domingo, 25 de agosto de 2019

Diez tópicos falsos sobre BDSM

Tal vez lo más didáctico para dar a entender que es el BDSM sea explicar que no es y desmentir los tópicos más habituales que tiene la gente sobre esto.

Aclaro, porque saldrá en varios puntos, que con sexo vainilla quiero decir sexo convencional basado en la penetración, es decir, el sexo "normal".

1. Los amantes del BDSM visten de cuero

El fetichismo del cuero y de la goma y el BDSM son dos territorios diferentes, aunque algunas personas, y diría que no tantas como se podría pensar, disfruten de las dos cosas. La poderosa iconografía de Tom de Finlandia está probablemente en el origen de esta asociación, así como que se trata de dos de las ramas principales del fetish o fetichismo, por lo que en encuentros fetichistas, como Folsom Europa, en Berlín, se puede ver mucho cuero y mucha goma, y también bastante BDSM.

Pero hay muchas personas que disfrutan vistiéndose de cuero o de goma y no practican roles de dominante-sumiso, ni spanking, ni bondage, ni nada a lo que podamos llamar BDSM. Y también muchos practicantes de BDSM que no sienten ningún interés por el cuero ni la goma. Así que el tópico del amo con la gorra y la chaqueta de cuero es eso, un tópico.

2. No me interesa el BDSM porque no me gusta el dolor

El sadomasoquismo, el disfrutar sintiendo dolor o causándoselo al otro, es solo una parte del BDSM (por eso se llama así y no SM a secas), muchos amantes del BDSM no nos consideramos sádicos ni masoquistas. En algunas práctica BDSM el dolor tiene su lugar (también en el sexo anal vainilla puede haber dolor, por cierto, y a veces más), pero para muchas personas no es el elemento principal sino la parte psicológica de ritual, humillación y sumisión, por lo que prácticas como el spanking (azotes en el culo) o la flagelación se pueden disfrutar desde niveles de dolor muy diferentes.

Por no hablar de prácticas como el bondage, disfrutar con ataduras, restricciones y ligaduras, que es una de las ramas principales del BDSM y que en principio no implica ningún dolor, aunque algunos de los amantes del bondage también lo mezclen con otras prácticas que sí pueden ser dolorosas.

Además el cariño y la suavidad no son para nada incompatibles con el BDSM, sobre todo en juegos de roles como papi-hijo o handler-puppy, donde el dominante puede ser muy cariñoso con el sumiso.

3. Me interesa el BDSM porque me gusta follar o que me follen duro

Si tu idea del BDSM es un tio rudo, agresivo, preferentemente de polla enorme y cuerpo de gym, que te arranca la ropa y te pone a cuatro patas para follarte duro y que te duela mientras te llama puta y perra y te escupe, pues es muy respetable que tengas esa fantasía y que la lleves a la práctica, pero que sepas que eso tiene cero que ver con el BDSM. Entiendo que es muy confuso, porque, sobre todo en Tuamo, vas a encontrar muchos "amos" de ese estilo, y también vas a ver mucho porno de ese tipo en Internet, pero ese porno suele venir de los estudios mainstream, no de pequeñas compañías especializadas en fetish. Si te pones a ver porno auténticamente fetish (por ejmplo Captured guys o Sting pictures), verás que es bastante diferente y que normalmente ni siquiera hay penetración.

Y si asocias que a alguien le guste vestirse de cuero, atar o dar azotes con que le guste follar duro, eso también es un tópico. Los amantes del fetichismo, así como los del spanking, bondage y demás prácticas BDSM, a veces no quieren penetración en las sesiones, muchas veces no mezclan el sexo vainilla con su fetiche y otras sí, pero les puede gustar suave.

4. Me interesa el BDSM porque soy pasivo "sumiso"y me encantan esos "preliminares"

Es muy parecido al punto anterior, pero la gente está tan confundida con esto que insisto. En primer lugar, la dualidad activo-pasivo es  propia del sexo vainilla, en la que se ha construido toda una mitología y casi una explicación del universo en torno a ser activo y pasivo. El sexo fetichista, incluyendo el BDSM, no está basado en el pene, menos aún en la penetración, menos aún en la penetración anal, y menos aún en los roles activo-pasivo tal como se entienden en el sexo vainilla. Entiendo que considerarte activo o pasivo para ti forme parte de tu identidad más íntima y hayas construido toda tu sexualidad en torno a ello, pero, aunque te parezca increíble, hay otras personas que sentimos la sexualidad de otra manera y que lo de activo o pasivo nos dice más bien poca cosa.

Lo explico más claro: si te consideras  muy pasivo y te gusta dejarte hacer en la cama, probablemente a eso se le pueda llamar ser sumiso, pero no tiene nada que ver con el concepto de ser sumiso en BDSM. Un sumiso en BDSM es alguien a quien le gusta estar atado, y /o  que le den azotes (y no me refiero a un par de cachetitos mientras te follan), y /o inmovilizado en una postura determinada, y / o hacer el papel de alumno, bebé, perrito, etc. Si no te atrae nada de esto, si no entiendes que alguien se pueda sentir igual de excitado con estos juegos que tú cuando ves un pollón, o si te atrae un poco pero solo como juego preliminar para que te follen luego, no eres lo que se entiende en BDSM por un sumiso, y lo que debes buscar no es un amo, sino a un vainilla activo al que proponerle introducir tal o cual preliminar antes de que te folle.

Además, por cierto, existen amos que son pasivos en cuanto a sexo anal, aunque es cierto que no es lo más habitual.

5. El BDSM está de moda, he visto muchos carteles que anuncian fiestas BDSM

En Barcelona no estoy seguro, y si alguien tiene noticias al respecto le agradezco que me lo cuente, pero en Madrid no existe ningún local BDSM ni fetichista. Las "fiestas fetish" que se organizan son fiestas de sexo, orgías o como lo quieras llamar. En otros países tienen clara la diferencia entre un fetish bar y un sex bar, pero en España hay mucha confusión entre un término y otro. Los supuestos fetish bars de Madrid son todos sex bars. Con ello no critico a los bares, que muchas veces intentan organizar encuentros fetichistas, pero el público no responde y acaban limitándose a sexo vainilla.

Otra cosa es que, para llamar la atención, se utilice iconografía falsamente fetichista para los anuncios de las fiestas de los locales. Digo falsamente porque suelen aparecer tíos con el torso desnudo y con un arnés de cuero mini para que no tape ningún músculo, cuando a un fetichista del cuero lo que le gusta es llevar una camisa o un chaleco y sentir bien el material sobre su piel.

En cualquier caso, un local en el que van tios sin camiseta a hacer orgías, por mucho que en ellas se puedan escuchar azotes, no tiene nada que ver con el fetichismo ni con el BDSM, que, lejos de estar de moda, siguen siendo grandes desconocidos.

