Mostrando entradas con la etiqueta Mundo gay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mundo gay. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de enero de 2021

Salir del armario BDSM

 

Ya hablé en una entrada anterior del armario BDSM: de las personas que tienen una sexualidad parcial o totalmente fetichista y lo viven con vergüenza. Ahora voy a tratar el tema de personas que han aceptado su sexualidad BDSM pero se encuentran con el problema de en qué momento salir del armario con los demás. Cómo decir a tu pareja, a tu ligue o al chico con el que estás tonteando en una aplicación que te gustaría hacer "juegos especiales" con él o que no te atrae demasiado hacer "lo de siempre", es decir, sexo basado en la penetración.

Estar dentro o fuera del armario

Nunca he entendido esa idea de "estar dentro" o "estar fuera" del armario como términos absolutos. La inmensa mayoría de los gays estamos parcialmente dentro y parcialmente fuera del armario; nuestro entorno cercano conoce nuestra inclinación sexual, o al menos esa parte de nuestra inclinación sexual, porque ya hablé en otro post de que considero que la inclinación sexual no solo consiste en que te gusten los chicos o las chicas, pero una persona que nos acaban de presentar en cualquier situación seguramente no sabe de antemano si somos heteros o gays. Tal vez lo intuya, dependiendo del contexto en que te haya conocido, de su mayor o menor percepción para estos temas, o de la pluma que tenga o no tenga cada uno, pero no lo sabe con seguridad, o aunque lo sepa tampoco tendrá claro si debe o no hacer ver que se ha dado cuenta. 

Surge la duda de si hablar abiertamente de este aspecto de nuestra vida con esta persona nada más conocerla, o de si esperar a tratarla más a fondo o a que surja el momento adecuado en que venga a cuento sacar el tema. La salida del armario es, por lo tanto, un proceso continuo que tiene lugar prácticamente todos los días, no algo que se hace una vez en la vida y luego ya está, como se suele presentar desde la prensa o las películas.

Pues bien, con el armario BDSM ocurre exactamente lo mismo. Conocemos a un chico que nos gusta, o incluso tenemos un rollo con él, y hace falta buscar el momento oportuno para confesarle que tenemos una sexualidad fetichista. Llega a darse el caso de parejas en las que uno de sus miembros desconoce que el otro es amo o sumiso con terceras personas. El "no me dejes marcas porque mi pareja no debe verlas" es un clásico que me han dicho infinidad de veces. Es cierto que es mucho más frecuente cuando la pareja es mujer, pero también me ha ocurrido con parejas gays.

Me gusta este chico; ¿cómo le digo que soy amo / sumiso?

No hay una regla fija; hay chicos que enseguida te dan pie y otros a los que es mejor no decírselo porque no lo van a entender. Con el tiempo se va cogiendo intuición de qué personas pueden ser proclives, o como mínimo tolerantes, con estos juegos, pero es verdad que cuando eres muy joven o tienes poca experiencia puede ser más difícil acertar.

Hay gente que reduce el sexo a ser activo o pasivo, y ser versátil es lo más atrevido y fuera de la norma que puede concebir. Darles la charla de que existen otras opciones va a ser inútil, no pueden o no quieren entenderlo, que a efectos prácticos es lo mismo. En cambio hay otros chicos, afortunadamente cada vez más, que tienen un concepto del erotismo y del sexo más amplio y con los que vale la pena ser sinceros y hablar de lo que realmente nos gusta. Generalmente la edad es un factor que cuenta y la gente mayor suele tener más prejuicios y conceptos más convencionales, pero hay muchas excepciones.

 ¿Me hago un perfil vainilla o fetichista?

Siempre he tenido la duda, a la hora de abrirme un perfil en una aplicación, de si poner o no mis preferencias sexuales hacia el BDSM. No es una decisión fácil porque hacerlo supone enfrentarte al rechazo, a ser malinterpretado, y a veces a ser juzgado, mientras que no hacerlo supone tener luego el dilema de en qué momento salir del armario y hablar abiertamente de tus preferencias en la cama. En muchas épocas he tenido dos perfiles, uno vainilla y otro fetichista, aunque eso también tiene sus riesgos cuando alguien con quien has hablado en una de tus identidades descubre la otra.

Puesto que cada vez más las aplicaciones solo sirven para sexo rápido, añadido a que una vez que has probado lo que realmente te gusta la vuelta atrás no es tan fácil, y también porque cada vez me da más pereza la salida del armario y prefiero que la otra persona sepa a que atenerse desde el principio, con el tiempo me he ido decantando más por la opción fetichista. 

Aunque hay aplicaciones, como Grindr, donde no existen prácticamente perfiles fetichistas porque no tiene mucho sentido. En ese caso no lo pongo en el perfil pero sí intento hablar abiertamente de mis preferencias lo antes posible cuando me contactan, y si veo que la persona no va a ser receptiva pues ya no le doy bola.

También existen apps fetichistas, como Recon, y están muy bien porque te ahorran la salida del armario. Pero ojalá vayamos hacia la dirección de que no sean necesarias, de que puedas hablar de tus preferencias con cualquiera en cualquier app y que quien no las comparta te lo diga desde el respeto.


Los dibujos con los que he ilustrado el post son del artista Kernled, especializado en amos y spankers muy maduros, rompiendo el cliché de que las imágenes eróticas deben mostrar siempre a chicos jóvenes. Reconozco que, en cuanto a los sumisos, yo sí sigo el cliché, no encuentro deseable la imagen de un hombre muy maduro sometido. Así que me he centrado en sus obras en las que el sumiso sí es joven. Podéis ver más de sus excelentes dibujos en su cuenta de Tumblr.

sábado, 2 de enero de 2021

Apps: El futuro del BDSM


Es una obviedad decir que las aplicaciones para móviles han cambiado el panorama del sexo gay (seguro que también del sexo hetero). En mi caso viví este cambio todavía con mayor intensidad porque durante los años 2000 busqué contactos BDSM a través de perfiles en páginas web como GayDar o GayRomeo, que los que tengán más de 30 años seguro que recuerdan, y luego me eché un novio vainilla y casi desaparecí del mapa fetish durante unos 7 años: reduje mis citas BDSM a un mínimo  durante el tiempo que duró la relación, por las dificultades que comentaba en otro post de compaginar el fetichismo y la vida de pareja.

El BDSM en el mundo Grindr

Cuando volví a la soltería en 2016 ya estaban en plena efervescencia las apps para ligar a través de los móviles, que yo no había llegado a conocer porque su boom me había pillado emparejado, y Grindr ya era la que dominaba el mercado y marcaba la pauta de cómo funcionaba el sexo gay en los nuevos tiempos. 

Me encontré con un mundo gay muy diferente al que recordaba: por un lado el BDSM ya no era ni mucho menos el tabú que había sido hasta entonces. Podía decir que me gustaba dar azotes, atar y someter a un chico y ya eran pocos los que me consideraban alguien con una tara o un trauma, digno de miedo, de compasión o de ambas cosas a la vez; al contrario, a cantidad de chicos les daba morbo o curiosidad el tema y, al menos Madrid y Barcelona, se habían convertido en ciudades modernas y ya no tan alejadas de otras capitales europeas en las que los fetichismos ya hacía tiempo que estaban a la orden del día.

Pero, como siempre ocurre, no todo era de color de rosa tras la explosión del sexo rápido que habían provocado las apps: el mundo gay se había vuelto muchísimo más desinhibido, pero también más deshumanizado. El esquema de sexo rápido e impersonal de Grindr se llevaba también al mundo BDSM, lo cual no es nada recomendable en prácticas que pueden tener su riesgo y para las que es muy recomendable la confianza en la persona con la que estás y no son buenas las prisas.

 Más cantidad pero menos intensidad

Resumiendo: encontrar un sumiso para una sesión esporádica ahora es algo relativamente fácil, mucho más de lo que nadie podría haber imaginado hace diez años, casi un sueño hecho realidad. Pero a la vez encontrar un sumiso fijo, o por lo menos habitual, creo que es más difícil que nunca; aunque al sumiso le guste la experiencia BDSM es muy difícil que quiera repetir, porque el exceso de oferta de las apps lleva a la búsqueda compulsiva de nuevas experiencias y de nuevas parejas sexuales, no a profundizar el contacto con las personas que ya has conocido. Para qué repetir cuando, por muy bueno que sea lo que he conocido, siempre puede haber algo mejor en el horizonte.

