viernes, 28 de octubre de 2022

Asexuales y postsexuales

Las fotos que ilustran este post tienen como fuente la cuenta de Twitter https://twitter.com/DomTon7 DomTon es un sudafricano amante del spanking y también de la flagelación de la espalda y otras partes del cuerpo con varas y otros instrumentos. En su cuenta se define como "postsexual". Me gusta mucho su cuenta, una de las mejores en mi opinión para los amantes de los castigos corporales, aunque juega a un nivel bastante fuerte y no apto para cualquiera; pero el caso es que suscitó mi interés esta definición de postsexual.

Postsexualidad y fetichismo

Se trata de un término que se utiliza poco; lo convencional es hablar de postsexualidad para referirse a personas de edad madura o que, por algún otro motivo, han pasado a una etapa en la que el sexo les interesa menos. Pero existe también otra definición, recogida en la Wikipedia, según la cual postsexualidad sería un concepto de la sexualidad diferente al tradicional, que estaría basado en una idea del filósofo Michel Foucault, según la cual la frontera entre lo que es y lo que no es sexual no está clara; me interesa mucho esta idea porque encaja a la perfección con la sexualidad fetichista. Podríamos decir, en resumen, que la postsexualidad consiste en considerar que la sexualidad va más allá de la genitalidad.

Por ejemplo, desde un punto de vista convencional, las partes del cuerpo que se consideran de interés sexual en nuestra cultura son los órganos genitales, las nalgas y los pechos de las mujeres. Pero esto no es algo universal; sabemos que hay culturas en las que las mujeres llevan los pezones al aire sin que eso se considere una falta de pudor, mientras en cambio en ciertos sectores del mundo islámico el pelo femenino se considera sexual. O, si observamos los pantalones de los uniformes de fútbol de hace más de 30 años, eran mucho más cortos y ceñidos que los actuales; hoy en día se considerarían muy sexualizados, porque se ha desarrollado una visión del cuerpo del hombre como posible objeto sexual que no existía antiguamente.

Esta relatividad acerca de que es o no sexual es precisamente lo que define a los fetichistas. Para ellos los pies pueden ser una parte del cuerpo altamente erógena. O la ropa de cuero, o un uniforme de policía, pueden tener una carga sexual que es invisible para otras personas. Estar atado no es algo sexual .... a menos que seas un amante del bondage, y entonces puede que tu vida sexual gire en torno a las cuerdas y la inmovilidad. 

Así que postsexual puede ser un término interesante para definir a personas con sexualidades centradas en prácticas  que no son sexuales para la mayoría; mejor probablemente que el término fetichista, que estrictamente hablando solo debería usarse con quienes sexualizan objetos. Mientras un amante del cuero es un fetichista, a un fan del spanking o del bondage sería más adecuado llamarlo postsexual.

Asexuales

Conozco a personas amantes del BDSM con muy poco interés en la sexualidad convencional, es decir, en la penetración. Yo mismo explicaba en un post mi no mucho entusiasmo por el sexo anal, que es el "auténtico" sexo según la cultura gay dominante. 

Probablemente los amantes de prácticas fetichistas, o postsexuales, podemos parecer asexuales para los vainilla, los que tienen una sexualidad convencional basada en la penetración. Nos interesan poco las fotopollas, los planos detalle de anos dilatados, y en general la pornografía de penetración. 

De hecho no sería raro que un chico con una sexualidad fetichista se considerara en su adolescencia asexual, ante su falta de interés por la genitalidad. Hasta un día en que ese chico aparentemente asexual descubre un sitio web de spanking, de bondage o de cuero, y resulta que eso le produce una erección gigantesca; si te excita pensar en estar inmovilizado, en ser azotado, o en ser humillado, entonces no eres asexual, aunque a lo mejor el ser penetrado no te diga gran cosa.

