sábado, 2 de marzo de 2019

Como es una sesión BDSM conmigo: preguntas más frecuentes

Durante bastante tiempo he sido reacio a incluir esta entrada porque me da pudor contar cosas que son intimidades y porque no deseo cerrar la mente de nadie a que el BDSM es una cosa o es otra porque puede haber infinitos tipos de sesión; cada amo es como cada maestrillo, tiene su librillo, y lo que yo pongo aquí es simplemente lo que me gusta hacer a mí, que se parecerá mucho, bastante, algo, poco o nada a lo que les guste hacer a otros amos. Si otros amos tienen otros conceptos del BDSM, que hagan su blog, que describan sus sesiones, y yo se lo enlazo encantado. Pero bueno, al final me he decidido a contar cosas porque puede resultar práctico para algunos sumisos y le he dado formato de Preguntas más frecuentes:

1-  ¿Qué ropa tengo que ponerme y que tengo que hacer al empezar?

En primer lugar, cuando vienes a casa (porque, por seguridad, lo lógico es que sea el sumiso el que vaya a casa del amo más que al revés) entras y saludas con toda normalidad. El BDSM es un juego que empieza en un momento y acaba en otro momento, y fuera de ese intervalo nos tratamos con toda normalidad. Hablamos un poco, te tomas algo de beber si quieres, y rompemos el hielo. Es importante no venir con prisas.

No tienes que ponerte ropa especial, me da más morbo que traigas la ropa que sueles usar normalmente. Me gusta el chandal, pero solo si lo usas habitualmente, no quiero que te disfraces para venir. Por eso los suspensorios son un poco turn off para mí, mejor unos calzoncillos ajustaditos de los que suelas ponerte.

Una vez empieza la sesión, solo tienes que estar relajado y obedecer a lo que te mande. Para empezar me gusta pedirte que te estés quieto para cachearte, que te pongas en determinada postura y contemplarte, mandarte que te acerques para meterte mano, o cosas de ese tipo.

 2- ¿Tengo que desnudarme al entrar?

Como decía, entras con toda la normalidad. Yo decidiré y te diré cuando es el momento de quitarte la ropa y me gusta mucho hacerlo a mí, el momento de desnudarte es uno de mis preferidos en una sesión.

3- ¿Los azotes duelen? ¿Dejan marca?

Me encanta dar azotes en el culo, de hecho esa fue mi puerta de entrada al BDSM. Si la idea de sentir un cachete en el culo no te pone absolutamente nada, mejor busca otro amo. Si sí te pone pero tienes miedo de tener un umbral bajo de dolor, eso no es ningún problema porque me adapto fácilmente a muchos niveles; empiezo flojito y llego hasta donde veo que puedo llegar. Si me tengo que quedar en flojito me quedo, lo que me gusta es el ritual de los azotes, no es el dolor. Una sesión no es mejor por ser más dolorosa y evidentemente es mejor quedarse corto que pasarse; eso no significa que no haya que intentar no quedarse muy corto porque si tienes aguante vas a disfrutar más si te pegan fuerte.

Si no lo has probado no puedes conocer tu umbral de dolor, así que te puedes llevar una sorpresa tanto en un sentido como en otro, de aguantar más o menos de lo que pensabas. Hay un umbral psicológico que se puede superar si estás a gusto y confías en tu amo, pero también hay un umbral físico, hay pieles sensibles que como te descuides puedes producir morados fácilmente, y pieles duras que aguantan una paliza y se recuperan casi al momento. Con la experiencia se puede ir incrementando el umbral psicológico, mientras que con el umbral físico no hay mucho que hacer. Yo voy con cuidado y a día de hoy nunca he dejado marcas a nadie, el culito se queda rojo pero al cabo del rato, de minutos o como mucho de horas, se pasa sin dejar ninguna señal.

Si eres expresivo me lo pones fácil porque por tu forma de reaccionar voy a saber fácilmente si necesitas que te dé más fuerte o si ya estás alcanzando tu umbral; si eres poco expresivo te preguntaré, pero tú también puedes decir sin problemas que te dé más fuerte o más flojo.

Además de la mano me gusta usar instrumentos: palas y sobre todo la vara. Si se usan con cuidado, los instrumentos duelen algo más que la mano, porque es otro tipo de golpe, pero no tienen por qué ser nada peligrosos ni dejar marca, así que no tienes que tener ningún temor. Pero si te raya lo avisas, el uso de instrumentos es negociable.

Me gusta pegar en el culo y en la parte de arriba de los muslos, que es más sensible y duele más. También en la espalda (con látigo), con mucho cuidado también de no dejar ninguna marca; no es tan erótico como en el culo pero es más morboso de lo que parece. Si te raya que te pegue en la espalda lo dices y ya está, también es negociable. Se pega solo en la parte superior, los omoplatos; en la parte de los riñones es muy peligroso, cuidado si das con un amo que te quiera pegar ahí.

