jueves, 23 de mayo de 2019

LGTBIQ: Demasiadas siglas y a la vez insuficientes



No sé en qué momento se consideró que el término "gay" no representaba adecuadamente a las lesbianas y el movimiento de liberación gay pasó a convertirse en gay-lésbico; a continuación en LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual) y es evidente que esa fragmentación no tiene fin. Ahora mismo ya vamos por LGBTIQ (I por Intersexuales y Q por Queer); si yo mismo, hombre gay autor de un blog sobre diversidad sexual, me lío y siempre dudo si se dice LGTB o LGBT, y no tengo muy claro si queer, género fluido y personas no binarias es la misma cosa o si hay matices entre un concepto y otro, me puedo imaginar el cacao en el que estamos sumiendo a la mayoría de la población.

Por qué no me gusta el término LGBTIQ +

Para evitar el desmadre de seguir incorporando nuevas letras (faltarían los asexuales y a saber cuántos grupos más), hay quien propone cerrar el término en LGBTIQ+, es decir, el resto que se den por incluidos en el +. Pero ¿en serio pretendemos que un palabro como LGBTIQ+, que casi parece un chiste inventado para ridiculizarnos, se va a poder integrar en el lenguaje y va a servir para definirnos y visibilizarnos? 

El argumento lógico en defensa de un término como LGBTIQ+ parecería ser que la sexualidad humana abarca muchas cosas y su diversidad es enorme y por ello es necesario un palabro muy complejo que englobe todo. Pero no, LGBTIQ+ no es un término adecuado en mi opinión para explicar todas las variantes sexuales por tres motivos: el primero, porque mezcla orientación sexual con teoría de género de una manera que considero confusa; el segundo, porque  solamente incide sobre una dimensión de la sexualidad;  y el tercero, complementario del segundo, porque ignora e invisibiliza dos cuestiones para mí fundamentales en la sexualidad que explicaré a continuación.

Una cosa es la tendencia sexual y otra el género

Cuando hablamos de que una persona es gay, hetero o bisexual estamos haciendo una clasificación de las personas por tendencia u orientación sexual; sin embargo cuando hablamos de personas cis, trans y no binarias no estamos hablando de su orientación sexual sino de su identidad de género; y cuando hablamos de intersexuales estamos hablando de un tercer concepto, que es el sexo biológico. El término LGTBIQ mezcla por lo tanto tres conceptos muy diferentes; de hecho, se puede ser a la vez por ejemplo gay y transexual, mientras que para alguien de género fluido la propia clasificación hetero - gay deja de tener sentido. El meter todo en el mismo saco viene de que el machismo por una parte confunde homosexualidad con transexualidad, y por otra estigmatiza ambos conceptos por un mismo motivo, que es el desviarse de la dualidad hombre - mujer: para el machismo todo el mundo debe identificarse como hombre o como mujer, esa identidad debe coincidir con su sexo biológico, y además las parejas deben estar formadas por un hombre y una mujer.

Meter en un mismo saco a gays, lesbianas, trans, inter y no binarios tiene una utilidad a nivel político para luchar contra el machismo y en ese sentido está bien, pero conviene tener en cuenta que presenta sus limitaciones a la hora de construir identidades que sirvan como vehículo para conocer, aceptar y explorar nuestra propia sexualidad.

¿Orientación sexual es solo ser gay, hetero o bi?

Nos enseñan que las personas nos dividimos por nuestra orientación sexual en homo y heterosexuales; luego estarían los bisexuales en medio de ambas categorías. Parece correcto y lógico, pero tiene trampa: supone aceptar de manera implícita que el género por el que te sientes atraído es lo único que define tu orientación sexual. Se trata de si te gustan las personas de tu mismo género, del otro o si te gustan ambos. ¿Y con eso ya queda definida tu sexualidad?

Mi postura es que aceptar, reconocer y respetar la homo y la bisexualidad es fundamental, pero esto no cierra el abanico de la sexualidad ni mucho menos, sino que no es más que un primer paso necesario pero insuficiente; no tengo claro que la pregunta de cuál es el género objeto de tu deseo sea la clave para definir la sexualidad de alguien; hay otros dos aspectos que en mi opinión son igual de importantes a la hora de disfrutar del sexo sin inhibiciones que las dualidades hombre-mujer, hetero-gay, cis-trans no abordan. 

