienen fantasías de dominar o ser dominados sexualmente, las respuestas positivas suben hasta un 60 y un 53 % respectivamente entre los hombres. Podéis consultarlo aquí: https://www.psychologytoday.com/es/blog/la-sorprendente-psicologia-detras-del-sadomasoquismo

Los fetichistas somos los mejores según "la ciencia"

Sagarin cita también un par de artículos que, lejos del enfoque patológico que le siguen dando las instituciones científicas oficiales al BDSM, con conceptos como parafilia de trastorno sádico y masoquista, de los que hablaba en una entrada anterior del blog, llegan a la conclusión de que quienes practicamos BDSM tenemos, en promedio, mejor salud mental que la población que practica sexo convencional o vainilla: en concreto, niveles más bajos de depresión, ansiedad, estrés postraumático, sadismo psicológico, masoquismo psicológico, patología limítrofe y paranoia. Los que prefieren un rol dominante tendrían un perfil psicológico más positivo y saludable que los que prefieren ser sumisos, pero aun así estos últimos seguirían teniendo mejor salud mental que los vainilla. Si alguien quiere ver el estudio completo, lo tiene en este enlace.

Así que, si me propusiera hacer un tratamiento sesgado y manipulador, como suelen hacer los medios de comunicación, podría decir en grandes titulares que "la ciencia" dice que, o está "científicamente demostrado" que, quienes practicamos BDSM tenemos mejor salud mental y psicológica que la población general. Pero quienes realmente valoramos el método científico para intentar comprender y estudiar las cosas nunca utilizamos a "la ciencia" como un martillo con el que darles en la cabeza a los que tienen opiniones diferentes a la nuestra, como hace continuamente la gentucilla de la televisión y de los periódicos para imponer las ideas que les interesan a ellos y a las empresas que les pagan. Hay artículos científicos que afirman esto, es cierto, pero también "la ciencia" dice todo lo contrario, puesto que la OMS sigue hablando de trastornos mentales de sadismo y masoquismo y dando una definición de ellos ambigua y contradictoria, en la que a veces parece que podríamos encontrarnos todos los que nos gustan estos juegos.

¿Pero "la ciencia" puede decir una cosa y la contraria?

¿Cómo unos científicos pueden llegar a conclusiones tan diferentes de otros? Pues porque unos y otros parten de muestras de estudio muy sesgadas. Los que dicen que los fetichistas somos enfermos lo hacen a partir del estudio de personas que han muerto accidentalmente por practicar asfixia sexual, que han llegado a su consulta porque llevan a cabo prácticas extremas que les han producido lesiones, porque rechazan su sexualidad de una forma que les mueve a buscar ayuda profesional, o porque tienen cualquier otro problema. Al científico no le llega la información de mucha otra gente que lleva a cabo prácticas BDSM consensuadas y que las disfruta sin mayor trauma y sin pasar por el psiquiatra, y entonces cree que no existen; solo se entera de que existen estas prácticas a partir de casos patológicos y por lo tanto se piensa que las prácticas en sí mismas son una patología. 

Es un poco como la gente muy mayor o muy conservadora que identifica ser gay con ser travesti y trabajar en clubs nocturnos o en la prostitución porque esa es su experiencia del mundo gay; naturalmente han conocido a otros gays, pero no lo saben porque no les han dicho abiertamente que lo eran. No se les ocurre, y hasta cierto punto es comprensible que sea así, pensar que un hombre pueda preferir el sexo con otros hombres y tener algo parecido a "una vida normal". De hecho, por eso mismo los científicos hasta hace no mucho pensaban que la homosexualidad era también un trastorno mental: solo tenían noticia de que alguien era gay cuando llegaba a su clínica o a su consulta porque no aceptaba su sexualidad, o cuando lo detenía la policía.

Y ojo porque estos artículos científicos tan entusiastas sobre lo estupendos que somos quienes practicamos BDSM también están sesgados. Los científicos que los llevan a cabo no son conscientes de que están comparando un colectivo de personas que se autoafirman como fetichistas, que aceptan su sexualidad a pesar de un entorno poco favorable, y que están dispuestos a hablar de ella y a participar en un estudio científico, con un grupo control presuntamente vainilla que no tiene conciencia de pertenecer a ningún colectivo, que no ha tenido la necesidad de afirmarse como nada ni de plantearse nada sobre su sexualidad, sino que ha asumido la sexualidad que se le da por supuesta a todo el mundo, y en el que probablemente habrá fetichistas en el armario. Por supuesto que los primeros van a tener como promedio un perfil psicológico más sano que los segundos.

Imaginémonos un estudio que intentara comparar gays con heteros en un ambiente muy homófobo; ¿cuántos de los componentes del grupo de supuestos heteros no serán gays en el armario? En cambio está claro que los gays que se atreven a declararse como tales y participar en el estudio son muy valientes, están conformes con su sexualidad, y por lo tanto ya se está sesgando mucho su perfil psicológico. 

Es lo que ocurre cuando los científicos no son conscientes de que están mezclando algo no sé si biológico, pero desde luego instintivo e irracional, como el deseo sexual y hacia donde va dirigido, con conceptos culturales como ser gay o ser hetero, o, en este caso, como reconocerse parte de una comunidad BDSM o considerarse "normal" y fuera de esa comunidad. El error es hacer estudios en base a lo segundo, a personas que se dividen en grupos en base a conceptos culturales, y aplicar las conclusiones de dichos estudios a lo primero, a los impulsos sexuales.

Personalmente creo que las personas que nos gusta el BDSM, si consideramos todo el conjunto, los que lo admiten, los que lo admiten a medias y los que no lo admiten, no somos ni más ni menos cuerdas ni estamos  más ni menos locas que los demás, pero no puedo demostrarlo, ni creo que pueda demostrarse porque para hacer un estudio realmente científico sobre esta cuestión haría falta una aceptación mucho mayor de estas prácticas de la que existe hoy en día.

martes, 4 de enero de 2022

La ciencia ante el BDSM: las parafilias

En el blog digo muchas veces que quienes tenemos sexualidades fetichistas no estamos enfermos ni tenemos ningún trauma ni trastorno. Pero ¿respalda la ciencia mi opinión? Pues sí, pero con no pocos matices que me disgustan. Vamos a verlo.