He aquí un ejemplo de fiesta pseudofetish con iconografía pseudofetish:


6. Me interesa el BDSM pero no tengo dinero para comprar juguetes

Los juguetes dan mucha gracia a una sesión, pero no son ni mucho menos imprescindibles y es cierto que son muy caros. Igual que un buen cantante puede defenderse a capela, un buen amo puede dominar simplemente usando su cuerpo, su voz y algún elemento casero. La mano es el mejor instrumento para dar azotes, se pueden atar las muñecas con un cinturón o con cuerda de tender la ropa, ... Lo importante es la imaginación porque, cuando sabes lo que te gusta, siempre encuentras la manera de hacerlo aunque no tengas dinero.

Y también hay que tener en cuenta lo contrario, que el hábito no hace al monje. He conocido chicos con un gran repertorio de material, con máscara de pup, etc. y que luego no tenían una idea clara de qué querían hacer con ello; por alguna razón que no acabo de entender quieren comprar su condición de (falsos) fetichistas. Pero ser fetichista no es cuestión de dinero ni de consumismo: ni el mejor material es el más caro ni se es mejor amo ni sumiso por tener más o menos material.

7. No puedo practicar BDSM porque me van a ver las marcas

Lo más habitual es que una sesión BDSM no deje ninguna marca en la piel pasados algunos minutos o algunas horas. Ten en cuenta que  cada piel es un mundo y que fotos que puedes ver en Internet que te pueden parecer tremendas porque parece que le han destrozado el culo a alguien pueden engañar, a lo mejor pasadas unas horas no les quedaba la menor marca. O sí; hasta que no juegues no vas a conocer la resistencia de tu piel y donde tienes que poner tus límites. Por eso hay que ir poco a poco; no porque se vayan a ensanchar tus límites, porque quien tiene la piel fina la tiene fina y eso no cambia, sino porque los vas a ir conociendo mejor.

En cualquier caso, atar con cuidado no deja marcas y azotar con cuidado tampoco. Es mentira que azotar con determinados instrumentos, como un cinturón o una vara, deje marcas. Ningún instrumento usado con cuidado deja marcas; otra cosa es que algunos instrumentos requieran más pericia o más experiencia que otros para usarlos con cuidado o que, efectivamente, puedan ser más peligrosos.

Eso sí, cuidado con venirse arriba antes de la sesión, calentando al amo con que quieres recibir la paliza de tu vida, etc. porque, si quieres una experiencia muy intensa, sí te puede salir algún morado y notarse durante algunos días.

8. En BDSM el dominante hace lo que quiere con el sumiso

Me contactan a veces chicos que se interesan por el BDSM pero no tienen muy claro qué es lo que quieren hacer, y sobre todo que consideran que, como van a ser los sumisos, no tienen nada que aportar sino que yo soy el que decido y puedo hacer lo que quiera con ellos. Normalmente no es algo tan extremo, sino que sí me informan de ciertos límites o cosas que no quieren hacer, pero por lo demás consideran que su rol es dejarse hacer y "aguantar" lo que a mí me apetezca.

Esto tal vez sea así en un rol amo-esclavo y en una relación de BDSM extremo, pero no es ni mucho menos lo habitual. Un juego de dominación-sumisión es bidireccional y se construye a partir de los deseos y fantasías de ambas partes. El sumiso debe aportar sugerencias e implicarse antes de la sesión diciendo que le gusta o que fantasías tiene; incluso durante la sesión, aunque su rol sea el de dejarse hacer, su interacción es importante: a través de gemidos, movimientos, lenguaje no verbal, etc. puede dar muchas pistas de si el juego está yendo en la dirección adecuada. La actitud proactiva del sumiso evita además el dar con amos abusivos, que puede haberlos.


9. Ser sumiso es que te gusten las hostias

"Dar hostias" no tiene NADA que ver con el BDSM, y si algún supuesto amo usa términos como ese puede ser una buena pista de que no tiene ni idea del tema y que por lo tanto puede ser peligroso quedar con él. Cuando un amo golpea a un sumiso (e insisto en que hay variantes del BDSM en las que no se golpea de ninguna manera) lo hace de una forma muy ritualizada y consensuada de antemano; lo más habitual es pegar solo en el culo (por cierto, spanking es pegar en el culo exclusivamente, si alguien llama spanking a golpes en otra parte del cuerpo es otro indicio de que no tiene ni idea).

Se puede azotar en la espalda, muslos u otras zonas con látigos o fustas, pero es importante que el dominante sepa lo que hace y se hable primero; salvo que sea alguien con quien hayas hablado mucho o que te dé mucha confianza, igual en la primera sesión es mejor limitarse a las nalgas. Y las bofetadas en la cara son especialmente humillantes; el dominante debería preguntar antes de la sesión al sumiso si le gusta y / o empezar con cachetitos muy flojos y estudiar su reacción para valorar si debe continuar o no.

10. Si te introduces en el BDSM acabas haciendo cosas muy fuertes

Entiendo que, quien no haya participado nunca en una sesión BDSM, se pueda asustar viendo determinadas fotos en Internet, pero diría que la mayoría de personas que lo practican no llegan a esos extremos. Conozco gente que lleva practicando un determinado fetiche durante muchos años de una forma que prodríamos llamar light, para nada extrema, y sigue ahí sin ningún deseo de pasar a otros temas más fuertes. Sí suele ocurrir, y de hecho debería ser así, que se empiece por algo suavecillo y uno vaya experimentando hasta alcanzar su nivel, rompiendo tabúes y atreviéndose a hacer cosas más fuertes, pero va a ser, insisto, hasta que se encuentre el nivel en el que uno se encuentra cómodo. No todo el mundo acaba llegando a niveles extremos, y si llega, no sea porque el BDSM conduce a ello sino más bien como consecuencia, y no causa, de algún problema personal o psicológico externo al BDSM.

lunes, 19 de agosto de 2019

El armario BDSM

Si estás leyendo esto probablemente es porque sientes curiosidad o tienes fantasías relacionadas con el BDSM. Si es así, no estás solo, y de hecho esas fantasías son mucho más frecuentes de lo que crees. La analogía con el mundo LGBT es total; gente que se pasa muchos años en el armario y cree que es el único gay o la única lesbiana de su familia, pueblo o trabajo, y al salir de él descubre que son legión. Al igual que basta con abrir una aplicación de contactos gay para saber que el número de casados con mujeres que buscan chicos y de falsos heteros multiplica por cien la previsión más optimista, con el mundo BDSM ocurre tres cuartos de lo mismo: abres un perfil en cualquier web o aplicación gay, incluso de las generalistas no orientadas al fetichismo, utilizando palabras como dominante, amo, etc. y te llueven los mensajes de gente en cuyo perfil no indica que les guste la sumisión, o incluso que, en aplicaciones que facilitan la cosa incluyendo una opción de indicar si te atrae el BDSM, marcan NO en esa casilla. 

Soy consciente de que a la mayoría de la gente no le gusta que les peguen en el culo ni les aten. Pero eso no significa que no haya una cantidad enorme de gente a quienes sí les gusta, mucha más de la que nadie que no se haya acercado a este mundillo se puede imaginar. Es decir, hay un número enorme de amantes del BDSM en el armario.