Sexualidad vs Afectividad: Un debate pendiente

El primero de esos dos aspectos es la relación entre sexualidad y afectividad; el heteropatriarcado, si lo queremos llamar así, o podemos llamarlo simplemente el machismo, o la sociedad tradicional, o los convencionalismos, nos han impuesto no solamente que la heterosexualidad, la atracción por el otro género, es la norma, sino que además la sexualidad debe ir unida a la afectividad, y esta a su vez a la exclusividad, al sentimiento de posesión y al deseo de control de la otra persona, es decir, a la monogamia. Quien no sea monógamo, al igual que quien no es heterosexual, está fuera de la norma: es un pervertido o un vicioso incapaz de asociar sexo con sentimiento y que busca compulsivamente una pareja cada noche. No se admite ninguna opción intermedia entre la monogamia y la promiscuidad. O buscas pareja o buscas un polvo rápido y anónimo donde las expresiones de cariño deben reducirse a un mínimo o directamente están prohibidas; no puede haber nada en medio.

No estoy criticando la monogamia como opción que puede ser perfectamente válida para muchas personas; sí lo critico como imposición: no es la mejor opción para todo el mundo, aunque las comedias románticas y el cine y la música y la publicidad y todo nos digan que es lo que todos queremos en realidad. Recientemente el poliamor está intentando dar opciones a muchas personas que no se sienten (nos sentimos, puesto que me considero una de ellas) identificadas con la pareja monógama basada en la posesión y los celos, pero tampoco con el sexo deshumanizado en el que la otra persona es solo un vibrador o un muñeco hinchable de carne que necesita un recambio cada noche (el muy habitual busco pollón o busco culazo); al decirlo así parece que estoy criticando ambas posturas y no es eso, ambas me parecen muy respetables, solo intento introducir el punto de vista de alguien que no se identifica ni se siente atraído por ninguna de las dos. Para explicarlo de manera simple, el poliamor consiste en dar una vuelta al concepto del follamigo o amigo con derecho a roce, así como al de las parejas abiertas, y explorar y disfrutar sus posibilidades: porque sí debería ser posible buscar afectividad y conexión personal en el sexo sin que ello implique exclusividad ni control. 

Salir de esa dicotomía monogamia / polvo exprés tendría en mi opinión dos grandes ventajas: en primer lugar poder plantear relaciones de pareja basadas en aspectos positivos, como la lealtad y la ayuda mutua, y no en un aspecto negativo, como es la represión del deseo que no va dirigido hacia la pareja. Y en segundo lugar, a muchas personas les permitiría relajarse y no ponerse nerviosos porque alguien quiera quedar una segunda vez con ellos o invitarlos a tomar una caña antes o después del sexo; pues no, eso no tiene por qué significar que el otro se quiera casar contigo ni que esté ya pillado por ti; a lo mejor no eres tan irresistible como te crees ni el otro está tan desesperado. Y además sí, por supuesto que algunas personas pueden estar enamoradas de alguien y acostarse con un tercero, y todavía más, sentir también afecto por ese tercero, aunque las comedias románticas nos hayan metido en la cabeza que eso no puede ser y que si alguien se siente así está siendo frívolo o se está engañando a sí mismo o está confundido.

Y, para liarla más, llega el fetish

Y llegamos al segundo aspecto que el término LGBTIQ + deja de lado, la segunda imposición del heteropatriarcado: que el sexo debe estar basado en la penetración, la erección y el culto al pene. La penetración vaginal o anal es el auténtico sexo y todos los demás juegos sexuales que puede haber entre dos o más personas son preliminares, una palabra que me encantaría borrar del diccionario; para el pensamiento conservador, que tienen la mayoría de las personas, tanto los hetero como los LGBTIQ+, los "preliminares" son una chorrada prescindible pero aceptable siempre y cuando su función sea ayudar a llegar al auténtico sexo, a la erección y a la penetración. Frente a ese sexo de verdad existirían las patologías o las perversiones, esos pobres enfermos que para excitarnos necesitamos vestirnos de cuero o de goma, o fingirnos amos o bebés o perritos, o atarnos, o que nos peguen, o atar y pegar a otros.