4- ¿Me vas a atar?

Una cierta reducción de la movilidad me parece innegociable en una sesión BDSM. Si no te pone la idea, igual que si no te pone nada que te den azotes, tal vez deberías plantearte quedarte en el sexo vainilla, en el polvo de toda la vida, y ya está. Entiendo que te dé reparo que te ate alguien que no conoces, pero es igual que los azotes, vamos a empezar por muy poquita cosa y a ver hasta donde quieres llegar; lo más básico son unas esposas de polipiel que son cómodas, no aprietan, y te las podrías quitar tú mismo. Si la cosa va bien y te veo dispuesto, me gusta ponerte en posturas algo más forzadas, atado de pies y manos y amordazado, para que disfrutes de esa indefensión, aunque en ningún momento vas a estar totalmente inmovilizado; cuando te meten mano estando sujeto y sin poder oponerte es muy, muy, morboso.

No suelo vendar los ojos en la primera sesión porque entiendo que el sumiso se puede sentir demasiado vulnerable; si te da morbo la idea prefiero que lo propongas tú.

5- ¿Hay sexo? ¿Me vas a follar?

Sí exijo poder tocarte donde quiera en la sesión, incluyendo pene y testículos. Si no quieres nada más en cuanto a sexo no es problema, es negociable. Una sesión BDSM, conmigo al menos, puede ser desde muy sexual hasta nada sexual; el sumiso de rodillas haciendo sexo oral es de lo más erótico que puede haber, pero no es necesario. También me gusta jugar con el sumiso masturbándolo y controlar si se corre o no, y cuando.

Es muy recomendable que seas explícito respecto a cuánto sexo te gusta o no te gusta en una sesión, si te gusta mamar o no y si te gusta que te pajeen o no. Entiendo que a veces puede depender de la química que haya entre amo y sumiso; a veces hay gente que no me apetece que me mame aunque luego sí me guste mucho someterles, y a ti puede pasarte lo mismo, que yo te guste como amo pero no sexualmente. Pero decir si de entrada sí o de entrada no te apetece sexo puede ayudar mucho a evitar malentendidos durante la sesión.

Lo que no hay es penetración anal; o sí, pero solo con dedo y plugs. Si no quieres nada anal, eso también es negociable. Pero si exiges sexo anal, lo siento pero no, y no es negociable. Igual que el sumiso puede no sentirse cómodo con determinadas cosas en una sesión, yo no me siento cómodo follando con un desconocido o con alguien que solo veo esporádicamente. Y luego reconozco que funciona muy bien como filtro para quedarte con quien realmente tiene curiosidad por el BDSM. Un sumiso que se pasa la sesión pensando cuando me lo voy a follar y ve todo lo demás como preliminares (palabra que detesto), no me interesa. 

6- Me gustan las jaulas de castidad, ¿me vas a poner una?

La jaula es algo para una relación continua de amo / sumiso, no tiene sentido plantearlo en una sesión esporádica.

7 - ¿Tienes palabra de seguridad?

No veo la necesidad, si en algún momento no estás a gusto lo dices y ya está. Aunque en ese momento lleves puesta la mordaza, es fácil comunicarte.

8 - ¿Cuánto dura la sesión?

En BDSM las prisas son malas; en menos de una hora lo veo imposible, y si la cosa va bien es fácil ponerse en hora y media.

sábado, 23 de febrero de 2019

Material y ejemplo de sesión BDSM

Os enseño la mayoría del material del que dispongo para sesiones. La primera foto es de instrumentos para zurrar el culito y la segunda para atar, sujetar y dominar. Naturalmente nunca se usan todos en una misma sesión, no habría tiempo material, y son todos voluntarios.

Las otras dos fotos han sido tomadas durante una sesión en la que el sumiso fue atado y azotado.







Como debe comportarse un sumiso

Con frecuencia me contactan chicos que tienen fantasías de sumisión y que no tienen muy claro como quieren canalizarlas, que esperan de su amo, papi o dominante y que espera este de ellos, a ver si este post les ayuda.