Las parafilias

La Organización Mundial de la Salud (OMS), una entidad vinculada a la ONU y por lo tanto de titularidad pública, es, al menos en teoría, la máxima autoridad científica a nivel mundial en temas de salud. La OMS actualiza periódicamente la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), de manera que se puede decir que una enfermedad existe oficialmente cuando está recogida en ese catálogo, o al encontrario, algo no es una enfermedad, o al menos no está oficialmente reconocido como una enfermedad, si no viene incluido en el CIE. De hecho, la homosexualidad dejó de ser oficialmente una enfermedad en 1990; hasta esa fecha venía recogida en el apartado de trastornos mentales del CIE.

Pues bien, la última versión del CIE, la número 11, sigue recogiendo en la categoría de trastornos mentales, del comportamiento y del neurodesarrollo, lo que denomina "parafilias". Para que os hagáis una idea, dentro de esa misma categoría figuran la esquizofrenia, la ansiedad, los trastornos obsesivo-compulsivos o los alimentarios. 

Así define la OMS lo que es una parafilia (https://icd.who.int/browse11/l-m/es#/http%3a%2f%2fid.who.int%2ficd%2fentity%2f2110604642). La negrita la he añadido yo:

Los trastornos parafílicos se caracterizan por patrones persistentes e intensos de excitación sexual atípica, que se manifiestan como pensamientos, fantasías, deseos intensos o conductas sexuales centrados en terceros cuya edad o situación los hace reacios o incapaces de consentir, y con respecto a los cuales la persona ha actuado o siente un marcado malestar. Los trastornos parafílicos pueden incluir patrones de excitación que implican comportamientos solitarios o personas que pueden dar su consentimiento solo cuando se asocian con un malestar marcado que no es simplemente el resultado del rechazo o el temor al rechazo de los demás debido al patrón de excitación, o se asocian con un riesgo significativo de lesión o muerte.

Las cosas van cambiando, pero no mucho

En principio la noticia es buena. Las diversas prácticas (bondage, spanking, etc.) que integran el BDSM, así como cualquier otra práctica fetichista, incluso aunque constituyan "patrones intensos" de comportamiento, no son una enfermedad por sí solos, según la OMS, sino que solo lo son cuando a la persona sus fantasías le provocan un malestar, y no por lo que otros puedan pensar, o bien cuando lleva sus prácticas a extremos que le producen lesiones graves, algo en lo que parece lógico estar de acuerdo. 

No obstante, algo sigue oliendo mal en esta definición. ¿Por qué esa distinción entre sexualidad típica y atípica? ¿Por qué no se define simplemente como trastorno sexual el que una persona sienta un malestar respecto a su sexualidad, sea esta o no típica? Muchas personas LGTBI sienten un malestar hacia su sexualidad, y también personas heterosexuales y cis sienten a veces también ese malestar, porque se consideran demasiado jóvenes o demasiado mayores para satisfacer su deseo sexual, porque se sienten atraídos hacia personas diferentes de su pareja, o por montones de otros posibles motivos. 

Sin embargo a la OMS parece costarle mucho más ver una patología en el malestar producido por el deseo sexual basado en la genitalidad y la penetración; en cambio, ante un deseo sexual atípico, ya tiene lista una etiqueta distintiva, parafilia, que usa a sabiendas del estigma que constituye.

Por otra parte, ¿cómo se puede diferenciar entre el malestar propio y el malestar producido por el rechazo de los demás a tu sexualidad? ¿No es evidente que lo primero la mayoría de las veces viene de lo segundo? En mi opinión, los científicos siguen sin comprender y sin respetar como sería deseable la diversidad sexual, y siguen haciendo con los fetichismos y las prácticas sexuales minoritarias lo que hasta hace 30 años hacían con la homosexualidad: en lugar de condenar el rechazo social y la incomprensión y el desprecio por parte de su entorno, ponen el foco en la persona que sufre ese rechazo y la culpabilizan diciendo que padece un trastorno mental. 

Lo que la comunidad científica parece estarnos diciendo es: vamos, que si vives mal tu sexualidad el problema es tuyo por ser un rarito. Bastante hemos hecho ya con aceptar que seas gay como para que ahora pretendas que aceptemos también tus perversiones (así lo llamaba la OMS, perversiones, hasta 1987, cuando cambiaron el término por parafilias); lo tuyo es un problema personal y además medicalizable, que así de paso hacemos negocio los médicos y las farmacéuticas con terapias y medicamentos.

Algunos diréis que estoy llevando las cosas un poco lejos al verlo así, pero, si seguimos investigando en lo que dice la OMS sobre las "parafilias", creo que se ve más claramente que el viejo y rancio concepto de "perversiones" sigue aún en la mente de muchos científicos y profesionales de la salud.

Definiciones incongruentes: no somos enfermos pero sí lo somos

La página que he mencionado hasta ahora es la de navegación del CIE, en la que la OMS se limita a establecer unas categorías genéricas que funcionan como bloques que engloban diferentes enfermedades más concretas. Luego existe también una herramienta de codificación, es decir, un sistema de códigos que identifican cada dolencia con información más específica y detallada.

Por lo tanto, la parafilia para la OMS no es una enfermedad concreta sino una forma de designar a un conjunto de enfermedades, un marco dentro del cual se engloban los "trastornos" siguientes, cada uno con su código: el fetichismo (entendido en un sentido estricto de excitarse ante objetos inanimados, no en el sentido más general que yo suelo utilizar), el exhibicionismo, el voyeurismo, la pedofilia, el sadomasoquismo y un cajón de sastre de "otras parafilias". 

https://icd.who.int/browse10/2016/en#/F65

Por lo tanto, en primer lugar, los científicos de la OMS ponen a las prácticas BDSM y a otros fetichismos al mismo nivel que comportamientos delictivos como el abuso de niños o el exhibicionismo, lo cual ya es todo un piropo. Y en segundo lugar, veamos como se define lo que llaman el "trastorno de sadomasoquismo" (lo siento solo lo he encontrado en inglés):

A preference for sexual activity which involves the infliction of pain or humiliation, or bondage. If the subject prefers to be the recipient of such stimulation this is called masochism; if the provider, sadism. Often an individual obtains sexual excitement from both sadistic and masochistic activities

Aquí ya no se hace ninguna diferenciación entre si estas preferencias le suponen o no un problema a quien las "padece": simplemente este tipo de deseos se consideran en cualquier circunstancia como un trastorno mental, con lo que la OMS se contradice claramente a sí misma entre unas secciones y otras de su mismo catálogo de enfermedades.