Todavía falta bastante para que mucha gente llegue al punto de entender que ser gay o lesbiana no es el único armario y que abrir el armario del fetish, que es como se llama al sexo no centrado en la penetración, sería una liberación para muchas personas que sienten culpabilidad y frustración por no sentirse cómodos con fantasías que pueden tener un lugar muy importante en su sexualidad. Y si no se sienten cómodos puede ser en parte por cuestiones personales, pero tiene un enorme peso una presión social que ridiculiza, se burla, estigmatiza y caricaturiza el sexo fetish, al igual que hasta hace poco se hacía con las personas LGBT, a las que se reducía al estereotipo de el marica y de la bollera. El fetish se encuentra todavía en los tiempos anteriores a la liberación gay, necesita su Stonewall.

El prejuicio contra el fetish se asocia también con la dicotomía monogamia / promiscuidad: el amante del BDSM o del cuero es un vicioso que participa en orgías, que toma drogas, que practica sexo sin preservativo, y largo etcétera. No se concibe que pueda vivir en pareja, que pueda ser romántico, que pueda solo gustarle que le aten pero no que le azoten ni vestirse de cuero o goma; debe responder al estereotipo de guarro al que le gusta todo. Pero la realidad es que los amantes del fetish pueden ser heteros, gays o bis, cis, trans o queer, monógamos, promiscuos o poliamorosos, pueden tener un único fetiche o varios, puede gustarles la penetración o no, puede gustarles mezclar la penetración con su fetiche o no, puede gustarles el sexo duro o suave, etc. Y eso es un hueso duro de roer en un mundo en el que nos encanta reducir a las personas a estereotipos unidimensionales.

La libertad no es imitar los errores de los heteros

Por lo tanto, el poder aceptar que nos gustan las personas de nuestro mismo sexo, o que nuestra identidad de género no coincide con nuestro sexo biológico, es un primer paso importante hacia esa revolución sexual de la canción de La casa azul, pero no es suficiente. Caer en la sexualidad pequeñoburguesa basada en la penetración y la monogamia, es decir, meternos en los mismos corsés del mundo hetero, tal vez funcione para muchas personas, pero otros no queremos eso y sería una pena que la lucha de tantos años y de tantas personas acabara en defender los viejos clichés del heteropatriarcado, solo que con dos chicos o dos chicas en lugar de un chico y una chica. Al igual que nadie les pide a los heteros que se vuelvan gays pero sí que abran la mente, se pongan en nuestro lugar y nos respeten, va siendo hora de exigir lo mismo para el fetichismo, el poliamor y otras formas de vivir la sexualidad y la afectividad. 

sábado, 6 de abril de 2019

¿Podrían dejar de llamar fetish a fiestas de sexo?

Como decía en este post, el fetish o sexo fetichista es sexo no centrado en la penetración. El sexo "normal", al que algunos fetichistas preferimos llamar sexo vainilla, está basado en el culto al pene y a la penetración; el objetivo es la penetración, toda la actividad sexual gira en torno a ella y el resto de prácticas se convierten en preliminares o en complementos cuya función es facilitarla.

En el fetish, esos otros elementos complementarios o preliminares pasan a ocupar el primer plano. Un amante del BDSM puede disfrutar, y mucho, una sesión de bondage (atar) o de spanking (azotar) en la que no hay contacto sexual. Esto no quiere decir que no pueda haber también penetración, oral, anal o ambas, en el BDSM pero no son el objetivo último de la sesión; si lo son es que probablemente no se trate de BDSM. Disfrutar del tacto de la goma o del cuero, en tu cuerpo o en el de otra persona, es otro de los fetiches más comunes. Otros fetiches son juegos de rol en los que los participantes asumen el comportamiento de un perro (el pup play) o de un niño o bebé (age play o adult babies). 

Por lo tanto, el término sexo fetichista no es del todo correcto, salvo que pensemos en un concepto de sexo mucho más amplio que el de lo que se suele llamar relaciones sexuales, porque hay personas que no buscan un contacto sexual directo sino solo gozar de determinada ropa, materiales, juegos o roles.

La iconografía fetish es muy erótica y está muy trabajada, porque para los fetichistes la iconografía es fundamental en su sexualidad; por lo tanto es pasto de apropiación por parte de la industria del sexo y por extensión del ocio nocturno. Viendo los carteles de muchas fiestas de las discotecas gays de Madrid podríamos pensar que la capital de España es un paraíso fetish cuando la realidad es más bien la contraria: en Madrid no existe ningún local gay fetichista.Toda la estética leather de bares y discotecas es eso, estética. 