Empiezo con un consejo a los amos: durante el contacto previo a la sesión, es tarea del amo currarse un perfil donde explique que le gusta hacer, o si no le tocará tener que contar la misma historia a cada sumiso individualmente. Es importante decir qué prácticas te gustan: si te gusta o no atar, dar azotes, insultar, escupir, si buscas una sesión necesariamente con sexo, necesariamente sin sexo, que tipo de sexo, .... No dar nada por sentado, el BDSM es muy diverso y cada amo somos un mundo, así que tienes que decir lo más claro posible qué te gusta y qué no te gusta. Aunque lo de duro o blando sea relativo, tienes que decir también si te gusta algo fuerte o algo más suave o si te adaptas a todo, sobre todo en cuanto a dolor, que será probablemente lo que al sumiso más dudas le genere, más aún si no tiene experiencia. Es importante que el sumiso sepa a que atenerse cuando te contacte o cuando tú le contactes, él va a ser el que se entregue y el que está en una posición vulnerable así que hay que facilitarle las cosas.

En cuanto a los sumisos, cuando contactes con un dominante piensa que antes de ti le han contactado decenas o tal vez cientos de chicos que no saben lo que quieren y le han estado mareando, así que intenta demostrar que no eres otro chico que anda perdido, que como mínimo te has leído su perfil y, aunque no tengas experiencia y estés lleno de dudas, sí tienes una mínima idea de lo que buscas. En mi experiencia personal, cuando un sumiso me pregunta qué me harías o en qué consiste la sesión, lo que me pide el cuerpo es mandarlo a paseo porque para algo me he currado un perfil que explica que hago y no hago en una sesión, así que la conversación no puede partir de cero; las preguntas deben ser más específicas: aclarar si te gusta o no te gusta tal cosa, si quieres jugar a un determinado rol, si tienes alguna fantasía en especial, si hay algo que te preocupa y que no quieres hacer ..... Pero pedir que te expliquen que es el BDSM o que te cuenten con pelos y señales como es una sesión, qué te hacen, como, cuando y en qué orden, no. La sesión debería construirse entre dos; si tú no aportas nada, que menos que fiarte del otro que sí lo tiene claro. Una cosa es pactar límites y establecer reglas del juego, y otra muy distinta pensar que el amo está ahí para satisfacer tu curiosidad morbosa y para contestar doscientas preguntas que lo único que demuestran es que no sabes lo que quieres y que le estás haciendo perder el tiempo.

Ya una vez en la sesión, el sumiso debe estar tranquilo, entregado y confiado y dejarse hacer; si no eres capaz de ceder el control porque eres desconfiado es que el BDSM no es lo tuyo y deberías quedarte en el sexo vainilla; por supuesto, si en algún momento el sumiso no se encuentra a gusto o no le apetece hacer alguna cosa debe decirlo con toda la naturalidad; lo ideal sería haberlo hablado antes de la sesión pero no somos perfectos. Conviene recordar que el BDSM no tiene nada que ver con una relación abusiva en la que solo cuenta el placer de uno. El amo disfruta desde su rol activo (no me refiero solo a penetración sino a todo) y el sumiso desde la entrega y la pasividad, pero en ningún caso el sumiso  debe creer que es una especie de muñeco que debe aguantar sin reaccionar lo que el amo quiera hacerle; con gemidos, movimientos, lenguaje corporal, etc. debe dar pistas al amo de si está disfrutando, si está cómodo, si está alcanzando su límite, si no puede más, o si por el contrario se le puede y debe dar más caña: azotar más fuerte, atar más apretado, pellizcar más fuerte el pezón, introducir un plug más grande o lo que consista el juego que se está haciendo en cada momento. Como todo en el sexo, es un juego de dos. Las reacciones del sumiso son muy estimulantes y una de las mayores fuentes de placer para el amo.

Naturalmente esta interacción debe llevarse a cabo dentro del respeto a los roles del juego. Alguna vez me he encontrado con sumisos pasivo-agresivos que buscaban un amo teledirigido que en cada momento les haga lo que les apetece, y a estos hay que recordales las normas básicas: cuenta el placer de los dos, no solo el de uno, y el rol del sumiso es entregarse y dejarse hacer. Una cosa es hacer ver que te están azotando muy fuerte o pedir en algún momento puntual que te besen o te muerdan, y otra muy distinta pasarte la sesión dando órdenes y diciendo ahora tócame aquí, ahora hazme esto y aquello. Ni un amo ni nadie debería ser tu dildo ni tu juguete.

Por último, después de la sesión se agradece el feedback; decir si algo te ha gustado en especial, si en algún momento te has sentido incómodo ... La crítica constructiva es bienvenida. Los amos podemos tener más o menos intuición pero no leemos la mente. Que una sesión BDSM funcione depende de la implicación de los dos.

En defensa de quien busca solo sexo

Seguro que todos hemos participado en cantidad de conversaciones en las que se critica que la mayoría de usuarios de las apps solo buscan sexo, todo un lugar común de la charla gay. Espero no ser el único que encuentra esas críticas una muestra más de la hipocresía en la que vivimos y de cómo nos gusta juzgar y meternos en la vida de los demás.