Esta contradicción probablemente viene de que la versión 11 del CIE todavía no tiene su propia herramienta de codificación, sino que dicha herramienta es la correspondiente a la versión 10 y la han prorrogado hasta 2022 sin actualizar los contenidos que chocan con la versión11. Vamos, que la OMS es un poco chapucera y dice digo donde en otros lados dice Diego.

El DSM, la otra "Biblia" científica sobre enfermedades mentales

Pero al hablar de enfermedades mentales, podría decirse que para la comunidad científica mundial la referencia más relevante, aun más que la OMS, es la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA en inglés) y su Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), algo así como la Biblia de la salud mental.

Pues bien, la quinta y última versión del DSM recoge una definición de la parafilia muy semejante a la del CIE de la OMS: a sexual deviation where sexual arousal is obtained from a consistent pattern of inappropriate responses to objects or people, and in which the behaviors associated with the feelings are distressing and dysfunctional.

El DSM recoge en este apartado un catálogo de parafilias muy parecido al de la herramienta de codificación de la OMS, aunque el relativo a BDSM lo divide en 2: sadismo sexual y masoquismo sexual. Veamos por ejemplo, la definición que da del "trastorno de masoquismo sexual", puesto que la del sadismo es complementaria y casi idéntica (de nuevo viene solo en inglés, ya que la APA no es un organismo internacional):

Sexual masochism disorder is diagnosed in individuals who experience sexual arousal in response to extreme pain, humiliation, bondage, or torture.  The masochist will have unrelenting fantasies with urges to be beaten, bound or humiliated during sex (American Psychiatric Association, 2013).  Although behaviors associated with sexual masochism disorder are very prevalent, diagnostic criteria requires that the patient experience distress, such as shame, guilt or anxiety related to sexual fantasy, urges or sexual experiences. Milder forms of masochism between consenting adults, sometimes also referred to as "BDSM" or dominant and submissive, are not classified as disorders by the DSM-5.  Diagnosis occurs when certain criteria are met. 

Aquí ya no existe la incongruencia que veíamos en la OMS. Tanto en la definición genérica de parafilia como en la descripción codificada de sus diferentes variantes se distingue entre prácticas o fantasías patológicas y no patológicas. Me alegra que el DMS diga, con mucha más claridad que la OMS, que las personas que llevamos a cabo prácticas sexuales consentidas que implican humillación y/o dolor en forma no extrema no tenemos ningún tipo de trastorno.

No obstante, sigo objetando que por qué se ve solamente un trastorno mental en personas que sufren vergüenza, culpa o ansiedad respecto a su sexualidad cuando tienen deseos que se salen de lo convencional, y en cambio no cuando sus fantasías y prácticas sexuales giran en torno a la genitalidad y a la penetración. Y, por otra parte, por qué se meten en un mismo saco prácticas consensuadas entre adultos con otras que no tienen el consentimiento del otro (o ese consentimiento no es válido por tratarse de menores) y que por lo tanto son delictivas, como la pedofilia, el exhibicionismo o el voyeurismo.

Conclusiones: el BDSM está dejando de considerarse una enfermedad

Lo primero que hay que tener en cuenta es que "la ciencia" no es un bloque homogéneo sino una comunidad formada por científicos con opiniones diversas, y así debe ser, de lo contrario no se trataría de ciencia sino de religión. Aquí hemos hablado de la ciencia oficial o hegemónica, la de las instituciones más reconocidas, pero luego existe un número enorme de artículos de investigadores que matizan las opiniones de la OMS o del DMS, o que incluso discrepan de ellas. La ciencia es una creación humana y por lo tanto no es infalible ni eterna sino que está sujeta a cambios y revisiones continuos (porque si no dejaría de ser ciencia, insisto); y, desde luego, los científicos son seres humanos que, al igual que cualquier otro grupo de humanos, pueden estar contaminados por prejuicios ideológicos y morales. Prueba evidente de ello es que la ciencia oficial consideró a la homosexualidad como un trastorno mental hasta hace solo 30 años.

Por lo tanto podemos decir que la ciencia oficial (no la ciencia en su totalidad, insisto) está en proceso de despatologizar las prácticas sexuales no convencionales, tanto el BDSM como otros fetichismos. No obstante, en mi opinión esta transición de enfermedad a práctica sexual respetada no ha finalizado, insisto en que está todavía en proceso. No se podrá considerar finalizada mientras al BDSM y al fetichismo de materiales y objetos se les siga vinculando con el término "parafilias" y agrupando junto con prácticas no consentidas y fuera de la ley. 

Ojalá que este blog pueda ser un pequeño grano de arena para contribuir a la visibilidad de la sexualidad no convencional, ya que estoy convencido de que dicha visibilidad va a contribuir a que la comunidad científica continúe avanzando en la dirección de dejar de ver las formas menos convencionales de la sexualidad humana como trastornos mentales.

martes, 16 de marzo de 2021

¿Qué es la dominación?

Me considero dominante y me gustan los juegos D/s, de dominación / sumisión. Y sin embargo, sigo teniendo dudas respecto a qué se refiere alguien cuando me dice que le gusta la dominación, que es la forma más breve de denominar a estos juegos. Yo mismo he tenido claro recientemente que lo me gusta es, de hecho, la dominación, por encima de cualquiera de los juegos concretos que se suelen englobar dentro de esta, como el bondage y el spanking, que son los dos más habituales. Y es que el concepto de dominación, o de D/s, es en sí más amplio y menos específico.

Atar o azotar pueden ser fines en sí mismos o formas de dominar

Hay diferencias entre un dominante o sumiso y un amante del bondage o del spanking. Podríamos decir que lo primero suele abarcar lo segundo, pero lo segundo no suele abarcar lo primero. Los amantes de los juegos de dominación y sumisión tenemos un fetichismo más basado en lo psicológico: los roles, la humillación, el ritual, las posturas, etc. Mientras que los amantes de una práctica disfrutan con un placer más sensorial: al amante del bondage le gusta estar atado, la sensación de inmobilidad, y al del spanking sentir el azote en el culo. 