Como muestra basta ver la web de Sleazy Madrid, el presunto gran encuentro fetish de la ciudad, en cuyas fotos brillan por su ausencia los uniformes de cuero, goma, pups, deporte, etc. y solo se ve lo de siempre, torsos desnudos con algún que otro pequeño arnés que no tape ningún músculo. Cuando se habla de códigos de ropa en Madrid las opciones se reducen a dos: gayumbos o desnudo, cuando las fiestas nudistas son lo más opuesto que puede haber al fetish.




Con esto no pretendo criticar las fiestas de sexo ni los locales de sexo; son estupendos, pero llamemos a las cosas por su nombre. Son fiestas de sexo (o sex parties, que queda más cool), no son fetish. No se trata de pensar que el fetish es algo superior ni pretendo ser selecto ni repartir carnés de fetichista; pero el lenguaje tiene una función, que es permitirnos identificar las cosas y comprender conceptos, y si empezamos a llamar a unas cosas por el nombre de otras lo que creamos es confusión, y bastante perdida anda ya la gente. 

A quien le guste ir sin camiseta y con el arnés de cuero está en su perfecto derecho y no lo critico en absoluto; sí critico que diga que es un fetichista del cuero porque no lo es. Un fetichista del cuero quiere vestir camisa y pantalón de cuero y sentir el cuero sobre su piel, no ir desnudo con una tira minúscula de cuero alrededor de los sobacos. Igual que quien le gusta que le den una palmada en el culo mientras lo follan no es un fetichista del spanking (seguramente ni sabrá ni lo que es spanking, ni tiene ninguna necesidad de saberlo) ni del BDSM. ¿Parece que estoy criticando a quien le gusta que le den una palmada en el culo mientras lo follan? Si es así, nada más lejos de mi intención, solo llamar a las cosas por su nombre.

Estas falsas fiestas fetish aparentemente dan visibilidad a la cultura fetichista, pero me temo que sus efectos negativos son superiores a los positivos: al apropiarse el sexo vainilla del vocabulario y de la estética del mundo fetichista nos dejan a los fetichistas sin formas de expresión y al final nos acaban invisibilizando todavía más. Y ahondan en la idea de que los fetichistas somos amantes del sexo duro, viciosos, que nos va todo, etc. Y muchos fetichistas lo son, pero otros para nada. A muchos amantes del bondage, casi me atrevería a decir que a la mayoría, no les interesa ir a una fiesta desnudos ni en calzoncillos ni les gusta el guarreo ni que les follen duro. Y con esto, insisto, no quiero decir que los amantes del bondage a los que sí les gustan las fiestas nudistas, el sexo duro y el guarreo sean menos legítimos como amantes del bondage. Simplemente digo que son dos cosas independientes.

sábado, 2 de marzo de 2019

Como es una sesión BDSM conmigo: preguntas más frecuentes

Durante bastante tiempo he sido reacio a incluir esta entrada porque me da pudor contar cosas que son intimidades y porque no deseo cerrar la mente de nadie a que el BDSM es una cosa o es otra porque puede haber infinitos tipos de sesión; cada amo es como cada maestrillo, tiene su librillo, y lo que yo pongo aquí es simplemente lo que me gusta hacer a mí, que se parecerá mucho, bastante, algo, poco o nada a lo que les guste hacer a otros amos. Si otros amos tienen otros conceptos del BDSM, que hagan su blog, que describan sus sesiones, y yo se lo enlazo encantado. Pero bueno, al final me he decidido a contar cosas porque puede resultar práctico para algunos sumisos y le he dado formato de Preguntas más frecuentes:

1-  ¿Qué ropa tengo que ponerme y que tengo que hacer al empezar?

En primer lugar, cuando vienes a casa (porque, por seguridad, lo lógico es que sea el sumiso el que vaya a casa del amo más que al revés) entras y saludas con toda normalidad. El BDSM es un juego que empieza en un momento y acaba en otro momento, y fuera de ese intervalo nos tratamos con toda normalidad. Hablamos un poco, te tomas algo de beber si quieres, y rompemos el hielo. Es importante no venir con prisas.