Si ya en el sexo vainilla la búsqueda del "polvazo" con un desconocido no suele ser la mejor política, porque el sexo suele ser mejor cuando ya conoces a alguien y sabes dónde, cuándo y cómo hacerle qué, y él sabe dónde, cuándo y cómo hacerte qué a ti, pues en el BDSM eso ocurre diez veces más. La primera sesión es una toma de contacto, y a partir de ahí se puede crecer y se pueden probar muchas cosas si hay un contacto regular entre el mismo amo y el mismo sumiso. Estar permanentemente empezando cada vez con un nuevo amo o un nuevo sumiso lleva a unas sesiones light, que son divertidas y cómodas, pero que no pueden tener el morbo ni la entrega que surge con el tiempo y la confianza en una relación D/s.

No quiero tampoco ser crítico con estas experiencias superficiales y estos sumisos de una sola sesión, porque un amo se forma y adquiere experiencia a partir del contacto con muchos sumisos y no podría saber lo que sé, ni seguir aprendiendo, sin estas sesiones esporádicas, pero a veces llegas a un punto en el que te apetece pasar a otro nivel, y eso requiere confianza y complicidad, no lo puedes hacer con un desconocido. Y la cultura del "aquí y ahora" de las apps hace esto muy difícil. En el BDSM las cosas llevan su tiempo.

 El futuro del BDSM

Cuando me empezaba a iniciar en este mundo, oía y leía por parte de muchas personas que el interés por el BDSM era un vestigio de la represión de la sexualidad gay en el pasado y que iría desapareciendo con el tiempo a medida que fueran surgiendo nuevas generaciones que no habían recibido azotes ni castigos corporales de pequeños y que vivían su identidad sexual como gays sin culpabilidad (lo comento solo como curiosidad para que os hagáis una idea de los prejuicios y las ideas absurdas que hasta hace nada se tenían sobre el BDSM). 

Pues bien, a la nueva generación de veinteañeros les atrae que les den azotes en el culo, que les aten y que les humillen probablemente más que en ninguna otra época anterior, porque son juegos que no tienen que ver con ningún sentimiento de culpa ni ningún trauma sino que simplemente estimulan la líbido de un porcentaje importante, aunque minoritario, de la población. Cuanta más desinhibición sexual hay, más personas se van a animar a probarlos y más van a descubrir que les gusta. 

Lo que sí puede ocurrir es que, si seguimos con esta progresión de sexo de consumo rápido y superficial, se pierda la posibilidad de avanzar y llegar a tener prácticas intensas pero seguras y desarrollar el vínculo de amo - sumiso necesario para llevarlas a cabo. Pero eso ya dependerá de nosotros; nosotros no actuamos como actuamos porque existe Grindr, sino que Grindr funciona así porque nosotros hemos elegido y elegimos todos los días que funcione así, o bien elegimos Grindr frente a otras aplicaciones porque funciona así y eso es lo que buscamos. Somos responsables de las opciones que tomamos, no víctimas de la sociedad, de Grindr ni de nadie; esto conviene no olvidarlo.

jueves, 10 de diciembre de 2020

El BDSM como orientación sexual



Es divertido cuando escucho a mucha gente criticar a personas que discriminan a los gays o a los trans y a continuación esas mismas personas, que se consideran muy tolerantes, llaman inmaduro y miran por encima del hombro a quien no busca una pareja estable, o a los amantes del BDSM directamente nos tildan de enfermos o de viciosos. 

En el pensamiento dominante hoy en día, el respeto a la diversidad sexual se limita a los conceptos hetero / gay o cis / trans. Pero tal vez habría que ampliar ese concepto. La sexualidad no se acaba en que te gusten los chicos o las chicas, sino que existen otros aspectos que no tienen por qué ser menos importantes. 

No siempre el BDSM es vicio ni turismo sexual

Creo que mucha gente piensa que quienes practicamos juegos de BDSM somos personas viciosas con una necesidad continua de experiencias sexuales; que ya hemos "agotado" el repertorio que ofrece la sexualidad convencional, lo que nosotros llamamos la sexualidad vainilla, y nos metemos en el BDSM en busca de sensaciones más fuertes después de haber probado la promiscuidad, los tríos, las orgías, el sexo con drogas, etc. Vamos, lo que tradicionalmente se llama ser un vicioso o un pervertido.

Muy relacionado con este cliché, está el de que el BDSM es un capricho para gente con medios económicos, porque el material que a veces se emplea en los juegos no está, desde luego, al alcance de todos los bolsillos. Pero esto me recuerda a la idea que se tenía hasta hace no mucho entre personas con ciertas ideologías políticas de que la homosexualidad era también una perversión propia de burgueses aburridos con poder adquisitivo alto que corrompían a chicos noblotes y sencillos de clase trabajadora.

No niego que esto sea así en algunos casos; sí existen chicos de clase social acomodada que, para sentirse más especiales, porque no tienen todo el éxito que les gustaría a la hora de buscar sexo, o por cualquier otro motivo, "compran" su condición de fetichistas adquiriendo un montón de material BDSM que no tienen mucha idea de como quieren utilizar, pero piensan que, cuanto más dinero gastan, más "auténtico" es su fetichismo. La realidad sería justo la contraria, hay opciones para todos los bolsillos en el BDSM y quien realmente lo vive no necesita muchos accesorios para disfrutarlo.

El BDSM es algo que algunas personas tenemos incrustado en el núcleo de nuestra sexualidad y, de hecho, nuestros primeros recuerdos eróticos desde la infancia están relacionados con este tipo de juegos. No es un vicio ni algo que hayamos elegido. 

¿Qué es la orientación sexual?

Yo soy un hombre gay;  tengo una preferencia notable por los hombres con respecto a las mujeres en el aspecto sexual así que considero que la etiqueta gay me sirve para designar un aspecto de mi sexualidad que es muy importante y me siento cómodo con ella. 

Pero al mismo tiempo esa etiqueta me resulta incompleta porque no abarca otros aspectos igual de importantes. Mi sexualidad es fetichista, no es convencional, y ese es un aspecto que me resulta muy determinante, porque, entre otras cosas, me genera dificultades para encontrar parejas sexuales, ya que la mayor parte de hombres gays está buscando un concepto de sexo basado en la penetración que a mí no me resulta satisfactorio, o al menos no del todo, igual que mis prácticas fetichistas no son satisfactorias para ellos. Buscar una pareja sexual compatible se complica bastante cuando eres fetichista.

 Ampliar el concepto de lo que es la orientación sexual

¿Quiero decir con esto que habría que añadir más siglas a LGTBIQ+? No, por favor, ya hay demasiadas. Más bien lo contrario, darles algo menos de importancia a estas etiquetas y pensar en que existen otros aspectos de la sexualidad a los que hasta ahora no se les ha prestado atención y que pueden ser igual de importantes que sentirte chico o chica y preferir a los chicos o a las chicas. No pensar que todos los gays, todos los trans, todas las lesbianas o todos los heteros somos iguales en nuestra sexualidad, sino que existen transversalidades. Los fetichistas gays podemos tener mucho en común con los fetichistas heteros, por ejemplo; a veces más que con gays no fetichistas.

 Viva el turismo sexual

Por último, podría parecer que quiero hacer una diferenciación entre "auténticos" y "falsos" fetichistas, y para nada. He comentado en otros post que no hay por qué elegir entre ser vainilla o ser fetichista, muchas personas están en algún punto intermedio. Tal vez tu sexualidad es mayoritariamente genital, pero tienes cierta curiosidad por el BDSM y quieres hacer "turismo sexual" y probarlo, tal vez puntualmente, tal vez solo de vez en cuando, y eso es perfectamente legítimo. 

Nada más lejos de mi intención que asignar carnés, aunque siempre me gusta recordar que existe gente que no ha elegido ser fetichista ni se ha acercado a este mundo por curiosidad ni por vicio ni por aburrimiento, y muchas veces es juzgada por ello y por ser fetichista se le asignan otras muchas etiquetas (promiscuidad, consumo de drogas, etc.) que le pueden ser totalmente ajenas.

Los dibujos que ilustran el post son del artista Placardemike.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Por qué el BDSM no es perverso

La publicidad de la obra de teatro de temática gay Here comes your man me viene de perlas para explicar por qué creo que el BDSM es, ciertamente, una forma de sexualidad políticamente incorrecta, pero no perversa. La manera de promocionar esta obra sí es, en mi opinión, perversa.


 Publicidad polémica

Ahí tenéis el cartel de la obra. Empiezo aclarando que, como fetichista del deporte y de la dominación, me encanta y me parece muy sexy. Pero eso no quita que sea una publicidad que veo bien para barrios como Chueca o el Eixample pero que me parece muy poco adecuada en otro contexto; es una imagen que está en el límite de la pornografía dura, y creo que en calles por donde pasan habitualmente familias con niños, que es donde me la he encontrado, es una excelente manera de fomentar la homofobia, aparte de que si se hiciera con una chica en vez de con un chico se estaría pidiendo su prohibición y les estaría cayendo la del pulpo a sus autores. 