Para los amantes de la dominación, el atar al sumiso o el azotarlo es una forma de expresar esta dominación y suelen, solemos, ser más versátiles y estar interesados en explorar diferentes prácticas, que para nosotros son un medio para lograr un fin, que es la sumisión de nuestro compañero, o el sentirnos dominados por él. Mientras que los amantes de una práctica son más rígidos, su interés está muy centrado en esa práctica; generalmente ni siquiera se definen como amantes del BDSM, y realizar su práctica, ser atados o azotados, es el fin en sí mismo. 

Sex o no sex

Respecto a mezclar el juego fetichista con el sexo convencional e incluir sexo oral o anal o no en las sesiones, diría que no hay ninguna diferencia apreciable. Tanto entre quienes prefieren la D/s "generalista" como entre los especializados en una práctica concreta, hay quien le gusta mezclarlo con sexo y quien prefiere separarlo.

Tampoco veo diferencias respecto a la flexibilidad en cuanto al rol. Tanto entre los amantes de la D/s como los de prácticas concretas, se pueden encontrar muchos que tienen muy claro que prefieren el rol dominante o el rol sumiso, y también muchos otros que pueden cambiar de rol fácilmente.

Esto puede hacer a veces difícil el juego porque unos y otros tenemos intereses diferentes. Como ya he dicho, los amantes de la D/s somos más versátiles y flexibles y, si estamos ante un chico que solo le guste el bondage, podemos darle más protagonismo a esta práctica y reducir el spanking a un mínimo, o viceversa. Por lo tanto unos y otros nos podemos entender bien, siempre y cuando no caigamos en la generalidad extrema ni en lo contrario, la especialización extrema. Pero eso ya lo dejo para otro post.

La foto es de la web www.capturedguys.com

jueves, 21 de enero de 2021

Salir del armario BDSM

 

Ya hablé en una entrada anterior del armario BDSM: de las personas que tienen una sexualidad parcial o totalmente fetichista y lo viven con vergüenza. Ahora voy a tratar el tema de personas que han aceptado su sexualidad BDSM pero se encuentran con el problema de en qué momento salir del armario con los demás. Cómo decir a tu pareja, a tu ligue o al chico con el que estás tonteando en una aplicación que te gustaría hacer "juegos especiales" con él o que no te atrae demasiado hacer "lo de siempre", es decir, sexo basado en la penetración.

Estar dentro o fuera del armario

Nunca he entendido esa idea de "estar dentro" o "estar fuera" del armario como términos absolutos. La inmensa mayoría de los gays estamos parcialmente dentro y parcialmente fuera del armario; nuestro entorno cercano conoce nuestra inclinación sexual, o al menos esa parte de nuestra inclinación sexual, porque ya hablé en otro post de que considero que la inclinación sexual no solo consiste en que te gusten los chicos o las chicas, pero una persona que nos acaban de presentar en cualquier situación seguramente no sabe de antemano si somos heteros o gays. Tal vez lo intuya, dependiendo del contexto en que te haya conocido, de su mayor o menor percepción para estos temas, o de la pluma que tenga o no tenga cada uno, pero no lo sabe con seguridad, o aunque lo sepa tampoco tendrá claro si debe o no hacer ver que se ha dado cuenta. 

Surge la duda de si hablar abiertamente de este aspecto de nuestra vida con esta persona nada más conocerla, o de si esperar a tratarla más a fondo o a que surja el momento adecuado en que venga a cuento sacar el tema. La salida del armario es, por lo tanto, un proceso continuo que tiene lugar prácticamente todos los días, no algo que se hace una vez en la vida y luego ya está, como se suele presentar desde la prensa o las películas.

Pues bien, con el armario BDSM ocurre exactamente lo mismo. Conocemos a un chico que nos gusta, o incluso tenemos un rollo con él, y hace falta buscar el momento oportuno para confesarle que tenemos una sexualidad fetichista. Llega a darse el caso de parejas en las que uno de sus miembros desconoce que el otro es amo o sumiso con terceras personas. El "no me dejes marcas porque mi pareja no debe verlas" es un clásico que me han dicho infinidad de veces. Es cierto que es mucho más frecuente cuando la pareja es mujer, pero también me ha ocurrido con parejas gays.

Me gusta este chico; ¿cómo le digo que soy amo / sumiso?

No hay una regla fija; hay chicos que enseguida te dan pie y otros a los que es mejor no decírselo porque no lo van a entender. Con el tiempo se va cogiendo intuición de qué personas pueden ser proclives, o como mínimo tolerantes, con estos juegos, pero es verdad que cuando eres muy joven o tienes poca experiencia puede ser más difícil acertar.

Hay gente que reduce el sexo a ser activo o pasivo, y ser versátil es lo más atrevido y fuera de la norma que puede concebir. Darles la charla de que existen otras opciones va a ser inútil, no pueden o no quieren entenderlo, que a efectos prácticos es lo mismo. En cambio hay otros chicos, afortunadamente cada vez más, que tienen un concepto del erotismo y del sexo más amplio y con los que vale la pena ser sinceros y hablar de lo que realmente nos gusta. Generalmente la edad es un factor que cuenta y la gente mayor suele tener más prejuicios y conceptos más convencionales, pero hay muchas excepciones.

 ¿Me hago un perfil vainilla o fetichista?

Siempre he tenido la duda, a la hora de abrirme un perfil en una aplicación, de si poner o no mis preferencias sexuales hacia el BDSM. No es una decisión fácil porque hacerlo supone enfrentarte al rechazo, a ser malinterpretado, y a veces a ser juzgado, mientras que no hacerlo supone tener luego el dilema de en qué momento salir del armario y hablar abiertamente de tus preferencias en la cama. En muchas épocas he tenido dos perfiles, uno vainilla y otro fetichista, aunque eso también tiene sus riesgos cuando alguien con quien has hablado en una de tus identidades descubre la otra.

Puesto que cada vez más las aplicaciones solo sirven para sexo rápido, añadido a que una vez que has probado lo que realmente te gusta la vuelta atrás no es tan fácil, y también porque cada vez me da más pereza la salida del armario y prefiero que la otra persona sepa a que atenerse desde el principio, con el tiempo me he ido decantando más por la opción fetichista. 

Aunque hay aplicaciones, como Grindr, donde no existen prácticamente perfiles fetichistas porque no tiene mucho sentido. En ese caso no lo pongo en el perfil pero sí intento hablar abiertamente de mis preferencias lo antes posible cuando me contactan, y si veo que la persona no va a ser receptiva pues ya no le doy bola.