No tienes que ponerte ropa especial, me da más morbo que traigas la ropa que sueles usar normalmente. Me gusta el chandal, pero solo si lo usas habitualmente, no quiero que te disfraces para venir. Por eso los suspensorios son un poco turn off para mí, mejor unos calzoncillos ajustaditos de los que suelas ponerte.

Una vez empieza la sesión, solo tienes que estar relajado y obedecer a lo que te mande. Para empezar me gusta pedirte que te estés quieto para cachearte, que te pongas en determinada postura y contemplarte, mandarte que te acerques para meterte mano, o cosas de ese tipo.

 2- ¿Tengo que desnudarme al entrar?

Como decía, entras con toda la normalidad. Yo decidiré y te diré cuando es el momento de quitarte la ropa y me gusta mucho hacerlo a mí, el momento de desnudarte es uno de mis preferidos en una sesión.

3- ¿Los azotes duelen? ¿Dejan marca?

Me encanta dar azotes en el culo, de hecho esa fue mi puerta de entrada al BDSM. Si la idea de sentir un cachete en el culo no te pone absolutamente nada, mejor busca otro amo. Si sí te pone pero tienes miedo de tener un umbral bajo de dolor, eso no es ningún problema porque me adapto fácilmente a muchos niveles; empiezo flojito y llego hasta donde veo que puedo llegar. Si me tengo que quedar en flojito me quedo, lo que me gusta es el ritual de los azotes, no es el dolor. Una sesión no es mejor por ser más dolorosa y evidentemente es mejor quedarse corto que pasarse; eso no significa que no haya que intentar no quedarse muy corto porque si tienes aguante vas a disfrutar más si te pegan fuerte.

Si no lo has probado no puedes conocer tu umbral de dolor, así que te puedes llevar una sorpresa tanto en un sentido como en otro, de aguantar más o menos de lo que pensabas. Hay un umbral psicológico que se puede superar si estás a gusto y confías en tu amo, pero también hay un umbral físico, hay pieles sensibles que como te descuides puedes producir morados fácilmente, y pieles duras que aguantan una paliza y se recuperan casi al momento. Con la experiencia se puede ir incrementando el umbral psicológico, mientras que con el umbral físico no hay mucho que hacer. Yo voy con cuidado y a día de hoy nunca he dejado marcas a nadie, el culito se queda rojo pero al cabo del rato, de minutos o como mucho de horas, se pasa sin dejar ninguna señal.

Si eres expresivo me lo pones fácil porque por tu forma de reaccionar voy a saber fácilmente si necesitas que te dé más fuerte o si ya estás alcanzando tu umbral; si eres poco expresivo te preguntaré, pero tú también puedes decir sin problemas que te dé más fuerte o más flojo.

Además de la mano me gusta usar instrumentos: palas y sobre todo la vara. Si se usan con cuidado, los instrumentos duelen algo más que la mano, porque es otro tipo de golpe, pero no tienen por qué ser nada peligrosos ni dejar marca, así que no tienes que tener ningún temor. Pero si te raya lo avisas, el uso de instrumentos es negociable.

Me gusta pegar en el culo y en la parte de arriba de los muslos, que es más sensible y duele más. También en la espalda (con látigo), con mucho cuidado también de no dejar ninguna marca; no es tan erótico como en el culo pero es más morboso de lo que parece. Si te raya que te pegue en la espalda lo dices y ya está, también es negociable. Se pega solo en la parte superior, los omoplatos; en la parte de los riñones es muy peligroso, cuidado si das con un amo que te quiera pegar ahí.

4- ¿Me vas a atar?

Una cierta reducción de la movilidad me parece innegociable en una sesión BDSM. Si no te pone la idea, igual que si no te pone nada que te den azotes, deberías plantearte quedarte en el sexo vainilla, en el polvo de toda la vida, y ya está. Entiendo que te dé reparo que te ate alguien que no conoces, pero es igual que los azotes, vamos a empezar por muy poquita cosa y a ver hasta donde quieres llegar; lo más básico son unas esposas de polipiel que son cómodas, no aprietan, y te las podrías quitar tú mismo. Si la cosa va bien y te veo dispuesto, me gusta ponerte en posturas algo más forzadas, atado de pies y manos y amordazado, para que disfrutes de esa indefensión, aunque en ningún momento vas a estar totalmente inmovilizado; cuando te meten mano estando sujeto y sin poder oponerte es muy, muy, morboso.