  

Asexualidad y comunidad LGTB

Al parecer la última incorporación al llamado colectivo LGTBIQ, concepto del que soy cada vez más escéptico, son precisamente los asexuales. La corrección política actual pretende además que existen personas asexuales gays y lesbianas. Si no lo entendéis, bienvenidos al club. Si en una relación íntima con otra persona solo buscas afecto, besos y abrazos con cero genitalidad y cero fetichismo, ¿qué más te da que sea con un hombre o con una mujer? En fin.
 
La cuestión es que ahora ya no solo pretenden denominar asexual a cualquier hombre gay que no tenga una sexualidad centrada en la penetración anal y en los roles activo-pasivo, sino simplemente a quien vincule sexualidad con afectividad y tenga poco interés por encuentros sexuales ocasionales con desconocidos. Se han inventado la etiqueta de demisexuales, que estarían englobados dentro de los asexuales, para señalar y estigmatizar la "rareza" de los gays no promiscuos. 

En mi opinión, toda esta pretendida posmodernidad LGTBIQA+ esconde, bajo su purpurina, unos conceptos muy rancios de la sexualidad. En una relación gay tiene que haber un rol de hombre (activo) y un rol de mujer (pasivo), si no eres el típico hombre machote o la típica mujer damisela muy femenina es porque eres trans o no binario, y ahora también si no eres un gay estereotipo que vive permanentemente cachondo y pensando en follar eres asexual.
 
Yo tengo muy claro que los amantes del BDSM y de otras prácticas fetichistas o postsexuales que tienen poco o ningún interés en la genitalidad no son asexuales. De hecho muchos tienen una pulsión sexual muy fuerte, lo que ocurre es que no está centrada en la penetración sino en otras prácticas.
 
Visto lo visto, no tengo interés en que el BDSM sean las siguientes siglas que se sumen al alfabeto LGTBIQA. No creo que una visibilidad basada en la búsqueda de la extravagancia, que es lo que parece interesar ahora a los que manejan el cotarro en estos colectivos, sea lo que necesiten estas prácticas. 


miércoles, 12 de octubre de 2022

Cachorros y amos

 


El otro día me encontré de casualidad con un blog con este curioso nombre: https://cachorrosyamos.wordpress.com/

Evidentemente me llamó la atención. Aclaro en primer lugar que no tiene nada que ver conmigo ni con mi blog. Se trata de la primera novela de una escritora amateur peruana que utiliza el nombre Elena Blocker y es una historia gay.

Tal vez a algunos les sorprenda que una mujer escriba historias gays con contenido erótico; como soy lector de BDSM gay desde hace mucho tiempo, ya sabía que esto ocurre con relativa frecuencia, en parte porque a muchos mujeres les interesan las historias de hombres gays y en parte porque la corrección política actual dificulta muchísimo escribir una historia de BDSM hetero, o simplemente una historia hetero en la cual los personajes actúen de una forma que se salga de ciertos márgenes. Aplaudo la sinceridad de no utilizar un pseudónimo masculino, que sería más comercial.

Elena escribe muy bien; su historia es morbosa aunque no trata realmente de BDSM sino de un chapero explotado por su novio-chulo. Se preocupa por el desarrollo de los personajes; no es la lectura adecuada para quien busque pornografía para excitarse pero es un trabajo que se ofrece gratuitamente y que no tiene menos calidad que otros publicados en digital o en papel. Ante el parecido en el nombre con mi blog, no quería dejar de comentarlo.

domingo, 24 de julio de 2022

Encuentro para fans del spanking en Madrid el 7 de agosto

 

El próximo 7 de agosto, víspera del 8 de agosto, el día del spanking (elegido porque los 8 recuerdan a las nalgas) tendrá lugar en Madrid un encuentro para amantes de los azotes organizado por Spank Chicos Malos, la única marca de vídeos especializada en temática BDSM gay en español de la que tengo noticia, en colaboración con la firma internacional Bottom Line Studio, también dedicada al spanking.

De acuerdo con la información facilitada por los organizadores, el encuentro contará con la presencia de Alex, la principal estrella de la casa, y con un show de spanking en vivo para animar a los participantes a hacer lo mismo que ven.