En primer lugar, no me considero quien de juzgar ni de valorar el estilo de vida de la gente; es que, más que parecerme bien la vida de los demás no me parece nada, porque no me considero con derecho de opinar.  Mucha gente vive en pareja abierta, y creo que nadie más que ellos dos deberían opinar sobre ello, o bien no busca pareja porque tiene una vida social con muchas amistades y actividades que les llenan y solo se meten en las apps para buscar sexo, o bien han optado por una vida solitaria dedicada a buscar sexo compulsivamente porque follar es lo que más les gusta en el mundo. Al margen de que ese tipo de vida nos guste o no para nosotros mismos, es la opción que estas personas han escogido, no perjudican a nadie con ella y por lo tanto es muy respetable.

Por otra parte, me parece estupendo, respetable y valiente todo lo que sea tener claro lo que quieres y no marear a los demás. Los que ponen desnudos en el perfil o te los pasan por privado, los que preguntan activo o pasivo de entrada, que van al grano, que te preguntan como andas de rabo al principio ... me parece perfecto, está clarísimo lo que buscan, si te interesa contestas y si no los ignoras, y además es poco probable que se ofendan si no reciben respuesta. Es una actitud estupenda, y lo digo sin ninguna ironía, a pesar de que a mí no me suele interesar el sexo deshumanizado y basado en cuerpazos y pollones; de hecho me gusta el BDSM que, en mi opinión, es lo contrario. Reconozco que a veces veo un chico muy guapo, con una expresión muy dulce, que solo busca sexo deshumanizado y no puedo evitar que me dé pena y me parezca un desperdicio, pero tengo claro que el error es mío por pensar así y no suyo, porque es su vida y no la mía y él la lleva como quiere.

Otra cosa muy distinta es los que van de románticos y de profunditos y en realidad están buscando el mismo polvo rápido que los otros, pero lo disfrazan de otra cosa y, como no saben lo que quieren, te marean y te toman el pelo hasta el infinito: los que te preguntan como andas de rabo y/o tienen en el perfil fotos descabezados y sin camiseta, y creen o quieren creer que están buscando pareja o amistad; eso es lo que convierte a las apps en una pesadilla y lo que comento en este otro post.

lunes, 18 de febrero de 2019

Por qué no es lo mismo buscar un chico guapo que buscarlo con la polla grande

En este post expongo dos ideas: que quien busca un tio con una polla grande solo busca un polvo y no le interesa nada más de la otra persona, y que no es lo mismo buscar un tio que te parezca guapo que un tio con la polla grande (o con grandes músculos, o con vientre plano o con cuerpazo), sino que en el caso de la polla o de los músculos hay un grado de deshumanización que no tiene por que haber en quien busca un guapo de cara. Espero que para mucha gente ambas cosas sean obvias, pero por si para alguien no lo son, o si tú también estás harto de gente que te pide fotos de polla y que pretende ir de profunda y espiritual, ahí va la explicación.

Que quede claro, no juzgo a nadie, me parece estupendo quien solo busca sexo y cada cual está en su perfecto derecho de buscar tios con la polla enorme, faltaría más, siento el máximo respeto por quienes buscan solo sexo, lo tienen claro y no marean a nadie. Lo último que pretendo es  juzgar ni valorar los estilos de vida de la gente. Mucha gente vive en pareja abierta, y quién soy yo para opinar sobre ello, o bien no busca pareja porque tiene una vida social con muchas amistades y actividades que les llenan y solo se meten en las apps para buscar sexo, o bien han optado por una vida solitaria dedicada a buscar sexo compulsivamente porque follar es lo que más les gusta en el mundo. Las tres opciones me parecen fantásticas y, si en las preferencias de estas personas para sexo esporádico es requisito un tamaño de polla determinado, unos músculos determinados, un vello determinado, una edad determinada, genial; me encanta cuando alguien va al grano, me pregunta antes de un minuto si le paso foto de polla, le digo que no, nos despedimos tan amigos y ya está. He salido de dudas con él, sé que buscamos cosas diferentes, y sin haber perdido tiempo puedo pasar página y buscar en otro perfil; perfecto.

Mi queja no va por ahí, va por cuando después de charlar un rato con alguien en una aplicación, tras responder a las preguntas típicas de como te llamas, donde vives, en que trabajas, o si incluso se ha ido más allá y se han hecho comentarios sobre alguna afición común y te piensas que has dado con alguien con quien tienes cierta afinidad, te cascan, después de una hora de charla o incluso más, el tienes más fotos o, más sincero, el cómo andas de rabo en alguna de sus mútiples variantes. Casi siempre que se formula una de esas dos preguntas, el no pasar la foto de polla o no dar una descripción lo suficientemente detallada de tu miembro supone la pérdida de interés automática del interlocutor.