También existen apps fetichistas, como Recon, y están muy bien porque te ahorran la salida del armario. Pero ojalá vayamos hacia la dirección de que no sean necesarias, de que puedas hablar de tus preferencias con cualquiera en cualquier app y que quien no las comparta te lo diga desde el respeto.


Los dibujos con los que he ilustrado el post son del artista Kernled, especializado en amos y spankers muy maduros, rompiendo el cliché de que las imágenes eróticas deben mostrar siempre a chicos jóvenes. Reconozco que, en cuanto a los sumisos, yo sí sigo el cliché, no encuentro deseable la imagen de un hombre muy maduro sometido. Así que me he centrado en sus obras en las que el sumiso sí es joven. Podéis ver más de sus excelentes dibujos en su cuenta de Tumblr.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Vida en pareja y BDSM

Los amantes del BDSM son como todo el mundo: a algunos les gusta vivir en pareja y a otros no; tal vez no estaría de más dedicar otro post a explicar que no todo el mundo prefiere vivir en pareja, pero supongo que quienes piensan que buscar pareja es "lo normal", y quien se encuentra cómodo viviendo sin una pareja estable y no tiene especial interés en encontrarla es un vicioso o un "rarito", no va a estar leyendo un blog sobre BDSM, así que por ahora ese punto lo voy a dar por sobreentendido.

Buscar un novio que comparta tu fetiche

He conocido a algunas parejas en las que ambos eran amantes del BDSM y, evidentemente, practicaban sus juegos y sus fetiches dentro de su relación de pareja. Supongo que esto es lo ideal, pero es muy difícil: me he encontrado muy pocos casos, y en España ninguno. Si ya encontrar a alguien que nos atraiga físicamente, con el que nos entendamos bien, con el que podamos convivir, que el sexo funcione bien, etc., es extremadamente complicado, pues para los fetichistas esperar que aparezca alguien compatible con nosotros en todos esos aspectos y que encima comparta nuestro fetiche con la misma intensidad con la que nosotros lo vivimos pues, francamente, no es un plan realista; es más fácil que te toque la lotería.

  

Parejas fetichista - vainilla

Así que lo más habitual es que un fetichista que busque pareja acabe en una relación con un vainilla que no comparte para nada su fetiche. Evidentemente esto va a ser siempre una fuente potencial de conflictos, pero es verdad que no existen parejas que no tengan ningún conflicto. No hay una regla general sino que he conocido todo tipo de casos, como, por otro lado, siempre ocurre cuando hablamos de cualquier tema de pareja: novios que ignoran, o que no quieren saber, que a su chico hay un fetiche que le pone a cien, otros que lo saben y no le dan importancia a que su chico quede con otros fetichistas, y otros que no les hace mucha gracia el tema.

A veces ocurre que alguien consigue atraer a su pareja a su fetiche, y resulta que el miembro vainilla de la pareja acaba por no ser tan vainilla como se pensaba. Pero no es lo habitual; intentar vivir el fetiche en pareja cuando a uno de los dos no le va el tema, no suele funcionar. No se aprende a ser fetichista; puede haber gente que tenga un lado fetish que desconocía y lo desarrolla al dar con la pareja adecuada. Pero si la pareja lo prueba y no funciona desde el principio, no va a acabar funcionando bien con el tiempo.

Tampoco suele dar buen resultado a largo plazo que sea el fetichista el que se adapte renunciando a su fetiche. Ojo porque suele ocurrir que, al comienzo de la pareja parece que el fetichista se ha "convertido" al sexo vainilla, pero a medida que pasa el tiempo y que todo lo que era nuevo y maravilloso al principio se va convirtiendo en rutina, empieza a haber el desgaste en la vida sexual que es inevitable en cualquier pareja, y entonces el fetichista va a volver a sentir ganas, y cada vez más intensas, de practicar su fetiche. 

Si la pareja es lo suficientemente fuerte para soportar el conflicto que inevitablemente surge, el resultado es que el fetichista volverá a quedar con gente que comparta su fetiche, idealmente con conocimiento y consentimiento de su pareja. A veces la pareja se abre totalmente, pero a veces solo a medias: el fetichista queda con gente para practicar su fetiche con la condición de no tener relaciones sexuales completas, o de no tenerlas de ningún tipo, en sus encuentros fetish.

¿Es infidelidad practicar BDSM con alguien que no es tu pareja?

Ahí surge la cuestión de si practicar un fetiche con alguien diferente de tu pareja es o no una infidelidad. Recordemos que en el mundo BDSM puede haber sesiones en que un chico azota a otro, o lo ata y lo inmoviliza, sin que haya lo que en el mundo vainilla se entiende por "sexo", por lo que técnicamente no se estaría incurriendo en ninguna infidelidad. Lo que ocurre es que, por una parte, existe una gratificación sexual en estas prácticas incluso aunque no haya "roce" de ningún tipo por lo que decir que no ha habido sexo porque no ha habido intercambio de fluidos es en cierto sentido hacerse trampas al solitario; por otra, lo más habitual, al menos por mi experiencia y la de la gente que conozco, es que en una sesión BDSM sí exista algo de "roce" sexual, aunque, insisto, esto no quiere decir que no existan las sesiones "sin sexo".

Entre nada y una relación sexual completa puede haber muchos puntos intermedios, y la casuística de donde traza cada uno su línea roja, de esto solo lo hago con mi pareja y esto otro lo incorporo a mis sesiones BDSM con terceros, es infinita. Se puede decir que hay tantos casos diferentes como personas y que no hay normas acerca de lo que está bien ni lo que está mal, sino que cada persona y cada pareja deben de hacer las suyas.

jueves, 10 de diciembre de 2020

El BDSM como orientación sexual



Es divertido cuando escucho a mucha gente criticar a personas que discriminan a los gays o a los trans y a continuación esas mismas personas, que se consideran muy tolerantes, llaman inmaduro y miran por encima del hombro a quien no busca una pareja estable, o a los amantes del BDSM directamente nos tildan de enfermos o de viciosos. 

En el pensamiento dominante hoy en día, el respeto a la diversidad sexual se limita a los conceptos hetero / gay o cis / trans. Pero tal vez habría que ampliar ese concepto. La sexualidad no se acaba en que te gusten los chicos o las chicas, sino que existen otros aspectos que no tienen por qué ser menos importantes. 