Es una opinión que, naturalmente, algunos o muchos no compartirán, pero mi objetivo con este blog no es que todo el mundo se ponga a dar palmas a todo lo que yo diga sino promover la reflexión y que cada uno piense por sí mismo y decida si está de acuerdo o no.

Este es el cartel alternativo, también con mucha carga erótica pero más apto para todos los públicos:



Erotizar lo que supuestamente estás criticando

Viendo estos carteles uno piensa en una de estas obras de teatro gay independiente que consisten en actores jóvenes y guapos en situaciones hipersexualizadas, quitándose cada dos por tres la camiseta con cualquier excusa para regocijo de un público que ha pagado la entrada con esa intención. Hasta ahí todo bien; me parece genial, lo digo sin ninguna ironía, y yo mismo he visto alguna que otra de estas obras. 

 

Lo que me chirría es leer que se trata de una obra (supuestamente) activista y con un (presunto) mensaje de denuncia del acoso escolar, y ahí es donde me quedo de piedra. Sexualizar y mostrar de forma erótica una situación que en teoría estás denunciando y condenando es algo más que hipócrita: es perverso. Con esto no estoy criticando la obra, que no he visto, solo la orientación que sus autores han decidido darle a la publicidad. Ignoro si la obra va en la misma dirección, aunque lo cierto es que tiene toda la pinta.

El erotismo perverso no es nada nuevo; un ejemplo clásico es la película El expreso de medianoche, cuya atmósfera destila morbo y homoerotismo turbio por todas partes y que decía ser la traslación a la pantalla del caso real de un joven turista norteamericano que sufrió abusos en una cárcel turca tras ser pillado traficando con droga. 

 BDSM vs erotismo perverso

Imágenes tan sexualizadas como la que podéis ver encima de este párrafo no promueven la empatía con la víctima, sino que nos despiertan la curiosidad y el deseo de ver con todo lujo de detalles las humillaciones y los castigos que va a recibir. Un deseo, eso sí, culpable y vergonzante, enmascarado detrás de un supuesto mensaje social. Eso es lo perverso, erotizar una situación de abuso real a través de una ficción que dice reproducir este hecho real, y eliminar la empatía con quien la ha sufrido convirtiéndolo en un objeto de deseo.

El BDSM es mucho más sano; sexualiza sin complejos situaciones de maltrato y de abuso pero sin ningún doble juego, sin confundir al espectador, sin aparentar realismo y sin pretender que se trate de una denuncia ni una crítica de nada, sino mostrándose abiertamente como una fantasía pornográfica.

Debajo os muestro como ejemplo una escena de porno BDSM, en este caso de la web Dreams of spanking; la diferencia fundamental con El expreso de medianoche o con la obra de teatro Here comes your man, es que no pretende pasar por una crítica a los castigos corporales en la escuela del pasado. Es claramente una invitación a disfrutar, no de un castigo corporal real, sino de un ritual sexual entre adultos que no pretende ser verosímil.



Al menos en mi opinión, cuando nos presentan una situación de abuso, humillación, castigo, etc. de manera abiertamente sexualizada para nuestro disfrute, estamos ante erotismo o pornografía BDSM. Cuando nos presentan esa misma situación con una supuesta intención de denuncia, y también de manera sexualizada, pero escondiendo ese carácter sexual, entonces estamos ante erotismo perverso. Evidentemente siempre va a haber un componente subjetivo a la hora de opinar si algo está sexualizado o no, y si esa sexualización es evidente o no, pero ahí es donde entra el criterio y la toma de postura de cada uno.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Cómo saber si eres fetichista

 

He dicho otras veces que cualquier amante del BDSM es fetichista, pero que existen otros fetichismos ajenos al BDSM, aunque todos los que se me ocurren son compatibles con él.

Fetichismo vs Vainilla

También he definido en varios post el fetichismo, o el sexo fetichista, como lo contrario al sexo vainilla, sexo convencional o sexo mainstream. Pero más que lo contrario sería un concepto del sexo diferente: el sexo vainilla o mainstream se basa en la penetración, y considera que los otros juegos eróticos son preliminares para favorecer la penetración, mientras que el sexo fetichista se centra en alguno de esos otros juegos y es la penetración la que pasa a ser algo accesorio. 

Ese fetiche puede ser una parte del cuerpo distinta de los órganos sexuales (pies, sobacos), un tipo de ropa (cuero, goma, trajes, ropa de deporte), un rol (esclavo, amo, bebé adulto, cachorro o puppy) o un juego de humillación (ser usado, ser atado, ser azotado, ser pisado, que te orinen encima, que te echen cosas pringosas encima, etc.). Es evidente la vinculación entre el BDSM y muchos de estos fetiches, aunque no necesariamente con todos. 

Digamos que ser fetichista es sentirte muy atraído por algo que para la mayoría de la gente es inocuo o incluso desagradable, o que, como mucho, algunos más "abiertos" o más "pervertidos" consideran como un juego preliminar al sexo. Pero para nosotros no es ningún preliminar, es el centro de nuestra sexualidad.

Naturalmente estos dos conceptos del sexo no son incompatibles: algunas personas disfrutan de ambos, teniendo a veces relaciones sexuales convencionales y otras veces disfrutando de prácticas fetichistas, o incluso mezclándolas con la misma pareja y en el mismo momento. Así que más que una dicotomía entre personas fetichistas y personas vainilla, podemos hablar de un continuo en el que algunas personas estarán más inclinadas hacia un extremo y otras más hacia el otro. Un poco como lo que algunos consideran que ocurre con la homo y la heterosexualidad. 

Mi duda es si, tal como ocurre con la homo y la heterosexualidad, la mayoría de la población se decanta mucho más hacia un lado que hacia el otro, o si en el caso del fetichismo hay más gente que se sitúa en posiciones intermedias. Mientras no se levanten el tabú y el estigma que recaen sobre el sexo fetish no vamos a saberlo.

Pero, ¿fetichista no es el que le gustan los asiáticos o los rubios o los bajitos?

Luego está lo que se suele llamar también fetichismo, pero en un sentido diferente al que estamos describiendo aquí, que es cuando se tiene una preferencia por un tipo determinado de chicos a la hora de buscar parejas sexuales: cuando se buscan preferentemente, o a veces exclusivamente, chicos altos, bajos, rubios, morenos, de una raza determinada, con un tipo de cuerpo determinado, con tatuajes, etc. 
 
Algunas veces, cuando estas preferencias son poco frecuentes, como en el caso de quienes buscan hombres de mucha mayor edad que ellos, o chicos con obesidad, pueden parecer igual de inconfensables que los fetichismos de los que estamos hablando; pero yo diría que no dejan de estar dentro del sexo mainstream, sobre todo teniendo en cuenta que algunos de estos "fetichismos", como la preferencia por los chicos jóvenes, por los penes muy grandes, o por los cuerpos de gimnasio, constituyen la sexualidad dominante y hegemónica.

¿Entonces yo soy fetichista?

La cuestión es: ¿cómo puedo saber si mi sexualidad es mucho, algo o poco fetichista? En primer lugar, los vainilla no se hacen preguntas sobre su sexualidad, y ni siquiera conciben que haya diferentes maneras de disfrutar la sexualidad, más allá de ser hetero o ser gay, y de ser activo o ser pasivo. Así que si sospechas que hay algo "raro" o poco habitual en tu sexualidad, es un indicio de que probablemente no eres 100 % vainilla.

Aunque, por el otro lado, si tienes una sexualidad muy fetichista, tampoco vas a tener muchas dudas al respecto porque desde siempre sabes que tú te excitas con esa práctica, o esa ropa, o ese rol tan particular y que tu sexualidad se basa en eso. Eso ocurre sobre todo si tienes un único fetiche, como por ejemplo el spanking, el bondage o el cuero. Así que, si tienes dudas, es o bien porque no tienes un fetiche específico, sino que tal vez puedes disfrutar de una mezcla de varios, o bien porque, aunque tienes un componente fetichista que deberías explorar, tu sexualidad es más bien vainilla.

Teniendo esto en cuenta, vamos a dar una serie de pautas para averiguar cuánto tienes de fetichista. Podría hacerlo al estilo de los test de las revistas, dando diferentes opciones de respuesta y asignando una puntuación a cada uno, pero creo que no valgo para los mass media:

1 - ¿En qué te fijas cuando ves un tío por la calle?

Respuesta sincera, y no de postureo, por favor; lo de me fijo antes que nada en los ojos todos sabemos que es mentira. 