Reconozco que, a fuerza de ver esa reacción en el otro, he desarrollado a mi vez una reacción ante esa pregunta y ahora soy yo el que pierdo el interés por la persona que me la hace. En primer lugar porque si hablo con alguien es o bien porque ese alguien ha mostrado interés en el BDSM, y para mí el BDSM es justo lo contrario a sexo basado en cuerpazos, pollones, XXL, etc., o bien porque busco amistad o afinidad con una persona, o tal vez estoy buscando sexo, pero no deshumanizado, no con alguien que busca un pollón.

A ver, algo que debería ser una obviedad: si para ti es un requisito para quedar con alguien el que tenga la polla de un tamaño o de una forma determinada, eso significa dos cosas: la primera, que solo te interesa el físico de las personas con las que hablas (de hecho probablemente ni siquiera todo su físico, sino solo su polla), y la segunda, íntimamente relacionada con la primera, que no buscas nada más que un polvo. Lo cual, insisto, es superrespetable si lo dejas claro desde el principio. Pero si después de horas de charla sueltas el cómo andas de rabo, y no me ha pasado una vez ni dos ni tres sino infinitas, es evidente que todo el interés que has fingido en la otra persona, sus aficiones, su vida, su trabajo, etc. no ha sido más que un paripé, que me atrevo a calificar de hipócrita, porque no te has atrevido a abordar desde el principio lo único que te interesaba. Insisto, si el tamaño de la polla es un requisito para ti, es que es lo único que te importa de tu interlocutor, así que pregúntalo desde el principio y no marees.

Esta gente que no sabe lo que quiere, que está muy perdida y que no tiene el valor de admitir que lo único que está buscando es un polvo rápido, por desgracia, al menos en mi experiencia, es multitud, incluso sospecho que son la mayoría de usuarios de las apps gays, y son quienes las convierten en una pesadilla y una pérdida de tiempo infinita. ¿Qué tiene que ver todo esto con el BDSM? Que mucha de esta gente, como anda perdida, intenta encontrarse a sí misma a través de nuevas experiencias sexuales y quieren probar el BDSM, así que nos abordan con mucha frecuencia a los perfiles de amos y dominantes, porque piensan que quieren algo diferente, aunque en realidad solo quieren el polvo de siempre, o más bien no saben lo que quieren.

Una defensa frecuente de estos timewasters buscapollones es encender el ventilador: a todo el mundo le importa el físico a la hora de buscar una pareja sexual o romántica, por lo tanto todo el mundo es igual que ellos. Pero decir que es lo mismo buscar a un chico que te resulte guapo que buscar a un chico con la polla grande es un argumento perverso por muchas razones. Para todos el físico es importante, hasta ahí vale, pero el físico abarca cosas muy diferentes, y no es lo mismo fijarse en la cara que en los abdominales o en la polla.

La cara es lo que nos permite distinguir a unas personas de otras y nuestra expresión, la forma de estar, de movernos, y nuestro cuerpo tomado como conjunto dicen mucho de como somos. Pero si nos centramos en la polla o los pectorales, en cambio, estamos aislando partes del cuerpo que son anónimas y que no dicen nada sobre nuestra personalidad; una foto de la cara me dice algo de ti como persona, y una foto de tu polla, tu culo o tus abdominales no. Así que no, no es igual de superficial buscar una cara bonita que una polla bonita; una cara siempre va a transmitir algo o mucho de la personalidad y el carácter de una persona, nunca va a ser tan superficial ni tan deshumanizado como interesarse por una polla o por unos pectorales. Quien pone como requisito músculos o polla grandes está cosificando a la persona, pensando en ella como en un objeto para su placer, como un dildo humano. 

¿Y qué hay de malo en convertirnos en objetos para otras personas o utilizar a otras personas como objetos? Absolutamente nada; siempre que sea de manera consentida y que no nos llevemos a engaño, es sexo deshumanizado, no nos montemos películas de que es la búsqueda de un amigo ni de una pareja. Y por lo tanto no mareemos preguntando por el trabajo ni fingiendo un falso interés sobre la vida del otro ni creando falsas expectativas que son frustrantes para nosotros y para nuestro interlocutor.

lunes, 21 de enero de 2019

Entrevista en podcast con el autor de Amos y Cachorros

El podcast Mundo LGBT ha tenido la amabilidad de hacerme una entrevista y permitirme difundir el BDSM. Un saludo muy cordial a JotaJota, el entrevistador. Aquí podéis ver el podcast, en el que he intentado aclarar conceptos y desmentir tópicos sobre el BDSM.