No suelo vendar los ojos en la primera sesión porque entiendo que el sumiso se puede sentir demasiado vulnerable; si te da morbo la idea prefiero que lo propongas tú.

5- ¿Hay sexo? ¿Me vas a follar?

Sí exijo poder tocarte donde quiera en la sesión, incluyendo pene y testículos. Si no quieres nada más en cuanto a sexo no es problema, es negociable, pero avísalo; en principio el sumiso de rodillas haciendo sexo oral es de lo más erótico que puede haber y si no dices nada cuento con ello. También con jugar contigo hasta que te corras y controlar cuando puedes hacerlo.

Lo que no hay es penetración anal; o sí, pero solo con dedo y plugs. Si no quieres nada anal, eso también es negociable. Pero si exiges sexo anal, lo siento pero no, y no es negociable. Igual que el sumiso puede no sentirse cómodo con determinadas cosas en una sesión, yo no me siento cómodo follando con un desconocido o con alguien que solo veo esporádicamente. Y luego reconozco que funciona muy bien como filtro para quedarte con quien realmente tiene curiosidad por el BDSM. Un sumiso que se pasa la sesión pensando cuando me lo voy a follar y ve todo lo demás como preliminares (palabra que detesto), no me interesa. 

6- Me gustan las jaulas de castidad, ¿me vas a poner una?

La jaula es algo para una relación continua de amo / sumiso, no tiene sentido plantearlo en una sesión esporádica.

7 - ¿Tienes palabra de seguridad?

No veo la necesidad, si en algún momento no estás a gusto lo dices y ya está. Aunque en ese momento lleves puesta la mordaza, es fácil comunicarte.

8 - ¿Cuánto dura la sesión?

En BDSM las prisas son malas; en menos de una hora lo veo imposible, y si la cosa va bien es fácil ponerse en hora y media.

sábado, 23 de febrero de 2019

Material y ejemplo de sesión BDSM

Os enseño la mayoría del material del que dispongo para sesiones. La primera foto es de instrumentos para zurrar el culito y la segunda para atar, sujetar y dominar. Naturalmente nunca se usan todos en una misma sesión, no habría tiempo material, y son todos voluntarios.

Las otras dos fotos han sido tomadas durante una sesión en la que el sumiso fue atado y azotado.







Nociones sobre BDSM

Hay bastante confusión entre lo que muchos llaman ser sumiso en el sexo, y lo que es ser sumiso en una relación BDSM. Con este post intento aclarar conceptos; lo primero que debe tener claro alguien que quiere introducirse en el BDSM es si eso es realmente lo que busca o si está confundiendo términos.

El BDSM es fetish, sexo fetichista, por oposición al sexo convencional, que los aficionados al BDSM solemos llamar sexo vainilla. El sexo vainilla está basado en el culto al pene y a la penetración; el objetivo es la penetración, toda la actividad sexual gira en torno a ella y el resto de prácticas se convierten en preliminares o en complementos cuya función es facilitarla.

En el BDSM, y en todo lo que es el fetish, esos otros elementos complementarios o preliminares pasan a ocupar el primer plano. Un amante del BDSM puede disfrutar, y mucho, una sesión de bondage (atar) o de spanking (azotar) en la que no hay contacto sexual. Esto no quiere decir que no pueda haber también penetración, oral, anal o ambas, en el BDSM pero no son el objetivo último de la sesión; si lo son es que probablemente no se trate de BDSM.

Así que si lo que estás buscando es que te den algún azote mientras te follan, o que te follen con las manos atadas, no escribas a un perfil BDSM, propónselo más bien a un activo vainilla. Y si eres de los que no queda con alguien que no tenga cuerpo de gimnasio o determinado tamaño de polla, tampoco hagas perder el tiempo a un amo escribiéndole; el sexo basado en cuerpazos y pollones es lo más alejado que se me ocurre del BDSM.