Alguien vainilla se fijará en los músculos e intentará, si tiene ocasión de mirar con algo de disimulo, calcular cual es el tamaño del paquete, o bien se girará y le mirará el culo, y le encantará que lleve ropa apretada. Y los fetichistas también nos fijamos en esto, claro; la diferencia es que podemos prestar también mucha atención y nos puede hasta dar un calentón observando detalles como las orejas de un chico, la nuca, los pies, un cinturón de cuero, los pantalones de goma de un motero, u otros muchos detalles anodinos para la mayoría de la gente que ni se me ocurren, porque la variedad de fetichismos puede ser infinita.



 

Hay elementos intermedios, que sin llegar a ser fetish se salen de la sexualidad más convencional, como tener preferencia por chicos que lleven perilla (la barba es tan mayoritaria que ya no cuenta), tatuajes, pendientes o aros.

2 - ¿Cuáles son tus primeros recuerdos sexuales?

No hablo de tu primera experiencia sexual como adulto, sino de tu primer recuerdo erótico de la infancia. Muchos vainilla hablarán de algún compañero del colegio que les parecía muy guapo, algún niño hijo de amigos de sus padres que les manoseó jugando a alguna cosa, o algún adulto que les besaba en la mejilla y les resultaba agradable, etc. Pero, para que os hagáis una idea de qué es ser fetichista, en mi caso mis primeros recuerdos eróticos son sentir una emoción arrebatadora e imposible de describir cuando veía con 6 o 7 años escenas de niños que recibían azotes en dibujos animados, de vaqueros atados en películas del oeste, de secuestros en películas de espías, etc. Naturalmente mucho antes de saber lo que era el sexo, tener una erección o ser gay. 


Aquí se me ocurren también opciones intermedias, como puede ser haber descubierto la excitación sexual espiando, o viendo por casualidad, a adultos o a chicos mayores mientras se cambiaban de ropa.

3- ¿Sexualizas situaciones de la vida cotidiana?

Alguien vainilla disfruta mirando por el rabillo del ojo en el vestuario del gimnasio cuando el de al lado se cambia o se va a la ducha, o en la playa nudista.

Vale, los fetichistas también. Pero a lo mejor nos gusta todavía más ver una intervención policial con agentes de uniforme, o un partido de algún deporte en el que haya contacto de cualquier tipo entre los jugadores, o disfrutamos con una revisión médica, o con el cacheo de un guardia de seguridad en el aeropuerto o a la entrada de un concierto. Y no necesariamente porque el policía, los jugadores, el médico o el segurata estén muy buenos, sino por la situación en sí.

Algo intermedio es ir por la calle y, si no tenemos mucha prisa y nos topamos con un chico guapo haciendo deporte, pues pararnos un ratillo a contemplar imágenes como la que he puesto de gancho al comienzo del artículo. Os pongo otras del mismo chico; son lo que los anglosajones llaman "candid pictures", y se sitúan en esa delgada línea entre el fetichismo y el sexo convencional:


4- ¿Qué tiene que hacer un chico para ponerte a cien?

Desde el punto de vista de un fetichista, en el sexo vainilla no existe la sutileza: a la hora de entrar en acción, un vainilla te besa metiéndote la lengua hasta el esófago o directamente empieza a sobarte el paquete. Si vienes de una situación neutra, es decir, no estas excitado previamente, te hacen esto y te pones a cien, eres vainilla. Si que te hagan esto es un turn-off porque te excitas de una manera bastante diferente, es probable que tu sexualidad sea como mínimo parcialmente fetichista.

Cuando quedo con un sumiso, es bastante fácil saber si tiene una sexualidad al menos parcialmente fetichista si, cuando le doy un par de órdenes o lo pongo en una determinada postura, esto le excita. O si le pone llamarme "señor" o "amo". Si cuando les mando simplemente que pongan las manos en la nuca y bajen la mirada en señal de respeto al amo esto les provoca una erección, sé que el juego BDSM va a salir muy bien. Si al decirles esto les da la risa, y solo les produce una erección cuando les manoseo el culo o el paquete, pues son chicos vainilla que están probando la sumisión por curiosidad o por turismo sexual, pero no es lo suyo.

5- ¿Qué porno ves para excitarte?

Dejo para el final lo más obvio. Si el porno mainstream te aburre, puede ser un indicador de que tu sexualidad tiene un componente fetichista. Pero ojo porque puede ser que simplemente estés tan saturado de ver porno que estés buscando algo diferente para variar (lo que yo llamo turismo sexual). La clave es si el componente fetichista (la ropa de cuero, los azotes, la humillación, etc.) es un preliminar en la escena para luego dar paso a la penetración, o si es el eje de la escena. ¿Cuánto tiempo dura la parte fetish y cuanto la penetración en el porno que te gusta?

Creo que estas 5 preguntas pueden ayudarte a conocer un poco más tu propia sexualidad. Pero si se os ocurren otras o si tenéis sugerencias, no dudéis en contactarme.

lunes, 10 de agosto de 2020

Me gusta el spanking, o el bondage, pero no el BDSM .... ¿perdona?

El problema de la comunidad fetish en España es que no existe; que no hay conciencia de comunidad, sino que solo existen una serie de grupos aislados que a veces nos criticamos entre nosotros, como si no nos criticaran ya bastante desde fuera.

Tengo claro que los amantes del spanking, del bondage, del cuero, de la goma, del puppy play, del medical, de los pañales, y de otros fetichismos menos populares tenemos algo en común. Nuestra sexualidad es diferente a la mayoritaria y nos excitan mucho objetos, materiales o juegos que para la mayoría de la población son anodinos, desagradables, frikis, o, como mucho, en los mejores casos, ligeramente excitantes siempre que se mantengan en un nivel muy light y en su sitio como preliminar a la penetración, al "sexo de verdad".

Una mayoría de hombres gay, los que creen que el mundo se divide entre activos y pasivos, desconoce nuestra sexualidad y tiene una imagen de ella distorsionada y caricaturizada, por lo que no la respeta. Lógico, porque nunca puedes respetar algo que desconoces y ves como una caricatura. Y este esquema es el mismo con indiferencia de cuál sea tu fetiche particular; los vainilla, con su mundo de activos y pasivos, sienten el mismo rechazo por el cuero que por el spanking y no les parece más respetable el puppy play que el bondage, ni viceversa. Intentar conseguir su aceptación denigrando a otros fetiches para que respeten el tuyo y solo el tuyo no nos va a llevar a ningún sitio.

Por desgracia mucha gente no lo ve así; considera que su fetiche no tiene nada en común con los otros e incluso se suma a las muestras de poco respeto hacia los fetiches de los demás. Muchos amantes del spanking y del bondage muestran rechazo al BDSM y no se consideran parte de él; pues lo siento pero sí lo sois, el spanking y el bondage son precisamente las dos formas de BDSM más habituales y más importantes. Si te encanta comer cordero, por mucho que no te gusten el cerdo ni la ternera y despotriques contra los que comen cerdo o ternera no te van a admitir entre los veganos, amigo. Mejor que reconozcas que tu sitio está entre los carnívoros.

Por otra parte, mientras algunos amantes del BDSM corren a decir que no les gusta el cuero, no vaya a ser que los confundan con esos "pervertidos", de manera recíproca algunos amantes del cuero y de la goma que no llevan a cabo prácticas BDSM también se apresuran a decirlo, para dejar claro que son "más normales" que los que sí lo practicamos. Incluso algunos cuereros o gomeros llegan a decir que son los únicos que pueden ser llamados fetichistas, porque es cierto que, en origen, el término fetichista se empleaba solo para el disfrute sexual basado en ropa o en objetos de un material determinado. Pero entonces, si no somos fetichistas, a los amantes del BDSM y de otras formas de sexo no basadas en la penetración habría que llamarnos ..... ¿Cómo? ¿Volver a términos que afortunadamente habíamos conseguido dejar atrás? ¿Parafílicos? ¿Pervertidos? ¿Enfermos?

Es cierto que está bien dejar claro que los fetiches funcionan de manera independiente, que el hecho de que te guste uno no quiere decir que seas pansexual y que todo te guste. Y que, efectivamente, no puedes dar por hecho que a alguien que le guste el BDSM le vaya a gustar el cuero, ni viceversa, y también conviene dejar claro que el BDSM tiene muchos submundos y hay personas especializadas en una sola práctica. Pero siempre sin menospreciar a otros.