#057 – BDSM con Ángel

domingo, 20 de enero de 2019

Relato BDSM: El cachorro

Este relato va dirigido a los pups. Es una fantasía mía que puede coincidir o no con la filosofía pup, acertar o no, pero está escrito con mucho respeto, o al menos esa es mi intención.

EL CACHORRO

- Te llamarás Golfo.

El entrenador bautizó al cachorro mientras le sonreía y le acariciaba la cabeza; el bautismo era el rito con el que comenzaba siempre el aprendizaje. El nombre era irónico, ya que el joven parecía cariñoso y dócil, pero le gustaba precisamente ese contraste. Cuando había topado con un perrete más bribón y descarado le había dado un nombre de sumiso, como Toby o Boby. Y los casos realmente difíciles de auténticos golfos, ya no los aceptaba; la demanda de sus cuidados era muy alta, tenía que seleccionar a sus pupilos y no valía la pena perder tiempo y recursos en jovencitos que  no sabían lo que querían, por guapos que fueran o que se pensaran que fueran.

Golfo empezó a interiorizar que debía pensar en sí mismo con ese nombre durante su entrenamiento y en todo su contacto posterior, que esperaba que fuera frecuente, con su cuidador y con otros perretes; su nombre humano no había quedado atrás del todo pero sí esperaba apartarlo de su vida privada. Se consideraba afortunado por haber sido aceptado por uno de los entrenadores mejor valorados en las webs y redes sociales de pups.

Con unos cuantos años ya de experiencia adiestrando a cachorros, el maduro entrenador había desarrollado un buen olfato que le permitía identificar rápidamente a los aspirantes con posibilidades y no malgastar tiempo con la multitud de coleccionistas de fotos, buscadores de pollones, y morbosos aburridos en busca de charla erótica y de nuevas fantasías con los que había que tratar para conseguir dar con un auténtico perrete sumiso. No buscaba adoptar, porque tenía ya dos cachorrillos juguetones en casa, pero sí le gustaba hacer comunidad e introducir a jovencitos con poca experiencia en el mundo pup. Con Golfo desde el primer momento había sido evidente su potencial, su interés y su sumisión.

Cuando el entrenador le propuso una entrevista, el joven no dudó, ni siquiera cuando le explicó que tendría que desnudarse íntegramente y dejarse acariciar y meter mano para valorar su candidatura. De hecho, encontró excitante ser examinado, aunque temía el posible rechazo. No tenía músculos marcados ni un vientre plano; ahora que conocía más al entrenador, ya sabía que eso no era un handicap sino un mérito. Le gustaban tipos muy diferentes de cuerpos, delgados, atléticos o redondos, grandes o pequeños, pero sí exigía que fueran jóvenes, de piel suave y naturales, no moldeados en gimnasio. Nunca pedía fotos porque no se fiaba de ellas y pensaba que las cámaras estaban hechas para mentir en el peor de los casos, o en el mejor nunca serían capaces de captar la suavidad de la piel ni la capacidad de entrega y de sumisión de un joven.

En el cara a cara, Golfo lo conquistó con su modestia, su naturalidad, su docilidad y su culito redondo y apetitoso. Se dejó desnudar sin afectación y el entrenador lo colocó en su regazo para acariciar largamente su piel y disfrutar de su suavidad, especialmente la de sus nalgas. Al muchacho le sorprendió no ser azotado ese primer día, aunque sí recibió el aviso de que su entrenamiento sería estricto, se le exigiría obediencia total y se le castigaría con frecuencia; el entrenador acompañó estas palabras de unas palmadas en el precioso culito desnudo sobre su regazo, ilustrando claramente en qué consistirían esos castigos.

De hecho, si el joven aceptaba recibir una educación como cachorro, lo primero que hacía siempre su entrenador con los aprendices era construirse una pala de madera personalizada para castigarlos, y así se lo advirtió. La pala llevaría su nombre y al final de su entrenamiento le sería regalada al dueño que lo adoptara. La combinación de mimos y caricias con la aplicación frecuente de castigos corporales de cierta severidad producía cachorros muy sumisos y cariñosos. Pero el entrenador se apresuró a tranquilizarle respecto a su falta de experiencia, tanto en ser azotado como penetrado, ya que eso podía aprenderse fácilmente; el ser obediente y dócil no tanto y Golfo lo era.

Ya una vez aceptado como pupilo, el joven preguntó por la posibilidad de conocer a Tato y Lucho, los dos cachorrillos del entrenador, que de hecho participarían en su formación, puesto que los juegos y la interacción con otros perritos ya adiestrados eran fundamentales. El entrenador lo cogió de la mano y le permitió caminar a dos patas, privilegio por no haber comenzado todavía su entrenamiento, mientras lo llevaba al cuarto donde había encerrado a los cachorros para que no alborotaran durante la entrevista.