Consecuencias del armario

No oculto que buscar parejas de juego a veces tiene momentos muy ingratos: gente que, tras mostrar muchísimo interés, de repente desaparece y borra el perfil, te bloquea, te enreda con charla y preguntas para luego no quedar nunca .... Sí, sé que eso también ocurre buscando sexo convencional y que Grindr está lleno de gente que solo busca hacer perder el tiempo, pero en el mundo BDSM es como diez veces peor. Y ya, en los casos más extremos, gente que cuando por fin se anima a quedar interrumpe la sesión por la mitad y quiere irse a su casa a toda prisa, o que al finalizar la sesión actúa de una forma muy fría como si no la hubiera disfrutado, o incluso como si les hubieras obligado a hacer algo que no querían, como víctimas de un abuso. Y eso sí que es mucho más raro que te ocurra en el sexo vainilla.

Hay experiencias que pueden ser toda una prueba para la autoestima. Con el tiempo ves que el problema no está en ti (bueno, salvo que realmente seas un amo abusivo, que los hay) porque estos que luego te dicen que no han disfrutado tenían una  erección gigantesca desde el minuto uno en el que empezó el juego, y porque, después de haberte bloqueado o negado la palabra durante meses, un día vuelven a hablarte porque quieren repetir. Así que aprendes a relativizar y a mantener la moral cuando un armarizado te monta su numerito; pero en ningún caso es agradable. Por supuesto hay otras muchas personas a las que realmente no les atrae de verdad el BDSM, solo quieren probar y la sesión no es gran cosa, pero en esos casos no hay ningún mal rollo. Me refiero a cuando sí lo hay por un sentimiento de culpa o de autorrechazo que la persona no es capaz de canalizar, que es a lo que llamamos armario.

Tampoco quiero parecer cruel con los armarizados (no pocas veces doblemente armarizados, como gays y como amantes del BDSM), porque soy consciente de que, aunque a veces te lo puedan hacer pasar mal a ti, ellos lo pasan mucho peor negando o viviendo con culpa una dimensión de su sexualidad y que las malas maneras que puedan tener contigo son un espejo de la rabia que sienten consigo mismos. Y que tampoco es solo culpa de ellos no abrir ese armario; entiendo que muchas personas con fantasías de sumisión tengan miedo de convertirse en la caricatura del masoca del que habrán oído muchas veces burlarse a sus amigos.

Y, por supuesto, estas experiencias negativas con personas que armarizan sus deseos BDSM afortunadamente no son la mayoría; pero no está de más avisar a quien se esté introduciendo en esto para que no os desaniméis si os ocurre.

¿Cómo se puede combatir el armario BDSM?

¿Qué solución tiene esto? Pues en primer lugar ser conscientes de que el matrimonio gay y la aceptación de gays y lesbianas es el principio, y no el final, del camino, y que todavía queda mucho más por hacer, como nos están recordando ahora las personas transexuales y las no binarias o de género fluido.

Y con visibilidad; a través del porno se está consiguiendo bastante, pero el porno no es la mejor fuente de información sobre sexualidad y lo que se puede ver de BDSM en el porno suele estar bastante deformado o ser confuso. Sería más apropiado organizar talleres y fiestas, para formar comunidad. Hacer más blogs, más perfiles en redes sociales ... Animaos, chicos.

domingo, 7 de julio de 2019

Contra el Pinkwashing: Orgullo LGBTI y Ciudadanos

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Precisamente una de las ideas preconcebidas sobre el BDSM contra las que pretendo luchar con este blog es que quienes practicamos cualquier tipo de fetichismo sexual somos frikis que solo vivimos para el vicio, o que la militancia y el activismo LGBT es solo para quienes practican una sexualidad convencional. Por eso lo primero que quiero decir es que no resulta que hoy me ha dado por hablar de política, es que este blog es político, porque defender y explicar, como intento hacer, y no solamente exhibir, una tendencia sexual discriminada y caricaturizada (doblemente discriminada, por LGBT y por fetichista) es hacer política. 

Así que por supuesto creo tener algo que decir sobre lo que acaba de ocurrir en la fiesta del Orgullo LGBT ayer en Madrid y voy a dar mi opinión. Los "apolíticos" y los de piel fina que no les guste oir opiniones diferentes a la suya tienen todo el derecho de no leerme, o mejor aun, de hacer su propio blog y exponer sus ideas.

No puede haber un Orgullo apolítico ni desideologizado

Estoy orgulloso, valga la redundancia, de que ayer se recordara la dimensión política de lo que se celebra. Quien protesta de que el día del Orgullo LGBT se politice está demostrando una ignorancia total, la fiesta del Orgullo es política por definición; quien solo quiera ver las lentejuelas y la frivolidad es su problema, pero esa no es la esencia de la fiesta. Y la dimensión política debe hacerse más evidente cuando en España estamos viendo resurgir la amenaza de un recorte a los derechos de las personas LGBT, y de todas las minorías, con la ascensión de un partido homófobo de ultraderecha. El partido Vox es una amenaza para los derechos y las libertades de todos, y en particular contra nuestro colectivo. Cae de cajón que quien hace pactos y consigue gobiernos con el apoyo de un partido totalitario y fascista (lo siento por quien le molesta que se llame a las cosas por su nombre, Vox es fascismo), que se alimenta del odio y lo provoca, no puede estar en nuestra fiesta. 

No se puede poner una vela a Dios y otra al Diablo; tras años de ambigüedad, Ciudadanos se ha quitado la careta, ha dejado de nadar y guardar la ropa y se ha posicionado del lado del odio, la intolerancia y la homofobia. En la vida hay que ser coherente con las decisiones que uno toma; o se está con los defensores de las libertades en el Orgullo o se está con los fascistas en Colón; no se puede querer estar en ambos sitios a la vez ni usar la bandera LGBT para maquillar tus acuerdos con el fascismo (lo que se llama pinkwashing).

Que te recuerden que no has sido invitado a una fiesta y que te inviten a abandonarla no es violencia

A Ciudadanos no se les ha expulsado del Orgullo, se han expulsado ellos mismos al ponerse del lado de la homofobia y del odio. Los intolerantes, los fascistas y los radicales son los amigos y socios de Ciudadanos, no son quienes ayer les han exigido que se fueran de una manifestación de la que ellos mismos se habían autoexcluido.

Ayer no se ejerció ninguna violencia contra los militantes de Ciudadanos, sus líderes están mintiendo descaradamente.  De hecho esa violencia es lo que ellos buscaban y habrían deseado. Es evidente que a Ciudadanos no le importan lo más mínimo los derechos de las personas LGBT, si les importaran nunca habrían pactado con Vox ni organizado manifestaciones con ellos. Su única intención en el Orgullo era seguir con su habitual campaña mediática de ir a buscar y provocar enfrentamientos para victimizarse, lograr atención de los medios y atacar y demonizar a colectivos que no están en su onda ideológica. Ciudadanos está hoy insultando y calumniando al colectivo LGBT; los que fomentan el odio, los intolerantes y los radicales son sus amigos de Vox; pero ellos ahora pretenden darle la vuelta, que es lo que siempre hace la homofobia, decir que los enemigos de la libertad no son quienes ridiculizan y persiguen a los diferentes y fomentan el odio, sino quienes les reprochan que lo hagan. 