El encuentro tendrá lugar en el club privado gay The Ring (Calle Amparo 78, en el barrio de Lavapiés) y, por normas del local, que es nudista, el acceso al mismo solo puede llevarse a cabo desnudo. 

Tenéis toda la información en https://spankchicosmalosscm.blogspot.com/2022/06/fans-of-hispanic-spanking-boys-meet-up.html Ojalá el encuentro sea un éxito y un precedente.

sábado, 2 de abril de 2022

El BDSM en la sexología mainstream: crítica de un vídeo de Gabriel J. Martín

El otro día un amigo me facilitó el enlace de este vídeo del youtuber Gabriel J. Martín, un sexólogo especializado en hombres gays, cuyo canal diría que es uno de los más populares dentro del mundo LGTBI. El vídeo trata sobre BDSM.

Os invito a verlo en primer lugar y a leer mi comentario a continuación; me parece muy interesante, porque se trata de un nombre bastante popular en la cultura LGTBI, totalmente alineado con el pensamiento dominante hoy en día en buena parte de los medios, y sirve como buen termómetro de cómo se está tratando la cuestión del BDSM y del sexo fetichista en los medios de comunicación mainstream, con sus luces y sus sombras, como vamos a ver.

 
Aciertos claros del vídeo
 
En primer lugar, es de agradecer que el señor Martín aporte una mirada sobre el BDSM muy despatologizadora y que considere absurdo que todavía haya quien piense que las personas que practicamos BDSM tenemos un trastorno mental, un trauma infantil, que nos pegaban de pequeños y todas las tonterías que la sexología mainstream decía hasta hace unos 20 o 25 años.

Por otra parte, hace énfasis en que se trata de prácticas consensuadas y disfrutadas por ambos participantes, aunque puedan resultar chocantes o asustar desde fuera. Y además aborda el tema con desenfado y con mucho humor (más que yo, probablemente, pero es que cada uno es como es), y todo lo que sea desdramatizar es siempre positivo.

Aciertos pero con matices. Sí, pero

Martín saca a colación varios estudios recientes que dan una visión positiva del BDSM y de cómo puede calmar la ansiedad y aportar bienestar psicológico; eso es cierto y está bien mencionarlo. Pero al mismo tiempo obvia el hecho de que los investigadores que aportan estos puntos de vista son más bien "outsiders" que se encuentran un tanto en los márgenes de la cultura científica dominante representada por la OMS o la Sociedad Norteamericana de Psiquiatría, donde siguen hablando de los trastornos de sadismo sexual y de masoquismo sexual
 
El BDSM se encuentra todavía en un proceso de despatologización por parte de la ciencia oficial, es decir, de dejar de ser visto como una enfermedad; ese proceso va avanzando y hay razones para el optimismo, pero aun no ha concluido, como analizaba en otro post.  Lo que ocurre es que alguien que aspira a tener un gran número de seguidores y a integrarse en el mainstream, como este youtuber, no puede permitirse hacer críticas a las instituciones científicas en una sociedad en la que hemos convertido a la ciencia en una religión cada vez más intolerante.
 
Por otra parte, Martín parece estar blanqueando en cierta medida el BDSM para hacerlo más digerible para el gran público, y limando aristas incómodas. Cuando dice que a un sumiso no le excita que un borracho le orine encima por accidente, o que su jefe le dé dos bofetadas en la oficina, esto es cierto, claro, pero no deja de suponer reducir a una caricatura algo que en realidad tiene más matices: escenas de la vida cotidiana, como puede ser contemplar una actitud autoritaria o sumisa, tanto si va en broma como si va en serio, en alguien que nos cruzamos por la calle, en un local público, o que vemos en una obra de ficción, pueden ser desencadenantes del deseo para un amante del BDSM, sobre todo si quienes tienen estas actitudes son personas que encontramos físicamente atractivas. Los fetichistas sexualizamos comportamientos que para la mayoría no tienen o no deberían tener un componente sexual. 