Al ver entrar al amo, los cachorros se colocaron en la posición de sumisión que se les había enseñado, a cuatro patas inclinados con el culito en pompa. El entrenador disfrutó de las hermosas nalgas de los dos muchachos ofrecidas ante él, totalmente afeitadas dejando el ano, el periné y todos sus encantos bien a la vista. El menos corpulento, Lucho, tenía las nalgas muy coloradas, producto de unos azotes aplicados recientemente. Naturalmente ambos jóvenes estaban desnudos; solo sus rodillas, manos y pies estaban acolchados para evitar el roce al ir a cuatro patas y su cabeza cubierta por la máscara de perrito.

- ¡Tato, Lucho, aquí!

Los cachorros se dieron vuelta y se dirigieron a cuatro patas hacia su amo, poniéndose de rodillas, sacando la lengua y haciendo ruidos guturales al llegar junto a él. Este les acarició cabeza y lomo y se dejó lamer mientras les presentaba a su nuevo compañero, que apreció las jaulas de castidad que encerraban los penes de ambos.

- Este es Golfo, un nuevo perrito. Tenéis que portaros muy bien con él.

Tato y Lucho olisquearon y lamieron al visitante que, tras mirar al que iba a ser su entrenador pidiéndole permiso, se puso inmediatamente a cuatro patas para jugar con sus nuevos amigos. Una sensación de euforia lo embriagó al verse aceptado entre cachorros como uno más.





- Golfo, trae las palas de castigo.

El cachorro se dirigió raudo y veloz, a cuatro patas, para cumplir la orden de su entrenador. Ya tenía la equipación de perrito: la máscara le daba calor pero tenía permiso para quitársela cuando le pareciera necesario; las manoplas y las rodilleras le protegían mucho, teniendo en cuenta que buena parte del día la pasaba a cuatro patas, y la jaula de castidad, que sí debía llevar 24 horas, apenas la notaba, igual que el collar. Comer de rodillas y de la mano del entrenador y beber del cuenco le resultó más fácil de lo que pensaba. Lo más duro era no hablar lenguaje humano, salvo un pequeño rato que le concedían antes de la siesta, siempre y cuando el tema de conversación estuviera relacionado con su vida actual como cachorro que recibe entrenamiento. Su identidad humana era un tema tabú; no conocía los antiguos nombres humanos de Tato y Lucho, ni ellos el suyo.

El entrenador era permisivo en dejarle utilizar el baño como a un humano y en aceptar a Golfo en su cama, aunque atado por los tobillos y las muñecas, en lugar de hacerle dormir a los pies. También en permitirle llevar los objetos agarrados en unas anillas que tenía  en el collar para no tener que cogerlas con la boca y proteger así los dientes. Tomó las palas de castigo de Tato y de Lucho y las colgó del collar.

Los dos cachorros habían desobedecido al entrenador, que para ellos era su amo, jugando fuera de la habitación autorizada donde tenían sus juguetes. No era la primera vez que lo hacían, pero además se habían peleado, algo que el amo no toleraba y que solía ser el principal motivo de los castigos que recibían. Al llegar a casa, el amo enseguida notaba cuando los cachorros habían hecho alguna trastada y temían el castigo. Las señales de la pelea no ofrecían duda, así como el desorden en el despacho del amo, que no había tardado en colocarlos sobre sus rodillas.

Las nalgas de ambos cachorros, pequeñas y estrechas en el caso de Lucho y grandes y muy redondeadas en el de Tato, pero igualmente agradables a la vista en ambos casos,  se encontraban ya enrojecidas por la mano del amo, pero las palas, que llevaban escritos sus nombres, eran muy efectivas a la hora de conseguir un buen color en un culo bonito y sobre todo una total sumisión del cachorro.

Tato emitió un grito agudo al sentir el impacto de la pala, e inmediatamente le siguió su compañero. Curiosamente las nalgas pequeñas de Lucho eran mucho más resistentes y el amo tenía claro que el castigo de cada cachorro debía ser individualizado, por lo que el culo grande pero sensible de Tato recibió azotes igual de aparentes pero bastante más flojos que los de su compañero para conseguir uniformidad en el rojo de las nalgas y en los gemidos, casi aullidos, de los traviesos.

Golfo contemplaba el castigo con excitación; no ser él el azotado le provocaba una curiosa mezcla de alivio y envidia. Había probado ya la pala, naturalmente la suya propia con su nombre, y era una experiencia intensa que había llegado a hacerle saltar las lágrimas. Conocía la sensación ardiente que estaban experimentando sus compañeros, el impacto que parecía que iba a despellejarle las nalgas, aunque luego, acabados los azotes, se disipaba en unos minutos. A pesar de que el dolor pareciera insoportable por momentos, le encantaba la sensación de sumisión que tenía estando sobre las rodillas de su entrenador, ofreciéndole el culo para un castigo.