Qué es insulto, qué es violencia y qué no lo es

Mi único reproche a las protestas contra la presencia de Ciudadanos en el Orgullo que hubo ayer iría hacia las personas que les gritaron "hijos de puta". No eran la mayoría, la gran mayoría gritamos "Fuera" y "Que vuelva Carmena". El insulto por el insulto no es defendible; otra cosa habría sido llamarles cínicos o sinvergüenzas porque eso sí lo son, hay que ser muy cínico y no tener vergüenza para insistir en querer hacerte propaganda en el Orgullo mientras pactas con Vox.

Que los insultos gratuitos no sean aceptables no quita que llamar violencia al tratamiento que recibieron ayer los miembros de Ciudadanos sea una manipulación. Lo que hubo fue una muestra de dignidad y de resistencia pacífica para presionar a unos oportunistas que habían ido a montar bronca, y conseguir que abandonaran una fiesta a la que nadie les había invitado y a la que acudieron con la única intención de sabotearla y buscar propaganda. Cuando se dice que el Orgullo es de todos, hay que matizarlo; el Orgullo es de todos los que respetan la diversidad sexual, sea cual sea su ideología política; pero no es de las organizaciones que pactan con la ultraderecha homófoba, ni las personas LGBT tienen por qué aguantar ni tragarse en silencio sus provocaciones.

La auténtica violencia, recordémoslo, es la que sufrió una persona agredida pocas horas antes de la manifestación del Orgullo en Madrid. Agresiones  homófobas como esta se repiten todos los días en España, sí son auténtica violencia, y no tienen el eco en la prensa que sí tienen las mentiras y calumnias de Ciudadanos.

sábado, 22 de junio de 2019

En defensa del porno

Periódicamente, a raíz del caso de La Manada y similares, se leen en la prensa artículos que vinculan pornografía con violencia. Quienes lo hacen se refieren a violencia contra la mujer e ignoran que un porcentaje importante de la pornografía es gay, lo que desde luego tiene su gracia y es digno de comentario, pero como practicante de BDSM, autor de un blog que defiende el fetichismo y el BDSM en particular, consumidor de pornografía BDSM, mayoritariamente gay pero a veces también hetero, me siento afectado por este tema y me apetece dar mi visión del mismo, sobre todo cuando representantes públicos, personas que están en el Congreso, piden una "regulación" de la pornografía que me parece muy preocupante: https://www.diariodeleon.es/noticias/leon/diputada-socialista-andrea-fernandez-reivindica-regulacion-pornografia-acabar-manadas-trabajara-prohibir-prostitucion_1340044.html

Francamente, no veo qué tipo de "regulación" pretende esta chica que no sea censura o prohibición, así que sus palabras me suenan a una vuelta a tiempos bastante tristes.

La cultura de la violación es un problema real

Estoy totalmente de acuerdo en el problema que exponen estos detractores (detractoras en su mayoría) de la pornografía, pero difiero totalmente en la solución. Precisamente que haya gente joven, aunque solo joven en el DNI porque la mentalidad no puede ser más antigua, que piense como esta congresista es muy representativo del retroceso que está habiendo en cuanto a la cultura sexual; pero no quiero caer en el tópico rancio y cansino de una generación que raja de las que vienen detrás. La juventud no ha inventado la forma en la que se concibe hoy la sexualidad, solo refleja lo que las generaciones anteriores les hemos enseñado. Si ellos están perdidos es o bien porque nosotros también lo estamos, o bien porque no sabemos transmitir lo que hemos aprendido. El caso es que es cierto que el concepto más extendido de la sexualidad sigue siendo machista, probablemente más machista que nunca, y en mi opinión muy pobre y poco satisfactorio: sexo basada en el culto al pene, a la penetración y a la dominación del macho, aunque paradójicamente al mismo tiempo se mira mal y se caricaturiza el BDSM, o se lo identifica falsamente con ese tipo de sexualidad, aunque ya expliqué en otros posts que tiene más bien poco que ver.

Hablando del mundo gay masculino, que es lo que más conozco, el modelo de sexualidad dominante, que todos podemos ver haciéndonos un perfil en cualquier aplicación, está basado en la dualidad activo-pasivo, la búsqueda de pollones y la obsesión por la longitud del pene. Lo absurdo de esa obsesión lo demuestra que no existe o apenas existe lo contrario, activos que vayan buscando un determinado tipo de culo en el pasivo. De hecho, aunque sí hay un cierto criterio de lo que es un buen o mal culo, no existe un canon del culo perfecto: hay amantes de los culos grandes y pequeños, más o menos redondos, más o menos prominentes .... Sin embargo solo existe un canon de pene bonito: muy largo y gordo (no digo que todos los amantes de los penes caigan en ese estereotipo, pero sí que es muy frecuente). También el concepto de cuerpo deseable se va estrechando cada vez más: ya no existen diferentes modelos de cuerpos bonitos, los cuerpos delgados o redondos se van quedando fuera de la norma y solo existe una opción: los biceps y pectorales inflados hasta lo ridículo y la tableta de chocolate, sin importar que las piernas sean enclenques y que el cuerpo en su conjunto sea desproporcionado y casi diría que un tanto monstruoso.

Y la fantasía sexual dominante es la de convertirse en uno de esos machotes de pene enorme y músculos ciclados, o más bien, el de ser sometido, degradado, violado y "reventado" por ellos, así que no me parece exagerado llamar a este concepto de la sexualidad cultura de la violación como hacen las detractoras del porno. Es decir, es el mismo concepto del sexo heterosexual más rancio (iba a decir trasnochado, pero por desgracia no es así, es la más rabiosa actualidad), asumiendo el activo el papel del hombre y el pasivo el de la mujer.

También es verdad, como afirman las detractoras del porno, que además, mucha gente, y no solo los jóvenes, parece tener cada vez más problemas en distinguir entre fantasía y realidad, entre porno y sexualidad real, y pretende que sus cuerpos o los cuerpos de sus parejas sexuales sean como los de las películas porno y que sus encuentros sexuales sean también así, con erecciones instantáneas, continuas y eternas y eyaculaciones explosivas. Su frustración y la de las personas con las que se relacionan, que también se pasan la vida buscando una y otra vez en vano el polvazo mágico que ven en las películas, está más que garantizada.

Pero, ¿es culpa de la pornografía?

Así que sí estoy de acuerdo en que existe esa cultura del machismo y de la violación, pero no en echarle la culpa a la pornografía. En primer lugar porque quien lo hace está buscando un chivo expiatorio fácil y cae en un error que ya se ha cometido en el pasado y que debería estar superado; pero igual que muchas personas muy jóvenes tienen un concepto rancio y antiguo de la sexualidad, aplican también el modelo rancio de la prohibición y la represión a la hora de enfrentarse a los problemas.