No va a ser levantando muros entre nosotros como vamos a conseguir respeto ni visibilidad, sencillamente porque separados somos demasiado pocos y cada uno por su lado no vamos a ningún sitio. Y mucho menos si tampoco queremos juntarnos con los fetichistas hetero, que son muchos más y parece que están mejor organizados. Si no queremos romper la barrera hetero / gay, que podría ser una opción razonable, entonces tengo claro que el éxito de Folsom, un evento LGBT multifetichista que atrae a amantes de prácticas y sexualidades muy variadas, donde nadie juzga a nadie, es el camino a seguir.

miércoles, 5 de agosto de 2020

¿No te gusta el sexo anal? No eres el único

Sexo anal y BDSM

En primer lugar, aclaro que no estoy diciendo que a los amantes del BDSM no les guste el sexo anal, ni que haya ningún tipo de contradicción entre las dos cosas, ni voy a escribir nada en contra del sexo anal en sí, solo en contra del sexo anal como imposición si eres un hombre gay.

Hay gente que le gusta el BDSM y le encanta el sexo anal, y gente que no le gusta el sexo anal ni tampoco le interesa el BDSM. Pero sí creo que entre los amantes del BDSM hay un porcentaje más alto de personas que no basan su sexualidad en la penetración anal que entre el resto de los hombres gay, y esta es la razón de que crea que este artículo está ligado con la temática del blog y no es off topic (aunque si lo fuera, es mi blog y escribo de lo que me da la gana, jeje). Y a partir de aquí ya dejo el tema del fetish y del BDSM y me centro en el sexo anal en sí.

¿Ser gay implica que te guste el sexo anal?

La intención de este post es deshacer la equivalencia que muchos ven entre ser gay y ser amante del sexo anal. Hay hombres hetero a los que les gusta el sexo anal y también hombres gay a quienes no les gusta.

Por otra parte, también hay una diferencia entre penetración anal y sexo anal, puesto que lo último abarca también la penetración con dedos, plugs, etc. Puede haber quien disfrute con lo segundo pero no con lo primero, pero esos casos creo que se quedan también fuera de lo que es la sexualidad dominante y que los podemos incluir junto a quienes no sienten inclinación ante ninguna forma de sexo anal. Así que a partir de aquí hablaré de sexo anal y de penetración anal indistintamente.

¿Eres activo o pasivo?

La obligatoriedad que algunos ven de practicar penetración anal si eres gay viene de un concepto en mi opinión limitado de la sexualidad, que todavía arrastramos. Por detrás está la antigua idea rancia de que la "auténtica" sexualidad deriva de la necesidad de reproducirse, que el sexo es un "instinto bajo" que solo puede justificarse si se hace por la causa noble de tener hijos, y por lo tanto la sexualidad debe estar basada en la genitalidad y en la penetración vaginal; todas las otras prácticas sexuales se consideraban, y se siguen considerando, de rango inferior. Antiguamente se llamaban desviaciones o perversiones (la palabra heterosexual, igual que homosexual, se creó para designar lo que se consideraba una patología) y solo en las últimas décadas hay más permisividad y han pasado a considerarse aceptables, pero bajo una condición de juegos previos o preliminares para favorecer la penetración vaginal, que es el "auténtico sexo" y lo único que realmente puede llamarse así.

El sexo entre dos hombres estuvo mal visto, y de hecho criminalizado, durante mucho tiempo, precisamente por no poder tener esa función reproductiva. Ahora que se acepta, es también solo bajo la condición de que siga los patrones del "auténtico sexo" heterosexual: es decir, que un miembro de la pareja haga el rol de hombre, el activo, y otro el de la mujer, el pasivo, y, ante la ausencia de vagina, que usen el ano como sustitutivo.

Muchos hombres gays aceptan sin problemas este esquema y se identifican con un rol o con el otro; por supuesto no tengo nada en contra de ello y me parece genial que cada cual disfrute como quiera, lo que no me gusta es que se nos imponga este modelo activo - pasivo a todos los hombres gays. La solución de que quien no se identifique como activo ni como pasivo se meta en la etiqueta intermedia de versátil, tampoco es válida en todos los casos. Sigue dejándonos fuera del tablero de juego a quienes no vemos la penetración anal como el centro de nuestra sexualidad.

El punto G de la próstata

La próstata es una de las zonas erógenas más importantes para muchos hombres, de ahí que haya tantos pasivos para los que la estimulación anal es el mayor placer imaginable. Pero hay gente que piensa que todos los hombres tenemos las mismas zonas erógenas, lo cual es mentira. La única zona erógena común a todos es el pene; que los testículos, el ano, los pezones, el cuello, etc. sean o no una zona erógena ya varía según cada persona. Es un error lanzarse a pellizcarle los pezones a un desconocido con el que acabamos de ligar, o introducirle un dedo en el ano, y dar por hecho que le va a gustar; mejor ir poco a poco y ver su reacción para ver si tiene o no una zona erógena en esa parte, si hemos acertado o si corremos riesgo de meter la pata.

Los que yo llamo "pasivos naturales", porque tienen una zona erógena muy potente en la próstata y disfrutan mucho con la penetración anal, es probable que sean mayoría entre los hombres gays, al menos a juzgar por los perfiles que se ven en las aplicaciones. Pero eso no significa que todos los que no somos pasivos naturales y no disfrutamos con el sexo anal en el rol pasivo, tengamos la obligación de ser activos para darles placer, simplemente porque ellos son mayoría. Yo no voy exigiendo a todas mis parejas sexuales que disfruten dejándose atar, azotar y haciéndome sexo oral, aunque sea lo que a mí más me excita; el sexo, y la vida en general, debe ser toma y daca, no solo que los otros hagan lo que a nosotros nos gusta. Las otras personas no son nuestros objetos sexuales.

¿Qué puedes hacer para que alguien a quien no le interesa el sexo anal sí lo disfrute contigo?

Respuesta corta: nada, aparte de aceptar y respetar sus preferencias.

Respuesta larga: yo, y otras personas como yo, nunca vamos a ser entusiastas de la penetración. En una relación sentimental, o con una pareja sexual con la que nos encontremos muy a gusto, y sobre todo que no nos presione en relación con esto, pues igual conseguimos introducirla en nuestra vida sexual con cierto éxito, pero no te vengas muy arriba, nunca va a ser lo que más deseemos y siempre vamos a preferir otras prácticas.

Y, por favor, no pienses que vas a hacer "cambiar" a nadie, ni que le vas a descubrir a nadie la pólvora, ni tampoco le pidas explicaciones de por qué no le gusta. Que en 2020 siga encontrándome personas que me preguntan por qué no me gusta hacer sexo anal, y mucho más con desconocidos o con amantes esporádicos que conozco en una aplicación, es lamentable; es igual de absurdo que preguntarle a un hetero por qué prefiere las tías con lo buenos que están los tíos. Cada uno tiene sus preferencias y punto.

Por supuesto reconozco que sí, que puede haber chicos que no quieran practicar sexo anal por represión, o por miedo a la falta de higiene, o a que a lo mejor han tenido malas experiencias y no han dado con la persona correcta con la que disfrutarlo. Pero en gente que pasa de, pongamos, 30 años, y que no acaba de salir del armario hace poco, sino que tiene ya una cierta experiencia, pues no puede ser que siempre hayamos dado con gente que lo hace mal; simplemente es que la penetración anal no es lo nuestro. Si piensas que un gay que no le guste el sexo anal es que tiene algún problema, pues a lo mejor eres tú el que tiene un problema y nunca te lo has planteado.

sábado, 22 de junio de 2019

En defensa del porno

Periódicamente, a raíz del caso de La Manada y similares, se leen en la prensa artículos que vinculan pornografía con violencia. Quienes lo hacen se refieren a violencia contra la mujer e ignoran que un porcentaje importante de la pornografía es gay, lo que desde luego tiene su gracia y es digno de comentario, pero como practicante de BDSM, autor de un blog que defiende el fetichismo y el BDSM en particular, consumidor de pornografía BDSM, mayoritariamente gay pero a veces también hetero, me siento afectado por este tema y me apetece dar mi visión del mismo, sobre todo cuando representantes públicos, personas que están en el Congreso, piden una "regulación" de la pornografía que me parece muy preocupante: https://www.diariodeleon.es/noticias/leon/diputada-socialista-andrea-fernandez-reivindica-regulacion-pornografia-acabar-manadas-trabajara-prohibir-prostitucion_1340044.html

Francamente, no veo qué tipo de "regulación" pretende esta chica que no sea censura o prohibición, así que sus palabras me suenan a una vuelta a tiempos bastante tristes.