Desmentir la caricatura del sumiso como alguien a quien le gusta que el primero que pase le vaya dando tortas por la calle está bien, pero, por ejemplo, a lo mejor a un sumiso sí le puede excitar ligeramente que un agente de policía atractivo se dirija a él de manera un tanto autoritaria, incluso aunque al mismo tiempo esta actitud le desagrade por otro lado. El BDSM es un lado oscuro del deseo en el que muchas veces se mezclan emociones contradictorias. No obstante, puedo entender que un vídeo breve que no va dirigido a público especializado tampoco profundice tanto.

La desinformación asoma

Donde creo que sí se puede decir que patina este vídeo es en la relación que establece entre 2 fetiches diferentes como son el BDSM y el guarreo. Hay amantes del BDSM que no nos sentimos atraídos por olores corporales fuertes y, viceversa, existen muchos amantes del guarreo, de la excitación sexual a partir de olores y de fluidos corporales, a los que no les interesa el BDSM. 
 
Por supuesto, el vídeo identifica también, en su portada y en el atuendo del youtuber, el fetiche del cuero con el BDSM, que ya he explicado un montón de veces que son también fetiches independientes. Esto ya lo daba por hecho tratándose de un canal gay mainstream, pero lo de asociar también BDSM y guarreo ya supone dar un paso más en esa idea de que, si te gusta un fetiche, entonces te gustan todos los fetiches.

Pero el elemento que más puede llevar al despiste del vídeo y que, en mi opinión, lo descalifica en gran medida, poniéndolo más del lado de la desinformación que de la divulgación, es que Martín está dando una visión del BDSM como preliminar al sexo, como medio de calentarse para luego "ponerse a follar". Está pasando por alto lo que es la sexualidad fetichista y lo que es realmente la pulsión por el BDSM como práctica sexual en sí misma, no como preliminar a una penetración.

Para la cultura gay mainstream, el BDSM es aceptable, pero solo como un preliminar o un complemento a la penetración, que sigue siendo la única sexualidad válida. Este planteamiento podría haber sido innovador hace veinte años, pero hoy en día es más bien un tanto carca y no le va a ser de mucha utilidad a una persona que sienta una gran atracción por el BDSM, que no lo vea como un complemento a la penetración, sino como una práctica central en su sexualidad, y que sienta cierto malestar por ello. 
 
Creo que este vídeo no va a servir a una persona realmente fetichista para dejar de verse como un bicho raro, o al menos no lo suficiente. Teniendo en cuenta que no viene de un aficionado sino de un profesional que conduce terapias para la solución de problemas sexuales, deja en evidencia que sigue siendo necesario que tanto la sexología como la cultura LGTBI dominante abran su mente, se informen con menos prejuicios y le den una vuelta a cómo abordan el tema de los fetiches en general, y del BDSM en particular.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Subfetiches

La entrada anterior del blog ofrecía un listado de fetiches clasificados en función de la mayor o menor frecuencia con la que se dan. 

Recuerdo que lo que yo llamo fetiches son prácticas sexuales que no están basadas en la penetración, y lo distingo de morbos, que sería la preferencia por personas con una determinada característica física (por ejemplo, los pelirrojos), o por situaciones o lugares para llevar a cabo un encuentro sexual (por ejemplo, el sexo en espacios abiertos).

Lo que caracteriza a un fetiche es contar con entidad sexual por sí mismo; aunque se trata de prácticas anodinas o incluso desagradables para la mayoría de la población, o tal vez excitantes pero solo como preludio o juego previo a la penetración, el fetichista tiene una pulsión sexual enorme hacia ellas y las convierte en el centro de su sexualidad. Un amante del spanking o del bondage puede quedar con otra persona para practicar su fetiche sin necesidad de tener además sexo convencional con ella y ese encuentro para él es pleno y gratificante (si sale bien y hay buena química, claro), no lo ve como algo incompleto porque no haya habido también penetración ni porque no se haya jugado además a otras prácticas BDSM.