Una vez bien azotados, los dos cachorros traviesos fueron colocados de rodillas cara a la pared hasta nueva orden. Su amo observó con satisfacción los dos culos de color rojo oscuro, y pensó contento que los azotes les escocerían al menos durante el resto del día, antes de prestar atención al cachorrillo restante, que experimentó una mezcla de excitación y temor cuando se le ordenó colocarse también sobre las rodillas del entrenador. Este mantuvo el suspense unos segundos antes de revelar el motivo por el que Golfo se encontraba en esa postura, que no era ser azotado sino que se le colocara su rabo de perrito. Para ello había sido entrenado durante varios días a través de penetraciones digitales y uso de plugs; el entrenador separó las nalgas del joven para comprobar que el ano había experimentado una dilatación que le permitía ser penetrado con el plug al que iba sujeto el rabo. Una vez implantado, el equipamiento del cachorro estaría completo.

Golfo protestó al notar la introducción del plug; el entrenador hizo caso omiso y presionó, pero la resistencia del muchacho impidió la colocación correcta del rabito. Para asegurar una mejor colaboración, envió a Lucho por la pala de castigo de su compañero, cosa que el cachorro hizo con mucho agrado. El uso contundente de la pala evitó nuevas protestas; Golfo tendría tanto las nalgas como el ano escocidos durante el resto del día, asegurando así su obediencia y sumisión.

Una vez colocado el rabito de Golfo, el entrenador repitió la operación con sus otros dos cachorros, ya que sus rabos habían sido retirados durante el castigo para poder azotarles con comodidad. Una vez completado el equipamiento de los tres, decidió añadir como castigo adicional atarles y amordazarles durante un buen rato. Los mantuvo obedientes de cara a la pared mientras preparaba las cuerdas y las mordazas; con el culito rojo para el resto del día, ninguno de los cachorros se atrevió a protestar.

Uno a uno fueron amordazados en primer lugar y luego acostados en una misma cama y atados de la misma manera, con las muñecas enlazadas entre sí a la espalda y unidas rígidamente al torso; los tobillos también unidos entre sí y a los muslos, dejando las nalgas, rojas, calientes y separadas por el rabito, accesibles a la mano del entrenador, que se entretendría un buen rato en acariciarlas mientras veía y escuchaba a los cachorros retorcerse e intentar inútilmente buscar una posición más cómoda. Golfo, siendo nuevo y menos acostumbrado a estar atado, era el que más se retorcía. La cara se le llegó a poner tan roja como el culito y los ojos llorosos, pero formaba parte de su aprendizaje el superar la rabieta y aceptar el tiempo de castigo que le quisiera imponer su amo. No obstante, el entrenador se volcó con él y las caricias en el cuello y detrás de las orejas acabaron calmándolo.
El entrenador observó con calma, mientras los acariciaba, a los que ya veía como sus tres cachorros.

Con su rabito, su máscara y su mordaza, Golfo estaba ya listo para presentar a la comunidad pup; se le ocurrían un par de posibles amos para él, ambos con experiencia: uno de ellos se había quedado sin cachorro porque este había tenido que moverse de ciudad y otro tenía ya a uno adoptado pero se había mudado a un piso más grande y se veía en condiciones de aumentar la familia. Golfo había demostrado adaptarse bien no solo a su cuidador, sino también a otros cachorros, sin más celos que los razonables. Estaba listo por tanto para empezar con la siguiente fase de su entrenamiento; el encuentro con otros cachorros y amos en espacios públicos donde tendría que jugar, convivir y ser castigado en público, ya que el entrenador, al igual que otros amos y cuidadores, llevaba siempre una mochila con mordaza, cuerdas y pala de castigo a las quedadas y le gustaba afirmar su autoridad y asegurar el buen comportamiento de los cachorros con unos azotes o un tiempo de inmovilización.

Golfo volvió a inquietarse y retorcerse, emitiendo un quejido al que la amortiguación de la mordaza daba un toque todavía más canino. Solicitaba la atención de su entrenador, que sonrió ante el tierno intento de chantaje; no tenía ninguna intención de saltarse los turnos de caricias de cada perrito. Siguió acariciando el culo grande y suave de Tato mientras oía los lamentos de sus dos compañeros, ya que Lucho se había unido a Golfo formando un dúo y hasta incluso sus movimientos entre las cuerdas parecían coreografiados, y pensaba en llamar al amo que organizaba la siguiente quedada pup para avisarle de que acudiría no con dos sino con tres cachorros.