Otra idea bastante difundida es confundir el BDSM con sexo abusivo, que no tiene nada que ver. A veces me escriben "sumisos" que buscan una relación machista donde su placer no cuente y donde el amo haga lo que quiera con él; eso no es dominación-sumisión, de ser verdad que alguien busca eso, y no se trata de una fantasía, lo que buscaría sería una relación tóxica. En BDSM no se dan hostias ni se degrada a nadie; hay violencia pero está muy pactada y ritualizada y el placer del sumiso cuenta igual que el del amo, lo que ocurre es que uno lo experimenta a través de dejarse hacer y el otro a través de hacer cosas en el cuerpo del sumiso: ver como gime, como se le pone rojo el culo cuando se le azota, como se retuerce cuando se le mete mano o se le pellizcan los pezones cuando tiene las manos atadas y está indefenso o totalmente inmovilizado, etc. La dominación y sumisión es explorar este tipo de juegos; no tiene nada que ver con la auténtica humillación ni la degradación personal. Además es un juego que se acaba al finalizar la sesión; fuera de ella el sumiso es tratado con el mayor respeto.

Como debe comportarse un sumiso

Con frecuencia me contactan chicos que tienen fantasías de sumisión y que no tienen muy claro como quieren canalizarlas, que esperan de su amo, papi o dominante y que espera este de ellos, a ver si este post les ayuda.

Empiezo con un consejo a los amos: durante el contacto previo a la sesión, es tarea del amo currarse un perfil donde explique que le gusta hacer, o si no le tocará tener que contar la misma historia a cada sumiso individualmente. Es importante decir qué prácticas te gustan: si te gusta o no atar, dar azotes, insultar, escupir, si buscas una sesión necesariamente con sexo, necesariamente sin sexo, que tipo de sexo, .... No dar nada por sentado, el BDSM es muy diverso y cada amo somos un mundo, así que tienes que decir lo más claro posible qué te gusta y qué no te gusta. Aunque lo de duro o blando sea relativo, tienes que decir también si te gusta algo fuerte o algo más suave o si te adaptas a todo, sobre todo en cuanto a dolor, que será probablemente lo que al sumiso más dudas le genere, más aún si no tiene experiencia. Es importante que el sumiso sepa a que atenerse cuando te contacte o cuando tú le contactes, él va a ser el que se entregue y el que está en una posición vulnerable así que hay que facilitarle las cosas.

En cuanto a los sumisos, cuando contactes con un dominante piensa que antes de ti le han contactado decenas o tal vez cientos de chicos que no saben lo que quieren y le han estado mareando, así que intenta demostrar que no eres otro chico que anda perdido, que como mínimo te has leído su perfil y, aunque no tengas experiencia y estés lleno de dudas, sí tienes una mínima idea de lo que buscas. En mi experiencia personal, cuando un sumiso me pregunta qué me harías o en qué consiste la sesión, lo que me pide el cuerpo es mandarlo a paseo porque para algo me he currado un perfil que explica que hago y no hago en una sesión, así que la conversación no puede partir de cero; las preguntas deben ser más específicas: aclarar si te gusta o no te gusta tal cosa, si quieres jugar a un determinado rol, si tienes alguna fantasía en especial, si hay algo que te preocupa y que no quieres hacer ..... Pero pedir que te expliquen que es el BDSM o que te cuenten con pelos y señales como es una sesión, qué te hacen, como, cuando y en qué orden, no. La sesión debería construirse entre dos; si tú no aportas nada, que menos que fiarte del otro que sí lo tiene claro. Una cosa es pactar límites y establecer reglas del juego, y otra muy distinta pensar que el amo está ahí para satisfacer tu curiosidad morbosa y para contestar doscientas preguntas que lo único que demuestran es que no sabes lo que quieres y que le estás haciendo perder el tiempo.