Sub y superfetiches 


Luego también hay prácticas sexuales que están en el espectro del fetichismo, por no estar basadas en la penetración, pero que carecen de entidad suficiente para protagonizar o para ser el centro de una sesión, sino que se disfrutan normalmente junto con otras prácticas. A eso es a lo que voy a llamar subfetiches.

Junto a los subfetiches, existiría también lo contrario, superfetiches: amalgamas de diferentes fetiches que funcionan como una unidad. El BDSM sería un superfetiche, el único que se me ocurre, de hecho. No es una práctica sexual aislada, sino un conjunto de prácticas que funcionan como una unidad, cuyo objetivo es lograr una sensación de dominación de uno de los jugadores y de sumisión del otro.

Por otra parte, todos los fetiches pueden funcionar como subfetiche; por ejemplo el spanking o el bondage pueden funcionar como subfetiches dentro de una sesión BDSM. Pero existen fetichistas especializados en spanking o en bondage que no están interesados en otras prácticas BDSM, y que de hecho no se identifican con la etiqueta BDSM. Sin embargo, los subfetiches de los que hablaré a continuación no tienen esa entidad propia; no existen, o al menos yo no me los he encontrado, fetichistas que estén interesados solo en esa práctica y no en ninguna otra.

Las subespecialidades del spanking

Los diferentes instrumentos que sirven para azotar funcionan a veces como subfetiches, ya que hay amantes del spanking que tienen una preferencia muy marcada por alguno de ellos. La zapatilla o la chancla y el cinturón son los más habituales en España por motivos culturales. En Reino Unido y Alemania, en cambio, el mayor subfetiche relacionado con spanking es la vara, en Francia el martinete, un latiguillo pequeño, y  en Estados Unidos la pala, usada hasta hace poco tiempo en institutos y en fraternidades universitarias.

Por otra parte, para algunos amantes del SM, la rama del BDSM especializada en el dolor, el spanking funcionaría como subfetiche dentro de la flagelación. Sin embargo, puesto que la inmensa mayoría de las personas a las que les gusta azotar o ser azotados tienen una marcada preferencia por hacerlo en las nalgas, me parece más adecuado verlo al contrario, y tomar la flagelación en otras zonas del cuerpo como un subfetiche. Nunca me he encontrado con alguien que solo quiera ser azotado en la espalda o en los pies, y no en el culo.

La flagelación en la mitad superior de la espalda con un látigo, y el bastinado, que es azotar la planta de los pies con una vara, un castigo de mucha tradición en el mundo musulmán, son los subfetiches más frecuentes relacionados con el spanking. Es más raro, y también peligroso y poco recomendable, la flagelación del torso o del estómago.

Las subespecialidades del bondage

El bondage se ha convertido recientemente en una práctica de moda entre cierta clase social, lo que en Francia se llama bobos (bohemio-burgueses), por lo que a veces, cuando algunos pretenden distinguir entre bondage y kinbaku, o cuando se declaran fans del shibari, es difícil saber si estamos ante subfetiches o ante mero postureo.

Sí es cierto que, antes de que se llamara shibari y se rodeara de un halo elitista, siempre ha habido amantes del bondage especialmente atraídos por la suspensión, estar colgados del techo o de aparatos sin posarse ni apoyarse en ninguna superficie horizontal. El otro subfetiche relevante vinculado con el bondage es la momificación, bondage extremo en que todo el cuerpo se encuentra ceñido y comprimido por vendas o por plástico.

Subfetiches BDSM

He aquí una relación de prácticas que no llegan a constituir fetiches independientes pero que para algunos dan mucho salseo a una sesión BDSM:

- Las pinzas. Normalmente se colocan en los pezones, pero no faltan amantes de este subfetiche a los que les gusta llevarlas en prácticamente cualquier otra parte del cuerpo. 

- Las cosquillas. No requiere mayor explicación; para algunas personas, especialmente sensibles, es una práctica muy erótica.