No siempre el BDSM es vicio ni turismo sexual

Creo que mucha gente piensa que quienes practicamos juegos de BDSM somos personas viciosas con una necesidad continua de experiencias sexuales; que ya hemos "agotado" el repertorio que ofrece la sexualidad convencional, lo que nosotros llamamos la sexualidad vainilla, y nos metemos en el BDSM en busca de sensaciones más fuertes después de haber probado la promiscuidad, los tríos, las orgías, el sexo con drogas, etc. Vamos, lo que tradicionalmente se llama ser un vicioso o un pervertido.

Muy relacionado con este cliché, está el de que el BDSM es un capricho para gente con medios económicos, porque el material que a veces se emplea en los juegos no está, desde luego, al alcance de todos los bolsillos. Pero esto me recuerda a la idea que se tenía hasta hace no mucho entre personas con ciertas ideologías políticas de que la homosexualidad era también una perversión propia de burgueses aburridos con poder adquisitivo alto que corrompían a chicos noblotes y sencillos de clase trabajadora.

No niego que esto sea así en algunos casos; sí existen chicos de clase social acomodada que, para sentirse más especiales, porque no tienen todo el éxito que les gustaría a la hora de buscar sexo, o por cualquier otro motivo, "compran" su condición de fetichistas adquiriendo un montón de material BDSM que no tienen mucha idea de como quieren utilizar, pero piensan que, cuanto más dinero gastan, más "auténtico" es su fetichismo. La realidad sería justo la contraria, hay opciones para todos los bolsillos en el BDSM y quien realmente lo vive no necesita muchos accesorios para disfrutarlo.

El BDSM es algo que algunas personas tenemos incrustado en el núcleo de nuestra sexualidad y, de hecho, nuestros primeros recuerdos eróticos desde la infancia están relacionados con este tipo de juegos. No es un vicio ni algo que hayamos elegido. 

¿Qué es la orientación sexual?

Yo soy un hombre gay;  tengo una preferencia notable por los hombres con respecto a las mujeres en el aspecto sexual así que considero que la etiqueta gay me sirve para designar un aspecto de mi sexualidad que es muy importante y me siento cómodo con ella. 

Pero al mismo tiempo esa etiqueta me resulta incompleta porque no abarca otros aspectos igual de importantes. Mi sexualidad es fetichista, no es convencional, y ese es un aspecto que me resulta muy determinante, porque, entre otras cosas, me genera dificultades para encontrar parejas sexuales, ya que la mayor parte de hombres gays está buscando un concepto de sexo basado en la penetración que a mí no me resulta satisfactorio, o al menos no del todo, igual que mis prácticas fetichistas no son satisfactorias para ellos. Buscar una pareja sexual compatible se complica bastante cuando eres fetichista.

 Ampliar el concepto de lo que es la orientación sexual

¿Quiero decir con esto que habría que añadir más siglas a LGTBIQ+? No, por favor, ya hay demasiadas. Más bien lo contrario, darles algo menos de importancia a estas etiquetas y pensar en que existen otros aspectos de la sexualidad a los que hasta ahora no se les ha prestado atención y que pueden ser igual de importantes que sentirte chico o chica y preferir a los chicos o a las chicas. No pensar que todos los gays, todos los trans, todas las lesbianas o todos los heteros somos iguales en nuestra sexualidad, sino que existen transversalidades. Los fetichistas gays podemos tener mucho en común con los fetichistas heteros, por ejemplo; a veces más que con gays no fetichistas.

 Viva el turismo sexual

Por último, podría parecer que quiero hacer una diferenciación entre "auténticos" y "falsos" fetichistas, y para nada. He comentado en otros post que no hay por qué elegir entre ser vainilla o ser fetichista, muchas personas están en algún punto intermedio. Tal vez tu sexualidad es mayoritariamente genital, pero tienes cierta curiosidad por el BDSM y quieres hacer "turismo sexual" y probarlo, tal vez puntualmente, tal vez solo de vez en cuando, y eso es perfectamente legítimo. 

Nada más lejos de mi intención que asignar carnés, aunque siempre me gusta recordar que existe gente que no ha elegido ser fetichista ni se ha acercado a este mundo por curiosidad ni por vicio ni por aburrimiento, y muchas veces es juzgada por ello y por ser fetichista se le asignan otras muchas etiquetas (promiscuidad, consumo de drogas, etc.) que le pueden ser totalmente ajenas.

Los dibujos que ilustran el post son del artista Placardemike.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Cómo saber si eres fetichista

 

He dicho otras veces que cualquier amante del BDSM es fetichista, pero que existen otros fetichismos ajenos al BDSM, aunque todos los que se me ocurren son compatibles con él.

Fetichismo vs Vainilla

También he definido en varios post el fetichismo, o el sexo fetichista, como lo contrario al sexo vainilla, sexo convencional o sexo mainstream. Pero más que lo contrario sería un concepto del sexo diferente: el sexo vainilla o mainstream se basa en la penetración, y considera que los otros juegos eróticos son preliminares para favorecer la penetración, mientras que el sexo fetichista se centra en alguno de esos otros juegos y es la penetración la que pasa a ser algo accesorio. 

Ese fetiche puede ser una parte del cuerpo distinta de los órganos sexuales (pies, sobacos), un tipo de ropa (cuero, goma, trajes, ropa de deporte), un rol (esclavo, amo, bebé adulto, cachorro o puppy) o un juego de humillación (ser usado, ser atado, ser azotado, ser pisado, que te orinen encima, que te echen cosas pringosas encima, etc.). Es evidente la vinculación entre el BDSM y muchos de estos fetiches, aunque no necesariamente con todos. 

Digamos que ser fetichista es sentirte muy atraído por algo que para la mayoría de la gente es inocuo o incluso desagradable, o que, como mucho, algunos más "abiertos" o más "pervertidos" consideran como un juego preliminar al sexo. Pero para nosotros no es ningún preliminar, es el centro de nuestra sexualidad.

Naturalmente estos dos conceptos del sexo no son incompatibles: algunas personas disfrutan de ambos, teniendo a veces relaciones sexuales convencionales y otras veces disfrutando de prácticas fetichistas, o incluso mezclándolas con la misma pareja y en el mismo momento. Así que más que una dicotomía entre personas fetichistas y personas vainilla, podemos hablar de un continuo en el que algunas personas estarán más inclinadas hacia un extremo y otras más hacia el otro. Un poco como lo que algunos consideran que ocurre con la homo y la heterosexualidad. 