En primer lugar, la pornografía es machista porque la sociedad es machista, y no al revés. Las productoras de porno no son conspiradores que buscan un mundo más machista, solo responden a necesidades de mercado: si lo que más demanda tiene son vídeos de supermachos pollones arrogantes abusando de mujeres o de hombres pasivos tratados como objetos, pues eso es lo que más ofrecen. Si otro tipo de contenidos menos machistas tuvieran la misma aceptación, dudo mucho que fueran a renunciar a  ganar dinero ofreciéndolos.

Por otra parte, si la pornografía está haciendo un papel, que no le corresponde en absoluto, de educar en la sexualidad, eso será porque los preadolescentes y adolescentes, que tienen una curiosidad totalmente natural por el sexo, al parecer no disponen de fuentes de información distintas del porno. Que su concepto de la sexualidad venga del porno es un problema muy grave, pero la solución no es quitarles la única fuente de información que tienen sino darles mejores alternativas. Cuando dispongan de otras fuentes más adecuadas y ricas, ellos mismos tendrán menos interés por la pornografía y la pondrán en el lugar que le corresponde; la prioridad no es quitarles la pornografía, sino darles otras opciones. Es muy cómodo apuntar a un blanco fácil como el porno en lugar de a madres, padres, familias, un sistema educativo, unos medios de comunicación y una Administración que no están haciendo bien su trabajo. Pero la cobardía ha sido siempre un ingrediente fundamental del puritanismo.

Y si hablamos de adultos, tampoco la pornografía es la culpable de que vivamos en una sociedad individualista y narcisista en la que las personas cada vez socializan y hablan menos, tienen cada vez menos capacidad de sentir y dar afecto, y prefieren aislarse en sus móviles y tabletas y buscar en las aplicaciones sexo, un sexo además deshumanizado y de fantasías irrealizables y frustrantes. La pornografía no es un poder fáctico de la sociedad como ingenuamente creen sus detractores, es solo un negocio que refleja nuestras fantasías; si no nos gusta lo que vemos cuando nos miramos en el espejo, la solución no es romper el espejo ni taparlo, lo que pasa es que eso es mucho más fácil que intentar cambiarnos a nosotros mismos.

Si tienen alguna duda al respecto, las feministas antiporno solamente tienen que fijarse en quienes son sus únicos aliados en esa causa: la extrema derecha y el integrismo religioso. Pensar que vamos a conseguir una sexualidad y una sociedad más humana, menos machista y más satisfactoria prohibiendo la pornografía es como pensar que vamos a acabar con el cambio climático prohibiendo los termómetros que nos dicen que la temperatura está subiendo.

No toda la pornografía es mainstream

Los detractores del porno desconocen el género que tanto odian; solo conocen el porno mainstream, un negocio muy lucrativo, pero existe también porno alternativo y minoritario. Si uno echa un vistazo al porno amateur o semiamateur de Clips4sale, se va a encontrar cuerpos no normativos y todo tipo de fetichismos, un mundo donde las personas de cierta edad o con kilos de más pueden ser también deseables, donde el culto a la dominación de los penes enormes ya no es tan frecuente y donde no existe realmente ánimo de lucro, sino solamente llegar a cubrir los costes de los vídeos.

Quiero romper una lanza por las pequeñas productoras que cuando era adolescente me ayudaron  a saber que yo no era la única persona en el mundo con fantasías BDSM, que me enseñaron de hecho que aquello se llamaba BDSM, y que me ofrecieron no solo ratos de placer sino saber que, por pequeña y escondida que estuviera, existía por ahí una comunidad de personas con aficiones parecidas a las mías a los que cuando fuera adulto podría intentar contactar. No digo que el porno sea una ONG, pero sí que existe un porno minoritario cuyo objetivo no es el lucro, porque el volumen de negocio apenas cubre gastos y paga a los modelos de los vídeos, y que ayuda a hacer realidad fantasías y modelos alternativos de sexualidad, a compartirlos y a crear comunidad. Y no me cabe duda de que sería ese porno alternativo es que más sufriera con la "regulación", mientras que el mainstream se las arreglaría para burlar la normativa y mantener el negocio.

jueves, 23 de mayo de 2019

LGTBIQ: Demasiadas siglas y a la vez insuficientes



No sé en qué momento se consideró que el término "gay" no representaba adecuadamente a las lesbianas y el movimiento de liberación gay pasó a convertirse en gay-lésbico; a continuación en LGBT (Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual) y es evidente que esa fragmentación no tiene fin. Ahora mismo ya vamos por LGBTIQ (I por Intersexuales y Q por Queer); si yo mismo, hombre gay autor de un blog sobre diversidad sexual, me lío y siempre dudo si se dice LGTB o LGBT, y no tengo muy claro si queer, género fluido y personas no binarias es la misma cosa o si hay matices entre un concepto y otro, me puedo imaginar el cacao en el que estamos sumiendo a la mayoría de la población.

Por qué no me gusta el término LGBTIQ +

Para evitar el desmadre de seguir incorporando nuevas letras (faltarían los asexuales y a saber cuántos grupos más), hay quien propone cerrar el término en LGBTIQ+, es decir, el resto que se den por incluidos en el +. Pero ¿en serio pretendemos que un palabro como LGBTIQ+, que casi parece un chiste inventado para ridiculizarnos, se va a poder integrar en el lenguaje y va a servir para definirnos y visibilizarnos? 

El argumento lógico en defensa de un término como LGBTIQ+ parecería ser que la sexualidad humana abarca muchas cosas y su diversidad es enorme y por ello es necesario un palabro muy complejo que englobe todo. Pero no, LGBTIQ+ no es un término adecuado en mi opinión para explicar todas las variantes sexuales por tres motivos: el primero, porque mezcla orientación sexual con teoría de género de una manera que considero confusa; el segundo, porque  solamente incide sobre una dimensión de la sexualidad;  y el tercero, complementario del segundo, porque ignora e invisibiliza dos cuestiones para mí fundamentales en la sexualidad que explicaré a continuación.

Una cosa es la tendencia sexual y otra el género

Cuando hablamos de que una persona es gay, hetero o bisexual estamos haciendo una clasificación de las personas por tendencia u orientación sexual; sin embargo cuando hablamos de personas cis, trans y no binarias no estamos hablando de su orientación sexual sino de su identidad de género; y cuando hablamos de intersexuales estamos hablando de un tercer concepto, que es el sexo biológico. El término LGTBIQ mezcla por lo tanto tres conceptos muy diferentes; de hecho, se puede ser a la vez por ejemplo gay y transexual, mientras que para alguien de género fluido la propia clasificación hetero - gay deja de tener sentido. El meter todo en el mismo saco viene de que el machismo por una parte confunde homosexualidad con transexualidad, y por otra estigmatiza ambos conceptos por un mismo motivo, que es el desviarse de la dualidad hombre - mujer: para el machismo todo el mundo debe identificarse como hombre o como mujer, esa identidad debe coincidir con su sexo biológico, y además las parejas deben estar formadas por un hombre y una mujer.