- La cera. Una práctica muy difundida a través de películas, pero no muy habitual por lo engorrosa y sucia que resulta. Personalmente apenas tengo experiencia con velas, pero lo que he leído es que no valen las que se ponen en el cementerio, sino que deben ser de un material especial para que no produzcan quemaduras.

- La lluvia dorada. Hay "human toilets" muy amantes de este subfetiche, aunque sin que deje de ser un subfetiche, es decir, por lo que sé siempre va acompañado de otras formas de humillación. 

- El guarreo. Probablemente el subfetiche más de moda en los últimos años. Disfrutar del sudor, la saliva, los olores corporales intensos, del contacto con piel que no ha pasado por la ducha recientemente .... A diferencia del resto de prácticas de esta lista, puede funcionar sin un componente de humillación, y por lo tanto como algo totalmente fuera del BDSM. Una variante del guarreo es el culto a los sobacos.

- La castidad. Se puede hacer de manera light, a través de anillos para el pene y los genitales, o cock rings, o bien de forma más extrema mediante jaulas que imposibilitan la erección y que se llevan durante periodos largos de tiempo fuera de la sesión.

- Los plugs. A diferencia de los dildos, que son apoyos al sexo o a la masturbación, tienen un mayor componente de humillación y de sumisión. Se dejan puestos mientras se llevan a cabo otras prácticas durante una sesión, o incluso el sumiso los lleva en su vida cotidiana, como las jaulas de castidad.

- El electro. En su variante light y más habitual, se trata de plugs o de masturbadores con pilas que estimulan al sumiso de manera automática mientras el amo le hace otras cosas. Pero existe también una variante extrema, que consiste en aplicar descargas de corriente a través de electrodos que se ponen en la piel. Si alguien nos propone jugar con electro, por lo tanto, es importante aclarar a qué se refiere.

sábado, 26 de febrero de 2022

Los fetiches más habituales y los más raros

Kiki. El amor se hace es una película cómica dirigida por el famoso actor Paco León que tal vez algunos hayáis visto y que aborda la cuestión de los fetiches y de las sexualidades menos convencionales, que es algo que para mí siempre resulta interesante. No obstante, los fetiches que aparecen en la película, entre los que figuran el sentir excitación sexual al ser atracado o vivir una situación de peligro, que tendría el nombre técnico de harpaxofilia, o el sentir esa misma excitación ante las lágrimas de otra persona, que se llamaría dacrifilia, son desconocidos para mí. 

Y con esto no quiero decir simplemente que yo no los tenga, sino que no conozco a nadie que me los haya mencionado y ni siquiera me he encontrado nunca con pornografía que gire en torno a ellos.

Fetiches que tal vez (no) existen

En general tiendo a poner en tela de juicio a todos estos presuntos fetiches sexuales que se denominan con una raíz griega seguida del sufijo -filia. Precisamente esta pretensión científica en su nomenclatura, como para darles empaque, conmigo consigue el efecto contrario al buscado; estos nombres tan pedantes me huelen a cuerno quemado, ya que ninguno de los fetiches de los que realmente tengo constancia de que existen se llama de una manera parecida. Es el inglés, y no el latín ni el griego, lo que predomina en los nombres de los fetiches. 

Por favor, si me está leyendo algún dacrifílico o harpaxofílico, lejos de sentirse ofendido, que me contacte y me confirme que realmente existen estos fetiches a los que en principio tengo en la categoría de leyenda urbana, puesto que no me he encontrado nunca con indicios de su existencia más allá de la literatura y de las definiciones teóricas.

Dentro de esta nebulosa de fetiches que no tengo claro si son reales o no, se encuentra el del scat o escatología, la atracción erótica por las heces. Es un fetiche del que solo me han llegado habladurías, cotilleos de que le gusta a fulano o a mengano, que muy bien podrían ser invenciones para desprestigiarle, y, aunque, a diferencia de la dacri, harpaxo y otras filias, sí es posible encontrar algún vídeo porno del tema, como nunca he conocido a nadie que le interese, tengo mis dudas de si quienes visionan este material lo hacen por auténtica excitación sexual o simplemente por la misma curiosidad morbosa de quien busca en la web oscura vídeos snuff (de muertes reales).