Mi duda es si, tal como ocurre con la homo y la heterosexualidad, la mayoría de la población se decanta mucho más hacia un lado que hacia el otro, o si en el caso del fetichismo hay más gente que se sitúa en posiciones intermedias. Mientras no se levanten el tabú y el estigma que recaen sobre el sexo fetish no vamos a saberlo.

Pero, ¿fetichista no es el que le gustan los asiáticos o los rubios o los bajitos?

Luego está lo que se suele llamar también fetichismo, pero en un sentido diferente al que estamos describiendo aquí, que es cuando se tiene una preferencia por un tipo determinado de chicos a la hora de buscar parejas sexuales: cuando se buscan preferentemente, o a veces exclusivamente, chicos altos, bajos, rubios, morenos, de una raza determinada, con un tipo de cuerpo determinado, con tatuajes, etc. 
 
Algunas veces, cuando estas preferencias son poco frecuentes, como en el caso de quienes buscan hombres de mucha mayor edad que ellos, o chicos con obesidad, pueden parecer igual de inconfensables que los fetichismos de los que estamos hablando; pero yo diría que no dejan de estar dentro del sexo mainstream, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de estos "fetichismos", como la preferencia por los chicos jóvenes, por los penes muy grandes, o por los cuerpos de gimnasio, constituyen la sexualidad dominante y hegemónica.

¿Entonces yo soy fetichista?

La cuestión es: ¿cómo puedo saber si mi sexualidad es mucho, algo o poco fetichista? En primer lugar, los vainilla no se hacen preguntas sobre su sexualidad, y ni siquiera conciben que haya diferentes maneras de disfrutar la sexualidad, más allá de ser hetero o ser gay, y de ser activo o ser pasivo. Así que si sospechas que hay algo "raro" o poco habitual en tu sexualidad, es un indicio de que probablemente no eres 100 % vainilla.

Aunque, por el otro lado, si tienes una sexualidad muy fetichista, tampoco vas a tener muchas dudas al respecto porque desde siempre sabes que tú te excitas con esa práctica, o esa ropa, o ese rol tan particular y que tu sexualidad se basa en eso. Eso ocurre sobre todo si tienes un único fetiche, como por ejemplo el spanking, el bondage o el cuero. Así que, si tienes dudas, es o bien porque no tienes un fetiche específico, sino que tal vez puedes disfrutar de una mezcla de varios, o bien porque, aunque tienes un componente fetichista que deberías explorar, tu sexualidad es más bien vainilla.

Teniendo esto en cuenta, vamos a dar una serie de pautas para averiguar cuánto tienes de fetichista. Podría hacerlo al estilo de los test de las revistas, dando diferentes opciones de respuesta y asignando una puntuación a cada uno, pero creo que no valgo para los mass media:

1 - ¿En qué te fijas cuando ves un tío por la calle?

Respuesta sincera, y no de postureo, por favor; lo de me fijo antes que nada en los ojos todos sabemos que es mentira. 

Alguien vainilla se fijará en los músculos e intentará, si tiene ocasión de mirar con algo de disimulo, calcular cual es el tamaño del paquete, o bien se girará y le mirará el culo, y le encantará que lleve ropa apretada. Y los fetichistas también nos fijamos en esto, claro; la diferencia es que podemos prestar también mucha atención y nos puede hasta dar un calentón observando detalles como las orejas de un chico, la nuca, los pies, un cinturón de cuero, los pantalones de goma de un motero, u otros muchos detalles anodinos para la mayoría de la gente que ni se me ocurren, porque la variedad de fetichismos puede ser infinita.



 

Hay elementos intermedios, que sin llegar a ser fetish se salen de la sexualidad más convencional, como tener preferencia por chicos que lleven perilla (la barba es tan mayoritaria que ya no cuenta), tatuajes, pendientes o aros.

2 - ¿Cuáles son tus primeros recuerdos sexuales?

No hablo de tu primera experiencia sexual como adulto, sino de tu primer recuerdo erótico de la infancia. Muchos vainilla hablarán de algún compañero del colegio que les parecía muy guapo, algún niño hijo de amigos de sus padres que les manoseó jugando a alguna cosa, o algún adulto que les besaba en la mejilla y les resultaba agradable, etc. Pero, para que os hagáis una idea de qué es ser fetichista, en mi caso mis primeros recuerdos eróticos son sentir una emoción arrebatadora e imposible de describir cuando veía con 6 o 7 años escenas de niños que recibían azotes en dibujos animados, de vaqueros atados en películas del oeste, de secuestros en películas de espías, etc. Naturalmente mucho antes de saber lo que era el sexo, tener una erección o ser gay. 


Aquí se me ocurren también opciones intermedias, como puede ser haber descubierto la excitación sexual espiando, o viendo por casualidad, a adultos o a chicos mayores mientras se cambiaban de ropa.

3- ¿Sexualizas situaciones de la vida cotidiana?

Alguien vainilla disfruta mirando por el rabillo del ojo en el vestuario del gimnasio cuando el de al lado se cambia o se va a la ducha, o en la playa nudista.

Vale, los fetichistas también. Pero a lo mejor nos gusta todavía más ver una intervención policial con agentes de uniforme, o un partido de algún deporte en el que haya contacto de cualquier tipo entre los jugadores, o disfrutamos con una revisión médica, o con el cacheo de un guardia de seguridad en el aeropuerto o a la entrada de un concierto. Y no necesariamente porque el policía, los jugadores, el médico o el segurata estén muy buenos, sino por la situación en sí.

Algo intermedio es ir por la calle y, si no tenemos mucha prisa y nos topamos con un chico guapo haciendo deporte, pues pararnos un ratillo a contemplar imágenes como la que he puesto de gancho al comienzo del artículo. Os pongo otras del mismo chico; son lo que los anglosajones llaman "candid pictures", y se sitúan en esa delgada línea entre el fetichismo y el sexo convencional:


4- ¿Qué tiene que hacer un chico para ponerte a cien?

Desde el punto de vista de un fetichista, en el sexo vainilla no existe la sutileza: a la hora de entrar en acción, un vainilla te besa metiéndote la lengua hasta el esófago o directamente empieza a sobarte el paquete. Si vienes de una situación neutra, es decir, no estas excitado previamente, te hacen esto y te pones a cien, eres vainilla. Si que te hagan esto es un turn-off porque te excitas de una manera bastante diferente, es probable que tu sexualidad sea como mínimo parcialmente fetichista.