Meter en un mismo saco a gays, lesbianas, trans, inter y no binarios tiene una utilidad a nivel político para luchar contra el machismo y en ese sentido está bien, pero conviene tener en cuenta que presenta sus limitaciones a la hora de construir identidades que sirvan como vehículo para conocer, aceptar y explorar nuestra propia sexualidad.

¿Orientación sexual es solo ser gay, hetero o bi?

Nos enseñan que las personas nos dividimos por nuestra orientación sexual en homo y heterosexuales; luego estarían los bisexuales en medio de ambas categorías. Parece correcto y lógico, pero tiene trampa: supone aceptar de manera implícita que el género por el que te sientes atraído es lo único que define tu orientación sexual. Se trata de si te gustan las personas de tu mismo género, del otro o si te gustan ambos. ¿Y con eso ya queda definida tu sexualidad?

Mi postura es que aceptar, reconocer y respetar la homo y la bisexualidad es fundamental, pero esto no cierra el abanico de la sexualidad ni mucho menos, sino que no es más que un primer paso necesario pero insuficiente; no tengo claro que la pregunta de cuál es el género objeto de tu deseo sea la clave para definir la sexualidad de alguien; hay otros dos aspectos que en mi opinión son igual de importantes a la hora de disfrutar del sexo sin inhibiciones que las dualidades hombre-mujer, hetero-gay, cis-trans no abordan. 

Sexualidad vs Afectividad: Un debate pendiente

El primero de esos dos aspectos es la relación entre sexualidad y afectividad; el heteropatriarcado, si lo queremos llamar así, o podemos llamarlo simplemente el machismo, o la sociedad tradicional, o los convencionalismos, nos han impuesto no solamente que la heterosexualidad, la atracción por el otro género, es la norma, sino que además la sexualidad debe ir unida a la afectividad, y esta a su vez a la exclusividad, al sentimiento de posesión y al deseo de control de la otra persona, es decir, a la monogamia. Quien no sea monógamo, al igual que quien no es heterosexual, está fuera de la norma: es un pervertido o un vicioso incapaz de asociar sexo con sentimiento y que busca compulsivamente una pareja cada noche. No se admite ninguna opción intermedia entre la monogamia y la promiscuidad. O buscas pareja o buscas un polvo rápido y anónimo donde las expresiones de cariño deben reducirse a un mínimo o directamente están prohibidas; no puede haber nada en medio.

No estoy criticando la monogamia como opción que puede ser perfectamente válida para muchas personas; sí lo critico como imposición: no es la mejor opción para todo el mundo, aunque las comedias románticas y el cine y la música y la publicidad y todo nos digan que es lo que todos queremos en realidad. Recientemente el poliamor está intentando dar opciones a muchas personas que no se sienten (nos sentimos, puesto que me considero una de ellas) identificadas con la pareja monógama basada en la posesión y los celos, pero tampoco con el sexo deshumanizado en el que la otra persona es solo un vibrador o un muñeco hinchable de carne que necesita un recambio cada noche (el muy habitual busco pollón o busco culazo); al decirlo así parece que estoy criticando ambas posturas y no es eso, ambas me parecen muy respetables, solo intento introducir el punto de vista de alguien que no se identifica ni se siente atraído por ninguna de las dos. Para explicarlo de manera simple, el poliamor consiste en dar una vuelta al concepto del follamigo o amigo con derecho a roce, así como al de las parejas abiertas, y explorar y disfrutar sus posibilidades: porque sí debería ser posible buscar afectividad y conexión personal en el sexo sin que ello implique exclusividad ni control. 

Salir de esa dicotomía monogamia / polvo exprés tendría en mi opinión dos grandes ventajas: en primer lugar poder plantear relaciones de pareja basadas en aspectos positivos, como la lealtad y la ayuda mutua, y no en un aspecto negativo, como es la represión del deseo que no va dirigido hacia la pareja. Y en segundo lugar, a muchas personas les permitiría relajarse y no ponerse nerviosos porque alguien quiera quedar una segunda vez con ellos o invitarlos a tomar una caña antes o después del sexo; pues no, eso no tiene por qué significar que el otro se quiera casar contigo ni que esté ya pillado por ti; a lo mejor no eres tan irresistible como te crees ni el otro está tan desesperado. Y además sí, por supuesto que algunas personas pueden estar enamoradas de alguien y acostarse con un tercero, y todavía más, sentir también afecto por ese tercero, aunque las comedias románticas nos hayan metido en la cabeza que eso no puede ser y que si alguien se siente así está siendo frívolo o se está engañando a sí mismo o está confundido.

Y, para liarla más, llega el fetish

Y llegamos al segundo aspecto que el término LGBTIQ + deja de lado, la segunda imposición del heteropatriarcado: que el sexo debe estar basado en la penetración, la erección y el culto al pene. La penetración vaginal o anal es el auténtico sexo y todos los demás juegos sexuales que puede haber entre dos o más personas son preliminares, una palabra que me encantaría borrar del diccionario; para el pensamiento conservador, que tienen la mayoría de las personas, tanto los hetero como los LGBTIQ+, los "preliminares" son una chorrada prescindible pero aceptable siempre y cuando su función sea ayudar a llegar al auténtico sexo, a la erección y a la penetración. Frente a ese sexo de verdad existirían las patologías o las perversiones, esos pobres enfermos que para excitarnos necesitamos vestirnos de cuero o de goma, o fingirnos amos o bebés o perritos, o atarnos, o que nos peguen, o atar y pegar a otros.

Todavía falta bastante para que mucha gente llegue al punto de entender que ser gay o lesbiana no es el único armario y que abrir el armario del fetish, que es como se llama al sexo no centrado en la penetración, sería una liberación para muchas personas que sienten culpabilidad y frustración por no sentirse cómodos con fantasías que pueden tener un lugar muy importante en su sexualidad. Y si no se sienten cómodos puede ser en parte por cuestiones personales, pero tiene un enorme peso una presión social que ridiculiza, se burla, estigmatiza y caricaturiza el sexo fetish, al igual que hasta hace poco se hacía con las personas LGBT, a las que se reducía al estereotipo de el marica y de la bollera. El fetish se encuentra todavía en los tiempos anteriores a la liberación gay, necesita su Stonewall.

El prejuicio contra el fetish se asocia también con la dicotomía monogamia / promiscuidad: el amante del BDSM o del cuero es un vicioso que participa en orgías, que toma drogas, que practica sexo sin preservativo, y largo etcétera. No se concibe que pueda vivir en pareja, que pueda ser romántico, que pueda solo gustarle que le aten pero no que le azoten ni vestirse de cuero o goma; debe responder al estereotipo de guarro al que le gusta todo. Pero la realidad es que los amantes del fetish pueden ser heteros, gays o bis, cis, trans o queer, monógamos, promiscuos o poliamorosos, pueden tener un único fetiche o varios, puede gustarles la penetración o no, puede gustarles mezclar la penetración con su fetiche o no, puede gustarles el sexo duro o suave, etc. Y eso es un hueso duro de roer en un mundo en el que nos encanta reducir a las personas a estereotipos unidimensionales.