Ojo porque a veces se usa el término scat también para referirse al uso de la orina en prácticas sexuales, que eso sí es relativamente frecuente, y de hecho está bastante relacionado con la humillación, la dominación, y por lo tanto ligado al mundo BDSM.

Repasando ideas básicas

En primer lugar aclaro que para mí fetiche es una fantasía o práctica sexual que no gira en torno a la penetración y que para la mayoria de la gente no tiene carga sexual o, si la tiene, es solo como preludio a la penetración. 

A veces en el lenguaje cotidiano se le llama fetiche a la preferencia por físicos no muy convencionales, como puede ser que te gusten los chicos muy gordos, los asiáticos, los pelirrojos, los hombres muy mayores, y larguísimo etcétera de posibilidades, pero yo a eso no lo llamo fetiche sino morbo si va ligado a la práctica de sexo convencional o vainilla, es decir, basado en la penetración.

Lo mismo respecto a la preferencia por lugares poco habituales donde tener encuentros sexuales. Si esos encuentros sexuales son de sexo vainilla, que te guste hacerlo en la playa, en un baño, o en el suelo, yo lo llamo morbo y no fetiche.

Por otra parte, el BDSM, más que un fetiche, es la amalgama de un montón de fetiches. Algunos de ellos diría que no tienen entidad propia, porque son siempre partes de una sesión en la que se juega a varias cosas: por ejemplo, la cera, o las pinzas en las pezones, o la lluvia dorada. Nunca me he encontrado con alguien que quisiera quedar solamente para que le pusiera cera o pinzas o solamente para que le orinara encima; aunque para algunas personas esa práctica pueda ser uno de los puntos álgidos de la sesión, siempre va a ir acompañada de otras.

Pero algunos fetiches sí pueden tener esa entidad independiente. Una sesión puede consistir en varias subsesiones de diferentes fetiches o subfetiches, o puede ser monográfica de un fetiche. Vamos a ver cuáles son estos últimos.

Los fetiches (relativamente) más frecuentes

Justo en la frontera entre lo que es y lo que no es fetiche se sitúa el fisting, la penetración con puño. Por una parte se trata de penetración, pero por otra parte no interviene el pene, por lo que a la vez es y no es fetichismo. Visto como fetiche, sería el más aceptado y ya casi integrado dentro de la sexualidad convencional, aunque diría que, después de una explosión durante unos años en los que ha estado muy de moda, ahora está volviendo más a su lugar como práctica minoritaria, algo lógico teniendo en cuenta que conlleva un riesgo considerable si no se hace con mucho cuidado.

Aunque ya comenté en otro post que las encuestas o investigaciones hechas a cabo sobre estos temas no son muy claras, por mi experiencia tengo claro que los fetiches más corrientes son el fist (suponiendo que lo admitimos como fetiche), el bondage, el culto a los pies, el cuero y el spanking, diría además que por ese orden. Dentro de que se trata de prácticas minoritarias, es relativamente fácil en una ciudad grande encontrar amantes de las mismas, y se podría hablar de la existencia de una comunidad en torno a ellas.

El bondage y el spanking pertenecen claramente al mundo del BDSM, aunque a veces muchos de sus practicantes no se definen como amantes del BDSM, porque este término lo preferimos quienes disfrutamos de varias prácticas y no estamos especializados solo en una. El fist, el cuero y lamer pies o masturbarse contra los pies, en cambio, pueden ir asociados o no a juegos de dominación.

Los pies y el bondage parece que últimamente están cada vez más aceptados, siempre y cuando se dé a entender que se trata de un complemento o preliminar a la penetración, claro. En cambio el cuero y el spanking siguen marcados por un estigma importante fuera de sus nichos.