La cultura de la violación es un problema real

Estoy totalmente de acuerdo en el problema que exponen estos detractores (detractoras en su mayoría) de la pornografía, pero difiero totalmente en la solución. Precisamente que haya gente joven, aunque solo joven en el DNI porque la mentalidad no puede ser más antigua, que piense como esta congresista es muy representativo del retroceso que está habiendo en cuanto a la cultura sexual; pero no quiero caer en el tópico rancio y cansino de una generación que raja de las que vienen detrás. La juventud no ha inventado la forma en la que se concibe hoy la sexualidad, solo refleja lo que las generaciones anteriores les hemos enseñado. Si ellos están perdidos es o bien porque nosotros también lo estamos, o bien porque no sabemos transmitir lo que hemos aprendido. El caso es que es cierto que el concepto más extendido de la sexualidad sigue siendo machista, probablemente más machista que nunca, y en mi opinión muy pobre y poco satisfactorio: sexo basada en el culto al pene, a la penetración y a la dominación del macho, aunque paradójicamente al mismo tiempo se mira mal y se caricaturiza el BDSM, o se lo identifica falsamente con ese tipo de sexualidad, aunque ya expliqué en otros posts que tiene más bien poco que ver.

Hablando del mundo gay masculino, que es lo que más conozco, el modelo de sexualidad dominante, que todos podemos ver haciéndonos un perfil en cualquier aplicación, está basado en la dualidad activo-pasivo, la búsqueda de pollones y la obsesión por la longitud del pene. Lo absurdo de esa obsesión lo demuestra que no existe o apenas existe lo contrario, activos que vayan buscando un determinado tipo de culo en el pasivo. De hecho, aunque sí hay un cierto criterio de lo que es un buen o mal culo, no existe un canon del culo perfecto: hay amantes de los culos grandes y pequeños, más o menos redondos, más o menos prominentes .... Sin embargo solo existe un canon de pene bonito: muy largo y gordo (no digo que todos los amantes de los penes caigan en ese estereotipo, pero sí que es muy frecuente). También el concepto de cuerpo deseable se va estrechando cada vez más: ya no existen diferentes modelos de cuerpos bonitos, los cuerpos delgados o redondos se van quedando fuera de la norma y solo existe una opción: los biceps y pectorales inflados hasta lo ridículo y la tableta de chocolate, sin importar que las piernas sean enclenques y que el cuerpo en su conjunto sea desproporcionado y casi diría que un tanto monstruoso.

Y la fantasía sexual dominante es la de convertirse en uno de esos machotes de pene enorme y músculos ciclados, o más bien, el de ser sometido, degradado, violado y "reventado" por ellos, así que no me parece exagerado llamar a este concepto de la sexualidad cultura de la violación como hacen las detractoras del porno. Es decir, es el mismo concepto del sexo heterosexual más rancio (iba a decir trasnochado, pero por desgracia no es así, es la más rabiosa actualidad), asumiendo el activo el papel del hombre y el pasivo el de la mujer.

También es verdad, como afirman las detractoras del porno, que además, mucha gente, y no solo los jóvenes, parece tener cada vez más problemas en distinguir entre fantasía y realidad, entre porno y sexualidad real, y pretende que sus cuerpos o los cuerpos de sus parejas sexuales sean como los de las películas porno y que sus encuentros sexuales sean también así, con erecciones instantáneas, continuas y eternas y eyaculaciones explosivas. Su frustración y la de las personas con las que se relacionan, que también se pasan la vida buscando una y otra vez en vano el polvazo mágico que ven en las películas, está más que garantizada.

Pero, ¿es culpa de la pornografía?

Así que sí estoy de acuerdo en que existe esa cultura del machismo y de la violación, pero no en echarle la culpa a la pornografía. En primer lugar porque quien lo hace está buscando un chivo expiatorio fácil y cae en un error que ya se ha cometido en el pasado y que debería estar superado; pero igual que muchas personas muy jóvenes tienen un concepto rancio y antiguo de la sexualidad, aplican también el modelo rancio de la prohibición y la represión a la hora de enfrentarse a los problemas.

En primer lugar, la pornografía es machista porque la sociedad es machista, y no al revés. Las productoras de porno no son conspiradores que buscan un mundo más machista, solo responden a necesidades de mercado: si lo que más demanda tiene son vídeos de supermachos pollones arrogantes abusando de mujeres o de hombres pasivos tratados como objetos, pues eso es lo que más ofrecen. Si otro tipo de contenidos menos machistas tuvieran la misma aceptación, dudo mucho que fueran a renunciar a  ganar dinero ofreciéndolos.

Por otra parte, si la pornografía está haciendo un papel, que no le corresponde en absoluto, de educar en la sexualidad, eso será porque los preadolescentes y adolescentes, que tienen una curiosidad totalmente natural por el sexo, al parecer no disponen de fuentes de información distintas del porno. Que su concepto de la sexualidad venga del porno es un problema muy grave, pero la solución no es quitarles la única fuente de información que tienen sino darles mejores alternativas. Cuando dispongan de otras fuentes más adecuadas y ricas, ellos mismos tendrán menos interés por la pornografía y la pondrán en el lugar que le corresponde; la prioridad no es quitarles la pornografía, sino darles otras opciones. Es muy cómodo apuntar a un blanco fácil como el porno en lugar de a madres, padres, familias, un sistema educativo, unos medios de comunicación y una Administración que no están haciendo bien su trabajo. Pero la cobardía ha sido siempre un ingrediente fundamental del puritanismo.

Y si hablamos de adultos, tampoco la pornografía es la culpable de que vivamos en una sociedad individualista y narcisista en la que las personas cada vez socializan y hablan menos, tienen cada vez menos capacidad de sentir y dar afecto, y prefieren aislarse en sus móviles y tabletas y buscar en las aplicaciones sexo, un sexo además deshumanizado y de fantasías irrealizables y frustrantes. La pornografía no es un poder fáctico de la sociedad como ingenuamente creen sus detractores, es solo un negocio que refleja nuestras fantasías; si no nos gusta lo que vemos cuando nos miramos en el espejo, la solución no es romper el espejo ni taparlo, lo que pasa es que eso es mucho más fácil que intentar cambiarnos a nosotros mismos.

Si tienen alguna duda al respecto, las feministas antiporno solamente tienen que fijarse en quienes son sus únicos aliados en esa causa: la extrema derecha y el integrismo religioso. Pensar que vamos a conseguir una sexualidad y una sociedad más humana, menos machista y más satisfactoria prohibiendo la pornografía es como pensar que vamos a acabar con el cambio climático prohibiendo los termómetros que nos dicen que la temperatura está subiendo.

No toda la pornografía es mainstream

Los detractores del porno desconocen el género que tanto odian; solo conocen el porno mainstream, un negocio muy lucrativo, pero existe también porno alternativo y minoritario. Si uno echa un vistazo al porno amateur o semiamateur de Clips4sale, se va a encontrar cuerpos no normativos y todo tipo de fetichismos, un mundo donde las personas de cierta edad o con kilos de más pueden ser también deseables, donde el culto a la dominación de los penes enormes ya no es tan frecuente y donde no existe realmente ánimo de lucro, sino solamente llegar a cubrir los costes de los vídeos.

Quiero romper una lanza por las pequeñas productoras que cuando era adolescente me ayudaron  a saber que yo no era la única persona en el mundo con fantasías BDSM, que me enseñaron de hecho que aquello se llamaba BDSM, y que me ofrecieron no solo ratos de placer sino saber que, por pequeña y escondida que estuviera, existía por ahí una comunidad de personas con aficiones parecidas a las mías a los que cuando fuera adulto podría intentar contactar. No digo que el porno sea una ONG, pero sí que existe un porno minoritario cuyo objetivo no es el lucro, porque el volumen de negocio apenas cubre gastos y paga a los modelos de los vídeos, y que ayuda a hacer realidad fantasías y modelos alternativos de sexualidad, a compartirlos y a crear comunidad. Y no me cabe duda de que sería ese porno alternativo es que más sufriera con la "regulación", mientras que el mainstream se las arreglaría para burlar la normativa y mantener el negocio.

jueves, 23 de mayo de 2019

LGTBIQ: Demasiadas siglas y a la vez insuficientes



No sé en qué momento se consideró que el término "gay" no representaba adecuadamente a las lesbianas y el movimiento de liberación gay pasó a convertirse en gay-lésbico; a continuación en LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual) y es evidente que esa fragmentación no tiene fin. Ahora mismo ya vamos por LGBTIQ (I por Intersexuales y Q por Queer); si yo mismo, hombre gay autor de un blog sobre diversidad sexual, me lío y siempre dudo si se dice LGTB o LGBT, y no tengo muy claro si queer, género fluido y personas no binarias es la misma cosa o si hay matices entre un concepto y otro, me puedo imaginar el cacao en el que estamos sumiendo a la mayoría de la población.