La libertad no es imitar los errores de los heteros

Por lo tanto, el poder aceptar que nos gustan las personas de nuestro mismo sexo, o que nuestra identidad de género no coincide con nuestro sexo biológico, es un primer paso importante hacia esa revolución sexual de la canción de La casa azul, pero no es suficiente. Caer en la sexualidad pequeñoburguesa basada en la penetración y la monogamia, es decir, meternos en los mismos corsés del mundo hetero, tal vez funcione para muchas personas, pero otros no queremos eso y sería una pena que la lucha de tantos años y de tantas personas acabara en defender los viejos clichés del heteropatriarcado, solo que con dos chicos o dos chicas en lugar de un chico y una chica. Al igual que nadie les pide a los heteros que se vuelvan gays pero sí que abran la mente, se pongan en nuestro lugar y nos respeten, va siendo hora de exigir lo mismo para el fetichismo, el poliamor y otras formas de vivir la sexualidad y la afectividad. 

sábado, 6 de abril de 2019

¿Podrían dejar de llamar fetish a fiestas de sexo?

Como decía en este post, el fetish o sexo fetichista es sexo no centrado en la penetración. El sexo "normal", al que algunos fetichistas preferimos llamar sexo vainilla, está basado en el culto al pene y a la penetración; el objetivo es la penetración, toda la actividad sexual gira en torno a ella y el resto de prácticas se convierten en preliminares o en complementos cuya función es facilitarla.

En el fetish, esos otros elementos complementarios o preliminares pasan a ocupar el primer plano. Un amante del BDSM puede disfrutar, y mucho, una sesión de bondage (atar) o de spanking (azotar) en la que no hay contacto sexual. Esto no quiere decir que no pueda haber también penetración, oral, anal o ambas, en el BDSM pero no son el objetivo último de la sesión; si lo son es que probablemente no se trate de BDSM. Disfrutar del tacto de la goma o del cuero, en tu cuerpo o en el de otra persona, es otro de los fetiches más comunes. Otros fetiches son juegos de rol en los que los participantes asumen el comportamiento de un perro (el pup play) o de un niño o bebé (age play o adult babies). 

Por lo tanto, el término sexo fetichista no es del todo correcto, salvo que pensemos en un concepto de sexo mucho más amplio que el de lo que se suele llamar relaciones sexuales, porque hay personas que no buscan un contacto sexual directo sino solo gozar de determinada ropa, materiales, juegos o roles.

La iconografía fetish es muy erótica y está muy trabajada, porque para los fetichistes la iconografía es fundamental en su sexualidad; por lo tanto es pasto de apropiación por parte de la industria del sexo y por extensión del ocio nocturno. Viendo los carteles de muchas fiestas de las discotecas gays de Madrid podríamos pensar que la capital de España es un paraíso fetish cuando la realidad es más bien la contraria: en Madrid no existe ningún local gay fetichista.Toda la estética leather de bares y discotecas es eso, estética. 

Como muestra basta ver la web de Sleazy Madrid, el presunto gran encuentro fetish de la ciudad, en cuyas fotos brillan por su ausencia los uniformes de cuero, goma, pups, deporte, etc. y solo se ve lo de siempre, torsos desnudos con algún que otro pequeño arnés que no tape ningún músculo. Cuando se habla de códigos de ropa en Madrid las opciones se reducen a dos: gayumbos o desnudo, cuando las fiestas nudistas son lo más opuesto que puede haber al fetish.




Con esto no pretendo criticar las fiestas de sexo ni los locales de sexo; son estupendos, pero llamemos a las cosas por su nombre. Son fiestas de sexo (o sex parties, que queda más cool), no son fetish. No se trata de pensar que el fetish es algo superior ni pretendo ser selecto ni repartir carnés de fetichista; pero el lenguaje tiene una función, que es permitirnos identificar las cosas y comprender conceptos, y si empezamos a llamar a unas cosas por el nombre de otras lo que creamos es confusión, y bastante perdida anda ya la gente. 

A quien le guste ir sin camiseta y con el arnés de cuero está en su perfecto derecho y no lo critico en absoluto; sí critico que diga que es un fetichista del cuero porque no lo es. Un fetichista del cuero quiere vestir camisa y pantalón de cuero y sentir el cuero sobre su piel, no ir desnudo con una tira minúscula de cuero alrededor de los sobacos. Igual que quien le gusta que le den una palmada en el culo mientras lo follan no es un fetichista del spanking (seguramente ni sabrá ni lo que es spanking, ni tiene ninguna necesidad de saberlo) ni del BDSM. ¿Parece que estoy criticando a quien le gusta que le den una palmada en el culo mientras lo follan? Si es así, nada más lejos de mi intención, solo llamar a las cosas por su nombre.

Estas falsas fiestas fetish aparentemente dan visibilidad a la cultura fetichista, pero me temo que sus efectos negativos son superiores a los positivos: al apropiarse el sexo vainilla del vocabulario y de la estética del mundo fetichista nos dejan a los fetichistas sin formas de expresión y al final nos acaban invisibilizando todavía más. Y ahondan en la idea de que los fetichistas somos amantes del sexo duro, viciosos, que nos va todo, etc. Y muchos fetichistas lo son, pero otros para nada. A muchos amantes del bondage, casi me atrevería a decir que a la mayoría, no les interesa ir a una fiesta desnudos ni en calzoncillos ni les gusta el guarreo ni que les follen duro. Y con esto, insisto, no quiero decir que los amantes del bondage a los que sí les gustan las fiestas nudistas, el sexo duro y el guarreo sean menos legítimos como amantes del bondage. Simplemente digo que son dos cosas independientes.

sábado, 2 de marzo de 2019

Como es una sesión BDSM conmigo: preguntas más frecuentes

Durante bastante tiempo he sido reacio a incluir esta entrada porque me da pudor contar cosas que son intimidades y porque no deseo cerrar la mente de nadie a que el BDSM es una cosa o es otra porque puede haber infinitos tipos de sesión; cada amo es como cada maestrillo, tiene su librillo, y lo que yo pongo aquí es simplemente lo que me gusta hacer a mí, que se parecerá mucho, bastante, algo, poco o nada a lo que les guste hacer a otros amos. Si otros amos tienen otros conceptos del BDSM, que hagan su blog, que describan sus sesiones, y yo se lo enlazo encantado. Pero bueno, al final me he decidido a contar cosas porque puede resultar práctico para algunos sumisos y le he dado formato de Preguntas más frecuentes:

1-  ¿Qué ropa tengo que ponerme y que tengo que hacer al empezar?

En primer lugar, cuando vienes a casa (porque, por seguridad, lo lógico es que sea el sumiso el que vaya a casa del amo más que al revés) entras y saludas con toda normalidad. El BDSM es un juego que empieza en un momento y acaba en otro momento, y fuera de ese intervalo nos tratamos con toda normalidad. Hablamos un poco, te tomas algo de beber si quieres, y rompemos el hielo. Es importante no venir con prisas.