Cuando quedo con un sumiso, es bastante fácil saber si tiene una sexualidad al menos parcialmente fetichista si, cuando le doy un par de órdenes o lo pongo en una determinada postura, esto le excita. O si le pone llamarme "señor" o "amo". Si cuando les mando simplemente que pongan las manos en la nuca y bajen la mirada en señal de respeto al amo esto les provoca una erección, sé que el juego BDSM va a salir muy bien. Si al decirles esto les da la risa, y solo les produce una erección cuando les manoseo el culo o el paquete, pues son chicos vainilla que están probando la sumisión por curiosidad o por turismo sexual, pero no es lo suyo.

5- ¿Qué porno ves para excitarte?

Dejo para el final lo más obvio. Si el porno mainstream te aburre, puede ser un indicador de que tu sexualidad tiene un componente fetichista. Pero ojo porque puede ser que simplemente estés tan saturado de ver porno que estés buscando algo diferente para variar (lo que yo llamo turismo sexual). La clave es si el componente fetichista (la ropa de cuero, los azotes, la humillación, etc.) es un preliminar en la escena para luego dar paso a la penetración, o si es el eje de la escena. ¿Cuánto tiempo dura la parte fetish y cuanto la penetración en el porno que te gusta?

Creo que estas 5 preguntas pueden ayudarte a conocer un poco más tu propia sexualidad. Pero si se os ocurren otras o si tenéis sugerencias, no dudéis en contactarme.

jueves, 12 de noviembre de 2020

Sexo políticamente incorrecto

Novelas como 50 sombras de Grey han desvelado un poco el tabú que envuelve al BDSM y al sexo fetichista, pero por otra parte intentan presentar una versión domesticada y suave del mismo, limando las aristas que puedan incomodar a los susceptibles lectores del siglo XXI. A ver si sé explicar esto bien.

Sexo oscuro

El BDSM supone sexualizar situaciones y sobre todo roles de interacción desigual entre personas, que en principio no son sanos ni deseables. Podríamos decir que es un acercamiento desde el sexo al lado oscuro de la mente: se sexualizan sensaciones como el dolor, la inmovilidad, la indefensión, la humillación, la dominación, etc., se erotiza la violencia física (ritualizada, pactada y controlada, por supuesto, pero violencia al fin y al cabo) y se intenta hacer una simulación del sexo no deseado, es decir, del abuso o de la violación. Esto es así e intentar edulcorarlo es también falsearlo. 

Digamos que, si el sexo es una película, los hay que en la cama les gusta lo romántico, a otros la acción y lo cañero, y para los amantes del BDSM nuestro género sería el thriller o el terror. Por algún motivo, la líbido de algunas personas está orientada hacia este tipo de sensaciones fuertes y esa adrenalina es necesaria para nuestra excitación, o al menos la facilita enormemente.

Curiosamente la popularización entre el público mayoritario del género de terror, así como de otras actividades generadoras de adrenalina, como los deportes extremos y de riesgo, ha coincidido con una mayor apertura hacia las prácticas sexuales oscuras. No soy sociólogo, antropólogo ni investigador, así que no sé si puede existir algún paralelismo entre las dos cosas, pero me parece digno de mención.

Por qué hablamos de sexo vainilla

El caso es que, igual que algunas personas no encuentran ningún tipo de placer en pasar miedo con una película mientras que a otras les ocurre todo lo contrario, encuentran muy sosa una comedia romántica y les gusta ver monstruos o presenciar asesinatos y torturas desde la seguridad de una butaca de cine o desde el sillón de casa, pues con el sexo ocurre algo parecido. Mientras muchos no pueden concebir que se encuentre placer en atar, azotar y humillar a otro, a otros en cambio nos falta algo en un sexo reducido al contacto físico entre dos cuerpos donde el juego de roles no va más allá de activo y pasivo. Lo encontramos soso y necesitamos, o como mínimo preferimos, acercarnos de forma simulada, pactada y segura a juegos de poder desiguales, humillaciones, abusos, castigos corporales, violaciones, flagelaciones, inmovilizaciones, etc. 

 

De ahí que al sexo basado en la penetración y no en estas emociones lo llamemos sexo vainilla; la vainilla es agradable, desde luego, y si no hay otro sabor para elegir pues bienvenida sea, pero le falta la intensidad del chocolate o de una fruta, por lo que, si nos dan la opción, preferimos el sabor fuerte frente a la suavidad de la vainilla.

 ¿Como explicar el BDSM a los nuevos jueces morales?

Y si tenemos estos gustos poco políticamente correctos en la cama, pues no te digo nada en la ficción, cuando podemos dejar volar nuestra imaginación ya sin los frenos de la realidad ni de la verosimilitud. A mí me pone a cien leer y escribir relatos o ver vídeos de incesto, de abusos policiales, de maltratos en prisiones, de reclutas acosados por sus superiores en el ejército, de novatadas humillantes en colegios mayores, de señores acomodados que desnudan a sus sirvientes y les aplican castigos corporales, de chicos esclavizados, vendidos, secuestrados, prostituidos a la fuerza, violados, atados y azotados sin su consentimiento previo, y otras lindezas de este tipo (ojo, hablo de videos de ficción donde todo es simulado). 

Son situaciones que, por supuesto, condeno con rotundidad en la vida real y me encantaría que no existieran ni hubieran existido, pero que al mismo tiempo me suscitan deseo en la imaginación.

Vivimos por desgracia en la era del solo sí es sí y de una censura cada vez mayor, con las redes sociales llenas de fundamentalistas encantados de conocerse y ávidos de prohibir, desde su superioridad moral y cultural y su seguridad de estar en posesión de la verdad, todas las maneras de vivir, de pensar y de correrse que no comparten; así que excitarnos con este tipo de situaciones puede resultar problemático o difícil de comprender para estos nuevos jueces de la moral. 

Desde luego, no le pido a nadie ya no solo que comparta mis fantasías, que por supuesto, sino ni siquiera que las comprenda; solo que las respete por mucho que le repugnen, igual que yo respeto muchas creencias y formas de vivir y de pensar que no me gustan un pelo.

Nada mejor para ilustrar esto que los dibujos del genial artista Gengorogh Tagame, que no repara en plasmar con total libertad y sin pudor sus fantasías más calientes, oscuras y atroces.