Fetiches menos habituales

Voy a enumerar otros fetiches doblemente minoritarios, porque incluso pueden sonar raros para quienes tienen un fetiche de los más habituales. Estos son los que yo he practicado, he visto practicar o me he encontrado con alguno de sus adeptos. No niego que pueda existir algún otro con el que yo no me haya topado nunca.

Dentro de su "rareza", creo que se pueden todavía distinguir dos niveles. Empiezo con los que todavía ofrecen una cierta sensación de comunidad, aunque para formar esa comunidad ya se tenga que juntar gente de varios países.

- ABDL o ageplay. Los bebés adultos y los amantes de los pañales. Ya hablé de él en su momento e incluso entrevisté a uno de sus practicantes más activos en España.

- Puppy play. Los cachorros de perro humanos. Ojo con este fetiche porque, aunque se hayan hecho populares las máscaras o hoods y la indumentaria puppy, una cosa es la estética y otra el auténtico fetiche, que sería el disfrutar en una especie de trance, o mind space, como ellos lo llaman, en el que el fetichista asume una identidad de cachorro, correteando a cuatro patas y pidiendo caricias y que jueguen con él. Existe una comunidad puppy play más o menos importante que ha crecido muy rápido entre la gente joven en la última década, pero un tanto cajón de sastre en la que no son mayoría quienes realmente viven el fetiche.

- La goma. A veces se confunde con el fetiche del cuero. Por aquí el de la goma es mucho más raro; por lo que sea es algo muy nórdico, les gusta en Escandinavia y Alemania del norte. Un aficionado me definía la sensación de llevar goma como un auto-bondage. Se pega mucho al cuerpo, da mucho calor, y es ese contacto tan intenso con el material la base del fetiche. Así que, aunque tenga cosas en común con el fetiche del cuero, como el gusto del olor y del tacto de un material, tiene también su diferencia.

Rarezas del mundo del fetish


Ya por último, los fetiches más raros con los que me he encontrado. Raros, por supuesto, en el sentido de poco frecuentes, sin ningún tipo de juicio ni connotación negativa.

- Lucha o wrestling. Un fetiche que me da mucho morbo y me encantaría tener la habilidad de practicar. Mis intentos al respecto han sido técnicamente lamentables, aunque divertidos.

- Wedgie. Tirar con fuerza de los calzoncillos hasta levantarlos y dejar parte de las nalgas al descubierto. Es una forma de humillación que me parece emparentada con el pantsing, bajar los pantalones en público y dejar a la víctima en calzoncillos.

- Sploshing. Otro fetiche de humillación cómica, como el wedgie. Consiste en embadurnar al sumiso con sustancias pringosas: nata, crema u otros fluidos viscosos, comestibles o no. Junto con la cera, el fetiche que más ensucia y que es más complejo a nivel logístico.

- Inyecciones. He tratado ya de este fetiche, que gira en torno a la humillación y el dolor de la inyección, y entrevistado a uno de sus practicantes (nunca mejor dicho) más activos. Evidentemente es necesario saber poner inyecciones; es un fetiche totalmente seguro si se saben poner y peligroso si no. Es tan doloroso como inocuo.

- Medical. Las inyecciones forman parte del fetiche médico, pero yo le llamaría medical de forma específica a disfrutar de la revisión médica. Que el "doctor" palpe con detenimiento las zonas íntimas del paciente, haciendo comentarios paternalistas y humillantes.

- Trampling. El fetiche de ser pisado, de que caminen encima de ti, es mucho más frecuente en heteros, a los que les suele gustar con zapatos de tacón. En gays es muy extraño, pero me lo han pedido alguna vez, y de forma exclusiva, no como parte de una sesión BDSM. Una variante es el pony playing, montarse encima del sumiso a cuatro patas como si fuera un pony.

- Asfixia sexual. Probablemente el fetiche más peligroso que existe y el único que se cobra víctimas mortales con cierta frecuencia. A algunas personas la falta de aire les produce un efecto de gran excitación, llegando al orgasmo en el momento en que se encuentran al borde del desmayo.