No tienes que ponerte ropa especial, me da más morbo que traigas la ropa que sueles usar normalmente. Me gusta el chandal, pero solo si lo usas habitualmente, no quiero que te disfraces para venir. Por eso los suspensorios son un poco turn off para mí, mejor unos calzoncillos ajustaditos de los que suelas ponerte.

Una vez empieza la sesión, solo tienes que estar relajado y obedecer a lo que te mande. Para empezar me gusta pedirte que te estés quieto para cachearte, que te pongas en determinada postura y contemplarte, mandarte que te acerques para meterte mano, o cosas de ese tipo.

 2- ¿Tengo que desnudarme al entrar?

Como decía, entras con toda la normalidad. Yo decidiré y te diré cuando es el momento de quitarte la ropa y me gusta mucho hacerlo a mí, el momento de desnudarte es uno de mis preferidos en una sesión.

3- ¿Los azotes duelen? ¿Dejan marca?

Me encanta dar azotes en el culo, de hecho esa fue mi puerta de entrada al BDSM. Si la idea de sentir un cachete en el culo no te pone absolutamente nada, mejor busca otro amo. Si sí te pone pero tienes miedo de tener un umbral bajo de dolor, eso no es ningún problema porque me adapto fácilmente a muchos niveles; empiezo flojito y llego hasta donde veo que puedo llegar. Si me tengo que quedar en flojito me quedo, lo que me gusta es el ritual de los azotes, no es el dolor. Una sesión no es mejor por ser más dolorosa y evidentemente es mejor quedarse corto que pasarse; eso no significa que no haya que intentar no quedarse muy corto porque si tienes aguante vas a disfrutar más si te pegan fuerte.

Si no lo has probado no puedes conocer tu umbral de dolor, así que te puedes llevar una sorpresa tanto en un sentido como en otro, de aguantar más o menos de lo que pensabas. Hay un umbral psicológico que se puede superar si estás a gusto y confías en tu amo, pero también hay un umbral físico, hay pieles sensibles que como te descuides puedes producir morados fácilmente, y pieles duras que aguantan una paliza y se recuperan casi al momento. Con la experiencia se puede ir incrementando el umbral psicológico, mientras que con el umbral físico no hay mucho que hacer. Yo voy con cuidado y a día de hoy nunca he dejado marcas a nadie, el culito se queda rojo pero al cabo del rato, de minutos o como mucho de horas, se pasa sin dejar ninguna señal.

Si eres expresivo me lo pones fácil porque por tu forma de reaccionar voy a saber fácilmente si necesitas que te dé más fuerte o si ya estás alcanzando tu umbral; si eres poco expresivo te preguntaré, pero tú también puedes decir sin problemas que te dé más fuerte o más flojo.

Además de la mano me gusta usar instrumentos: palas y sobre todo la vara. Si se usan con cuidado, los instrumentos duelen algo más que la mano, porque es otro tipo de golpe, pero no tienen por qué ser nada peligrosos ni dejar marca, así que no tienes que tener ningún temor. Pero si te raya lo avisas, el uso de instrumentos es negociable.

Me gusta pegar en el culo y en la parte de arriba de los muslos, que es más sensible y duele más. También en la espalda (con látigo), con mucho cuidado también de no dejar ninguna marca; no es tan erótico como en el culo pero es más morboso de lo que parece. Si te raya que te pegue en la espalda lo dices y ya está, también es negociable. Se pega solo en la parte superior, los omoplatos; en la parte de los riñones es muy peligroso, cuidado si das con un amo que te quiera pegar ahí.

4- ¿Me vas a atar?

Una cierta reducción de la movilidad me parece innegociable en una sesión BDSM. Si no te pone la idea, igual que si no te pone nada que te den azotes, tal vez deberías plantearte quedarte en el sexo vainilla, en el polvo de toda la vida, y ya está. Entiendo que te dé reparo que te ate alguien que no conoces, pero es igual que los azotes, vamos a empezar por muy poquita cosa y a ver hasta donde quieres llegar; lo más básico son unas esposas de polipiel que son cómodas, no aprietan, y te las podrías quitar tú mismo. Si la cosa va bien y te veo dispuesto, me gusta ponerte en posturas algo más forzadas, atado de pies y manos y amordazado, para que disfrutes de esa indefensión, aunque en ningún momento vas a estar totalmente inmovilizado; cuando te meten mano estando sujeto y sin poder oponerte es muy, muy, morboso.

No suelo vendar los ojos en la primera sesión porque entiendo que el sumiso se puede sentir demasiado vulnerable; si te da morbo la idea prefiero que lo propongas tú.

5- ¿Hay sexo? ¿Me vas a follar?

Sí exijo poder tocarte donde quiera en la sesión, incluyendo pene y testículos. Si no quieres nada más en cuanto a sexo no es problema, es negociable. Una sesión BDSM, conmigo al menos, puede ser desde muy sexual hasta nada sexual; el sumiso de rodillas haciendo sexo oral es de lo más erótico que puede haber, pero no es necesario. También me gusta jugar con el sumiso masturbándolo y controlar si se corre o no, y cuando.

Es muy recomendable que seas explícito respecto a cuánto sexo te gusta o no te gusta en una sesión, si te gusta mamar o no y si te gusta que te pajeen o no. Entiendo que a veces puede depender de la química que haya entre amo y sumiso; a veces hay gente que no me apetece que me mame aunque luego sí me guste mucho someterles, y a ti puede pasarte lo mismo, que yo te guste como amo pero no sexualmente. Pero decir si de entrada sí o de entrada no te apetece sexo puede ayudar mucho a evitar malentendidos durante la sesión.

Lo que no hay es penetración anal; o sí, pero solo con dedo y plugs. Si no quieres nada anal, eso también es negociable. Pero si exiges sexo anal, lo siento pero no, y no es negociable. Igual que el sumiso puede no sentirse cómodo con determinadas cosas en una sesión, yo no me siento cómodo follando con un desconocido o con alguien que solo veo esporádicamente. Y luego reconozco que funciona muy bien como filtro para quedarte con quien realmente tiene curiosidad por el BDSM. Un sumiso que se pasa la sesión pensando cuando me lo voy a follar y ve todo lo demás como preliminares (palabra que detesto), no me interesa. 

6- Me gustan las jaulas de castidad, ¿me vas a poner una?

La jaula es algo para una relación continua de amo / sumiso, no tiene sentido plantearlo en una sesión esporádica.

7 - ¿Tienes palabra de seguridad?

No veo la necesidad, si en algún momento no estás a gusto lo dices y ya está. Aunque en ese momento lleves puesta la mordaza, es fácil comunicarte.

8 - ¿Cuánto dura la sesión?

En BDSM las prisas son malas; en menos de una hora lo veo imposible, y si la cosa va bien es fácil ponerse en hora y media.