Ya una vez en la sesión, el sumiso debe estar tranquilo, entregado y confiado y dejarse hacer; si no eres capaz de ceder el control porque eres desconfiado es que el BDSM no es lo tuyo y deberías quedarte en el sexo vainilla; por supuesto, si en algún momento el sumiso no se encuentra a gusto o no le apetece hacer alguna cosa debe decirlo con toda la naturalidad; lo ideal sería haberlo hablado antes de la sesión pero no somos perfectos. Conviene recordar que el BDSM no tiene nada que ver con una relación abusiva en la que solo cuenta el placer de uno. El amo disfruta desde su rol activo (no me refiero solo a penetración sino a todo) y el sumiso desde la entrega y la pasividad, pero en ningún caso el sumiso  debe creer que es una especie de muñeco que debe aguantar sin reaccionar lo que el amo quiera hacerle; con gemidos, movimientos, lenguaje corporal, etc. debe dar pistas al amo de si está disfrutando, si está cómodo, si está alcanzando su límite, si no puede más, o si por el contrario se le puede y debe dar más caña: azotar más fuerte, atar más apretado, pellizcar más fuerte el pezón, introducir un plug más grande o lo que consista el juego que se está haciendo en cada momento. Como todo en el sexo, es un juego de dos. Las reacciones del sumiso son muy estimulantes y una de las mayores fuentes de placer para el amo.

Naturalmente esta interacción debe llevarse a cabo dentro del respeto a los roles del juego. Alguna vez me he encontrado con sumisos pasivo-agresivos que buscaban un amo teledirigido que en cada momento les haga lo que les apetece, y a estos hay que recordales las normas básicas: cuenta el placer de los dos, no solo el de uno, y el rol del sumiso es entregarse y dejarse hacer. Una cosa es hacer ver que te están azotando muy fuerte o pedir en algún momento puntual que te besen o te muerdan, y otra muy distinta pasarte la sesión dando órdenes y diciendo ahora tócame aquí, ahora hazme esto y aquello. Ni un amo ni nadie debería ser tu dildo ni tu juguete.

Por último, después de la sesión se agradece el feedback; decir si algo te ha gustado en especial, si en algún momento te has sentido incómodo ... La crítica constructiva es bienvenida. Los amos podemos tener más o menos intuición pero no leemos la mente. Que una sesión BDSM funcione depende de la implicación de los dos.

En defensa de quien busca solo sexo

Seguro que todos hemos participado en cantidad de conversaciones en las que se critica que la mayoría de usuarios de las apps solo buscan sexo, todo un lugar común de la charla gay. Espero no ser el único que encuentra esas críticas una muestra más de la hipocresía en la que vivimos y de cómo nos gusta juzgar y meternos en la vida de los demás.

En primer lugar, no me considero quien de juzgar ni de valorar el estilo de vida de la gente; es que, más que parecerme bien la vida de los demás no me parece nada, porque no me considero con derecho de opinar.  Mucha gente vive en pareja abierta, y creo que nadie más que ellos dos deberían opinar sobre ello, o bien no busca pareja porque tiene una vida social con muchas amistades y actividades que les llenan y solo se meten en las apps para buscar sexo, o bien han optado por una vida solitaria dedicada a buscar sexo compulsivamente porque follar es lo que más les gusta en el mundo. Al margen de que ese tipo de vida nos guste o no para nosotros mismos, es la opción que estas personas han escogido, no perjudican a nadie con ella y por lo tanto es muy respetable.

Por otra parte, me parece estupendo, respetable y valiente todo lo que sea tener claro lo que quieres y no marear a los demás. Los que ponen desnudos en el perfil o te los pasan por privado, los que preguntan activo o pasivo de entrada, que van al grano, que te preguntan como andas de rabo al principio ... me parece perfecto, está clarísimo lo que buscan, si te interesa contestas y si no los ignoras, y además es poco probable que se ofendan si no reciben respuesta. Es una actitud estupenda, y lo digo sin ninguna ironía, a pesar de que a mí no me suele interesar el sexo deshumanizado y basado en cuerpazos y pollones; de hecho me gusta el BDSM que, en mi opinión, es lo contrario. Reconozco que a veces veo un chico muy guapo, con una expresión muy dulce, que solo busca sexo deshumanizado y no puedo evitar que me dé pena y me parezca un desperdicio, pero tengo claro que el error es mío por pensar así y no suyo, porque es su vida y no la mía y él la lleva como quiere.

Otra cosa muy distinta es los que van de románticos y de profunditos y en realidad están buscando el mismo polvo rápido que los otros, pero lo disfrazan de otra cosa y, como no saben lo que quieren, te marean y te toman el pelo hasta el infinito: los que te preguntan como andas de rabo y/o tienen en el perfil fotos descabezados y sin camiseta, y creen o quieren creer que están buscando pareja o amistad; eso es lo que convierte a las apps en una pesadilla y lo que comento en este otro post.