Por qué no me gusta el término LGBTIQ +

Para evitar el desmadre de seguir incorporando nuevas letras (faltarían los asexuales y a saber cuántos grupos más), hay quien propone cerrar el término en LGBTIQ+, es decir, el resto que se den por incluidos en el +. Pero ¿en serio pretendemos que un palabro como LGBTIQ+, que casi parece un chiste inventado para ridiculizarnos, se va a poder integrar en el lenguaje y va a servir para definirnos y visibilizarnos? 

El argumento lógico en defensa de un término como LGBTIQ+ parecería ser que la sexualidad humana abarca muchas cosas y su diversidad es enorme y por ello es necesario un palabro muy complejo que englobe todo. Pero no, LGBTIQ+ no es un término adecuado en mi opinión para explicar todas las variantes sexuales por tres motivos: el primero, porque mezcla orientación sexual con teoría de género de una manera que considero confusa; el segundo, porque  solamente incide sobre una dimensión de la sexualidad;  y el tercero, complementario del segundo, porque ignora e invisibiliza dos cuestiones para mí fundamentales en la sexualidad que explicaré a continuación.

Una cosa es la tendencia sexual y otra el género

Cuando hablamos de que una persona es gay, hetero o bisexual estamos haciendo una clasificación de las personas por tendencia u orientación sexual; sin embargo cuando hablamos de personas cis, trans y no binarias no estamos hablando de su orientación sexual sino de su identidad de género; y cuando hablamos de intersexuales estamos hablando de un tercer concepto, que es el sexo biológico. El término LGTBIQ mezcla por lo tanto tres conceptos muy diferentes; de hecho, se puede ser a la vez por ejemplo gay y transexual, mientras que para alguien de género fluido la propia clasificación hetero - gay deja de tener sentido. El meter todo en el mismo saco viene de que el machismo por una parte confunde homosexualidad con transexualidad, y por otra estigmatiza ambos conceptos por un mismo motivo, que es el desviarse de la dualidad hombre - mujer: para el machismo todo el mundo debe identificarse como hombre o como mujer, esa identidad debe coincidir con su sexo biológico, y además las parejas deben estar formadas por un hombre y una mujer.

Meter en un mismo saco a gays, lesbianas, trans, inter y no binarios tiene una utilidad a nivel político para luchar contra el machismo y en ese sentido está bien, pero conviene tener en cuenta que presenta sus limitaciones a la hora de construir identidades que sirvan como vehículo para conocer, aceptar y explorar nuestra propia sexualidad.

¿Orientación sexual es solo ser gay, hetero o bi?

Nos enseñan que las personas nos dividimos por nuestra orientación sexual en homo y heterosexuales; luego estarían los bisexuales en medio de ambas categorías. Parece correcto y lógico, pero tiene trampa: supone aceptar de manera implícita que el género por el que te sientes atraído es lo único que define tu orientación sexual. Se trata de si te gustan las personas de tu mismo género, del otro o si te gustan ambos. ¿Y con eso ya queda definida tu sexualidad?

Mi postura es que aceptar, reconocer y respetar la homo y la bisexualidad es fundamental, pero esto no cierra el abanico de la sexualidad ni mucho menos, sino que no es más que un primer paso necesario pero insuficiente; no tengo claro que la pregunta de cuál es el género objeto de tu deseo sea la clave para definir la sexualidad de alguien; hay otros dos aspectos que en mi opinión son igual de importantes a la hora de disfrutar del sexo sin inhibiciones que las dualidades hombre-mujer, hetero-gay, cis-trans no abordan. 

Sexualidad vs Afectividad: Un debate pendiente

El primero de esos dos aspectos es la relación entre sexualidad y afectividad; el heteropatriarcado, si lo queremos llamar así, o podemos llamarlo simplemente el machismo, o la sociedad tradicional, o los convencionalismos, nos han impuesto no solamente que la heterosexualidad, la atracción por el otro género, es la norma, sino que además la sexualidad debe ir unida a la afectividad, y esta a su vez a la exclusividad, al sentimiento de posesión y al deseo de control de la otra persona, es decir, a la monogamia. Quien no sea monógamo, al igual que quien no es heterosexual, está fuera de la norma: es un pervertido o un vicioso incapaz de asociar sexo con sentimiento y que busca compulsivamente una pareja cada noche. No se admite ninguna opción intermedia entre la monogamia y la promiscuidad. O buscas pareja o buscas un polvo rápido y anónimo donde las expresiones de cariño deben reducirse a un mínimo o directamente están prohibidas; no puede haber nada en medio.

No estoy criticando la monogamia como opción que puede ser perfectamente válida para muchas personas; sí lo critico como imposición: no es la mejor opción para todo el mundo, aunque las comedias románticas y el cine y la música y la publicidad y todo nos digan que es lo que todos queremos en realidad. Recientemente el poliamor está intentando dar opciones a muchas personas que no se sienten (nos sentimos, puesto que me considero una de ellas) identificadas con la pareja monógama basada en la posesión y los celos, pero tampoco con el sexo deshumanizado en el que la otra persona es solo un vibrador o un muñeco hinchable de carne que necesita un recambio cada noche (el muy habitual busco pollón o busco culazo); al decirlo así parece que estoy criticando ambas posturas y no es eso, ambas me parecen muy respetables, solo intento introducir el punto de vista de alguien que no se identifica ni se siente atraído por ninguna de las dos. Para explicarlo de manera simple, el poliamor consiste en dar una vuelta al concepto del follamigo o amigo con derecho a roce, así como al de las parejas abiertas, y explorar y disfrutar sus posibilidades: porque sí debería ser posible buscar afectividad y conexión personal en el sexo sin que ello implique exclusividad ni control. 

Salir de esa dicotomía monogamia / polvo exprés tendría en mi opinión dos grandes ventajas: en primer lugar poder plantear relaciones de pareja basadas en aspectos positivos, como la lealtad y la ayuda mutua, y no en un aspecto negativo, como es la represión del deseo que no va dirigido hacia la pareja. Y en segundo lugar, a muchas personas les permitiría relajarse y no ponerse nerviosos porque alguien quiera quedar una segunda vez con ellos o invitarlos a tomar una caña antes o después del sexo; pues no, eso no tiene por qué significar que el otro se quiera casar contigo ni que esté ya pillado por ti; a lo mejor no eres tan irresistible como te crees ni el otro está tan desesperado. Y además sí, por supuesto que algunas personas pueden estar enamoradas de alguien y acostarse con un tercero, y todavía más, sentir también afecto por ese tercero, aunque las comedias románticas nos hayan metido en la cabeza que eso no puede ser y que si alguien se siente así está siendo frívolo o se está engañando a sí mismo o está confundido.

Y, para liarla más, llega el fetish

Y llegamos al segundo aspecto que el término LGBTIQ + deja de lado, la segunda imposición del heteropatriarcado: que el sexo debe estar basado en la penetración, la erección y el culto al pene. La penetración vaginal o anal es el auténtico sexo y todos los demás juegos sexuales que puede haber entre dos o más personas son preliminares, una palabra que me encantaría borrar del diccionario; para el pensamiento conservador, que tienen la mayoría de las personas, tanto los hetero como los LGBTIQ+, los "preliminares" son una chorrada prescindible pero aceptable siempre y cuando su función sea ayudar a llegar al auténtico sexo, a la erección y a la penetración. Frente a ese sexo de verdad existirían las patologías o las perversiones, esos pobres enfermos que para excitarnos necesitamos vestirnos de cuero o de goma, o fingirnos amos o bebés o perritos, o atarnos, o que nos peguen, o atar y pegar a otros.

Todavía falta bastante para que mucha gente llegue al punto de entender que ser gay o lesbiana no es el único armario y que abrir el armario del fetish, que es como se llama al sexo no centrado en la penetración, sería una liberación para muchas personas que sienten culpabilidad y frustración por no sentirse cómodos con fantasías que pueden tener un lugar muy importante en su sexualidad. Y si no se sienten cómodos puede ser en parte por cuestiones personales, pero tiene un enorme peso una presión social que ridiculiza, se burla, estigmatiza y caricaturiza el sexo fetish, al igual que hasta hace poco se hacía con las personas LGBT, a las que se reducía al estereotipo de el marica y de la bollera. El fetish se encuentra todavía en los tiempos anteriores a la liberación gay, necesita su Stonewall.

El prejuicio contra el fetish se asocia también con la dicotomía monogamia / promiscuidad: el amante del BDSM o del cuero es un vicioso que participa en orgías, que toma drogas, que practica sexo sin preservativo, y largo etcétera. No se concibe que pueda vivir en pareja, que pueda ser romántico, que pueda solo gustarle que le aten pero no que le azoten ni vestirse de cuero o goma; debe responder al estereotipo de guarro al que le gusta todo. Pero la realidad es que los amantes del fetish pueden ser heteros, gays o bis, cis, trans o queer, monógamos, promiscuos o poliamorosos, pueden tener un único fetiche o varios, puede gustarles la penetración o no, puede gustarles mezclar la penetración con su fetiche o no, puede gustarles el sexo duro o suave, etc. Y eso es un hueso duro de roer en un mundo en el que nos encanta reducir a las personas a estereotipos unidimensionales.

La libertad no es imitar los errores de los heteros

Por lo tanto, el poder aceptar que nos gustan las personas de nuestro mismo sexo, o que nuestra identidad de género no coincide con nuestro sexo biológico, es un primer paso importante hacia esa revolución sexual de la canción de La casa azul, pero no es suficiente. Caer en la sexualidad pequeñoburguesa basada en la penetración y la monogamia, es decir, meternos en los mismos corsés del mundo hetero, tal vez funcione para muchas personas, pero otros no queremos eso y sería una pena que la lucha de tantos años y de tantas personas acabara en defender los viejos clichés del heteropatriarcado, solo que con dos chicos o dos chicas en lugar de un chico y una chica. Al igual que nadie les pide a los heteros que se vuelvan gays pero sí que abran la mente, se pongan en nuestro lugar y nos respeten, va siendo hora de exigir lo mismo para el fetichismo, el poliamor y otras formas de vivir la sexualidad y la afectividad. 

sábado, 6 de abril de 2019

¿Podrían dejar de llamar fetish a fiestas de sexo?

Como decía en este post, el fetish o sexo fetichista es sexo no centrado en la penetración. El sexo "normal", al que algunos fetichistas preferimos llamar sexo vainilla, está basado en el culto al pene y a la penetración; el objetivo es la penetración, toda la actividad sexual gira en torno a ella y el resto de prácticas se convierten en preliminares o en complementos cuya función es facilitarla.

En el fetish, esos otros elementos complementarios o preliminares pasan a ocupar el primer plano. Un amante del BDSM puede disfrutar, y mucho, una sesión de bondage (atar) o de spanking (azotar) en la que no hay contacto sexual. Esto no quiere decir que no pueda haber también penetración, oral, anal o ambas, en el BDSM pero no son el objetivo último de la sesión; si lo son es que probablemente no se trate de BDSM. Disfrutar del tacto de la goma o del cuero, en tu cuerpo o en el de otra persona, es otro de los fetiches más comunes. Otros fetiches son juegos de rol en los que los participantes asumen el comportamiento de un perro (el pup play) o de un niño o bebé (age play o adult babies). 

Por lo tanto, el término sexo fetichista no es del todo correcto, salvo que pensemos en un concepto de sexo mucho más amplio que el de lo que se suele llamar relaciones sexuales, porque hay personas que no buscan un contacto sexual directo sino solo gozar de determinada ropa, materiales, juegos o roles.

La iconografía fetish es muy erótica y está muy trabajada, porque para los fetichistes la iconografía es fundamental en su sexualidad; por lo tanto es pasto de apropiación por parte de la industria del sexo y por extensión del ocio nocturno. Viendo los carteles de muchas fiestas de las discotecas gays de Madrid podríamos pensar que la capital de España es un paraíso fetish cuando la realidad es más bien la contraria: en Madrid no existe ningún local gay fetichista.Toda la estética leather de bares y discotecas es eso, estética. 

Como muestra basta ver la web de Sleazy Madrid, el presunto gran encuentro fetish de la ciudad, en cuyas fotos brillan por su ausencia los uniformes de cuero, goma, pups, deporte, etc. y solo se ve lo de siempre, torsos desnudos con algún que otro pequeño arnés que no tape ningún músculo. Cuando se habla de códigos de ropa en Madrid las opciones se reducen a dos: gayumbos o desnudo, cuando las fiestas nudistas son lo más opuesto que puede haber al fetish.




Con esto no pretendo criticar las fiestas de sexo ni los locales de sexo; son estupendos, pero llamemos a las cosas por su nombre. Son fiestas de sexo (o sex parties, que queda más cool), no son fetish. No se trata de pensar que el fetish es algo superior ni pretendo ser selecto ni repartir carnés de fetichista; pero el lenguaje tiene una función, que es permitirnos identificar las cosas y comprender conceptos, y si empezamos a llamar a unas cosas por el nombre de otras lo que creamos es confusión, y bastante perdida anda ya la gente. 

A quien le guste ir sin camiseta y con el arnés de cuero está en su perfecto derecho y no lo critico en absoluto; sí critico que diga que es un fetichista del cuero porque no lo es. Un fetichista del cuero quiere vestir camisa y pantalón de cuero y sentir el cuero sobre su piel, no ir desnudo con una tira minúscula de cuero alrededor de los sobacos. Igual que quien le gusta que le den una palmada en el culo mientras lo follan no es un fetichista del spanking (seguramente ni sabrá ni lo que es spanking, ni tiene ninguna necesidad de saberlo) ni del BDSM. ¿Parece que estoy criticando a quien le gusta que le den una palmada en el culo mientras lo follan? Si es así, nada más lejos de mi intención, solo llamar a las cosas por su nombre.

Estas falsas fiestas fetish aparentemente dan visibilidad a la cultura fetichista, pero me temo que sus efectos negativos son superiores a los positivos: al apropiarse el sexo vainilla del vocabulario y de la estética del mundo fetichista nos dejan a los fetichistas sin formas de expresión y al final nos acaban invisibilizando todavía más. Y ahondan en la idea de que los fetichistas somos amantes del sexo duro, viciosos, que nos va todo, etc. Y muchos fetichistas lo son, pero otros para nada. A muchos amantes del bondage, casi me atrevería a decir que a la mayoría, no les interesa ir a una fiesta desnudos ni en calzoncillos ni les gusta el guarreo ni que les follen duro. Y con esto, insisto, no quiero decir que los amantes del bondage a los que sí les gustan las fiestas nudistas, el sexo duro y el guarreo sean menos legítimos como amantes del bondage. Simplemente digo que son dos cosas independientes.

sábado, 23 de febrero de 2019

En defensa de quien busca solo sexo

Seguro que todos hemos participado en cantidad de conversaciones en las que se critica que la mayoría de usuarios de las apps solo buscan sexo, todo un lugar común de la charla gay. Espero no ser el único que encuentra esas críticas una muestra más de la hipocresía en la que vivimos y de cómo nos gusta juzgar y meternos en la vida de los demás.

En primer lugar, no me considero quien de juzgar ni de valorar el estilo de vida de la gente; es que, más que parecerme bien la vida de los demás no me parece nada, porque no me considero con derecho de opinar.  Mucha gente vive en pareja abierta, y creo que nadie más que ellos dos deberían opinar sobre ello, o bien no busca pareja porque tiene una vida social con muchas amistades y actividades que les llenan y solo se meten en las apps para buscar sexo, o bien han optado por una vida solitaria dedicada a buscar sexo compulsivamente porque follar es lo que más les gusta en el mundo. Al margen de que ese tipo de vida nos guste o no para nosotros mismos, es la opción que estas personas han escogido, no perjudican a nadie con ella y por lo tanto es muy respetable.

Por otra parte, me parece estupendo, respetable y valiente todo lo que sea tener claro lo que quieres y no marear a los demás. Los que ponen desnudos en el perfil o te los pasan por privado, los que preguntan activo o pasivo de entrada, que van al grano, que te preguntan como andas de rabo al principio ... me parece perfecto, está clarísimo lo que buscan, si te interesa contestas y si no los ignoras, y además es poco probable que se ofendan si no reciben respuesta. Es una actitud estupenda, y lo digo sin ninguna ironía, a pesar de que a mí no me suele interesar el sexo deshumanizado y basado en cuerpazos y pollones; de hecho me gusta el BDSM que, en mi opinión, es lo contrario. Reconozco que a veces veo un chico muy guapo, con una expresión muy dulce, que solo busca sexo deshumanizado y no puedo evitar que me dé pena y me parezca un desperdicio, pero tengo claro que el error es mío por pensar así y no suyo, porque es su vida y no la mía y él la lleva como quiere.

Otra cosa muy distinta es los que van de románticos y de profunditos y en realidad están buscando el mismo polvo rápido que los otros, pero lo disfrazan de otra cosa y, como no saben lo que quieren, te marean y te toman el pelo hasta el infinito: los que te preguntan como andas de rabo y/o tienen en el perfil fotos descabezados y sin camiseta, y creen o quieren creer que están buscando pareja o amistad; eso es lo que convierte a las apps en una pesadilla y lo que comento en este otro post.